Política

Daniella Cicardini (PS): “No fui elegida para hacer amigos ni caerles bien a los senadores y senadoras”

La senadora socialista, quien es parte de la Comisión de Hacienda, reivindica su perfil fiscalizador desde la Cámara Alta y adelanta que tal como está presentado el megaproyecto del gobierno, rechazará su idea de legislar.

Foto: Dedvi Missene Dedvi Missene

Llevaba solo unos días en el cargo, el pasado 24 de marzo, cuando intervino por primera vez en el Senado con motivo del proyecto que atenuaba el alza de la parafina y establecía otras medidas ante la subida de los precios de los combustibles.

El tono de aquella intervención de la senadora por Atacama Daniella Cicardini (PS), en el que le pidió la renuncia al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, a menos de dos semanas del inicio del gobierno, generó incomodidad entres sus pares. “La hipocresía también tiene límites..., señor ministro, es un provocador”, le dijo Cicardini, quien durante 12 años ejerció como diputada en la Cámara Baja, donde las palabras suelen ser más filosas que las que usan los senadores.

De hecho, la propia presidenta del PS, Paulina Vodanovic, salió a decir ese día que “la opinión de la diputada (sic) Cicardini no es compartida por el resto de la bancada”.

Aquel incidente, según relata la legisladora atacameña, fue superado y ya hizo las paces con Vodanovic. Hoy ambas senadoras son parte de la Comisión de Hacienda y están alineadas en contra del megaproyecto del gobierno.

A propósito de las primeras acciones de Kast, ¿cree que a la oposición le falta encontrar el tono? ¿Una oposición dialogante, constructiva, o derechamente, en el otro extremo -no digo que así sea-, una oposición obstruccionista?

Ponerle adjetivos a la oposición no tiene mucho sentido. En algunas materias vamos a estar disponibles, siempre que sean medidas que beneficien a la gente, pero en otras vamos a actuar como un muro de contención, especialmente cuando perjudiquen a la gente, a la clase media o profundicen directamente las desigualdades en nuestro país. Yo creo que esa es la línea de la oposición.

Respecto del megaproyecto que anunció el Presidente Kast, ¿usted ya fijó una postura?

El gobierno quiere vender la reforma tributaria como crecimiento, pero claramente este es un regalo para el 1% más rico del país. Solo con la integración del sistema tributario, las grandes empresas se van a llevar casi mil millones de dólares directo al bolsillo. Sin tener que contratar más trabajadores, sin tener que invertir más, sin tener que producir más. Hay otro punto que me parece muy peligroso: la invariabilidad tributaria. Todas estas medidas van a quedar amarradas por décadas para que mañana ningún gobierno y ningún Congreso pueda cambiarlo. Yo tengo la impresión de que esto es inconstitucional y antidemocrático.

Y en materia de empleo, ¿qué le parece?

Hay una propuesta que tiene que ver con un crédito tributario, un subsidio para la formalidad del empleo. Ese es otro engaño. Acá son 1.400 millones de dólares para los empleadores, para los dueños, sin que esté condicionado a que tengan que contratar a un nuevo trabajador. Esta propuesta va a bajar los impuestos a los grandes empresarios, pero resulta que hay varios ministros y ministras que tienen sociedades, inversiones, acciones, grandes patrimonios. Entonces, ¿esta iniciativa es para reactivar Chile o para favorecer a su propio gabinete? Lo más complejo es que el Estado va a dejar de percibir 4.500 millones de dólares al año, sin compensación fiscal. ¿Y quién lo va a pagar? La gente, la clase media, los trabajadores y trabajadoras.

¿Entonces usted rechazaría la idea de legislar?

Tal como fue presentado, esto nos obliga a rechazar. No solo porque se anunció sin apertura real a discutirlo por separado, porque, además, al día siguiente de la cadena nacional, el ministro Quiroz le cerró la puerta a más apoyos para la clase media. Con ese nivel de soberbia e indiferencia, el gobierno hace inviable cualquier posibilidad de legislar.

Usted fue criticada por pedirle la renuncia al ministro de Hacienda y cuestionar lo que llamó el “bencinazo”. ¿Se sintió en ese momento poco respaldada por sus pares de bancada?

Creo que actué correctamente. La presidenta del partido (Paulina Vodanovic) me pidió una reunión privada y dimos por superado ese impasse. Lo importante es que el Partido Socialista tiene una sola posición y es rechazar la reforma tributaria, que es la más regresiva desde 1984. Esa posición quedó reflejada el día lunes, cuando fuimos con toda la directiva nacional, senadores, diputados, a hacer ingreso de una carta a La Moneda, en una postura coherente con nuestra identidad socialista, con la defensa de un país más igualitario, con más justicia social, con protección de la clase media, con defensa de los trabajadores. El PS no tiene dobles discursos. Esta reforma va a aumentar la desigualdad y, en esas condiciones, ningún parlamentario socialista debiera estar disponible para aprobarla. Hay cosas más importantes, más allá de ciertos episodios que yo ya los doy por superados.

Ahora, la misma presidenta del Partido Socialista dijo un tiempo atrás que ella estaba abierta a acuerdos amplios con el gobierno. ¿Usted también está abierta a acuerdos?

No tengo ninguna duda de que tenemos que estar abiertos al diálogo en materias que signifiquen beneficios para la gente, pero probablemente va a haber otras medidas del gobierno en las que no vamos a estar disponibles.

¿El PS finalmente asumió la tesis de que usted con el diputado Daniel Manouchehri defendían cómo actuar y fiscalizar al gobierno?

El Partido Socialista adoptó la postura que nos hace ser coherentes con nuestros principios y valores socialistas. El PS tiene un solo mensaje, una sola posición. Me quedo con el actuar que hemos tenido frente a este plan de reconstrucción del Presidente Kast, que cuando incorpora una reforma tributaria, hemos dicho fuertemente que lo rechazamos.

Desde la perspectiva de sus detractores, ¿ustedes no corren el riesgo de caer en una -voy a inventar un concepto- hiperfiscalización?

Me sorprenden esas voces. Velar por el uso correcto de los recursos públicos es una obligación de todos y más aún de quienes ejercemos un cargo público. Los puntos que hemos hecho con el diputado Manouchehri han tenido total validez jurídica. Eran absolutamente necesarios. Tan necesarios, que después de nuestras presentaciones tuvieron que cambiar la fuente de financiamiento en el caso del banquete del 11 de marzo en La Moneda, como también en esta especie de nostalgia universitaria del presidente, que terminó pagando de su bolsillo, según lo que dijo la ministra vocera. ¿Y eso confirma que la fiscalización era pertinente? Claro que era pertinente. Si todo hubiese estado tan claro desde el principio, lo habrían dicho de inmediato, pero no fue así. Cuando le preguntaron a la vocera, no fue capaz de responder. Se demoraron casi un día en dar una explicación. Esas evasivas lo que hacen es demostrar que su versión no resulta creíble. Todas nuestras fiscalizaciones tienen sustento jurídico y la prueba es que la Contraloría las ha acogido, ha pedido antecedentes y les ha dado curso.

Pero las críticas contra ustedes apuntan al puntillismo de sus denuncias. Desde su propio sector algunos han tomado distancia.

Yo creo que todas estas acciones más bien tienden a ser valoradas por la ciudadanía. Hemos estado desde la fiscalización en casos de corrupción del Poder Judicial, haciendo uso de nuestras herramientas constitucionales, cuando fui diputada, levantando acusaciones constitucionales, hasta requerimientos a la Contraloría. Por ejemplo, cuando hay mozos de La Moneda atendiendo a excompañeros de universidad del presidente. A quienes les molesta la fiscalización al poder tienen un problema con la democracia.

Y el hecho de que usted ahora tenga ese perfil en su calidad de senadora, ¿no está renunciando a su rol desde el Senado? Se entiende que la Cámara es la fiscalizadora, pero los senadores están llamados a tender puentes.

Evidentemente, las herramientas constitucionales en materia de fiscalización recaen en la Cámara de Diputados y Diputadas, pero el hacer uso de requerimientos a Contraloría es parte de las facultades que tiene cualquier ciudadano, incluso, cualquier autoridad.

Siguiendo desde la perspectiva de quienes no comparten sus acciones, ¿no corren también riesgo de exagerar las denuncias mediáticamente, que, por lo demás, fue lo que su sector le cuestionaba a José Antonio Kast cuando no era autoridad?

Insisto. Me llama profundamente la atención que el debate sea el cuestionar el rol fiscalizador del buen uso de los recursos públicos. Francamente, me parece, incluso, preocupante de quienes lo cuestionan dentro de la misma clase política, como también de algunos medios de comunicación. Es el piso mínimo que nos piden los ciudadanos. Dentro del Senado, obviamente, lo que nos corresponde es legislar y estar disponibles a dialogar. No sé cuál es la contradicción de aquello. Yo creo que la gente que me eligió, la gente que confió en mi candidatura, que me depositó su confianza, es para llevar la voz de los atacameños al Senado. La gente me entrega un mandato claro. Y eso significa que si es que yo tengo que pegarle a la mesa para hacer escuchar a la gente, para no permitir un retroceso en derechos sociales, para exigir lo que es justo y reclamar lo que es injusto, o sea, créame que voy a hacerlo y gustosa de marcar énfasis cuando sea necesario. Porque para eso fui elegida en el Senado, no fui elegida para hacer amigos ni caerles bien a los senadores y senadoras.

¿Por qué la oposición no sube su valorización en las encuestas, capitalizando la baja del gobierno?

La evaluación de los ciudadanos del gobierno es tan nítida, una desaprobación. Esa baja tan pronunciada de apoyo yo nunca antes la había visto. Y acá, la oposición no tiene que estar preocupada de capitalizar ese malestar ciudadano. Nuestra tarea es entender que ese malestar e indignación más bien tiene que traducirse en una voz firme. Lo más importante acá es que el gobierno, con las decisiones políticas que ha tomado, les ha elevado el costo de vida a los chilenos y chilenas. El alza del precio de la bencina se pudo haber evitado.

El momento que vive el progresismo en Chile tal vez no es aislado de lo que están viviendo otras fuerzas afines en el mundo. De hecho, hubo un encuentro mundial en Barcelona para tratar de rearmarse en el nuevo orden mundial con Trump, China y Putin.

Lo que está pasando con el avance de la ultraderecha, lo que hoy día plantea el Presidente Kast es parte de un proyecto internacional. Este es un modelo que se pretende instalar y que tenemos que dar un análisis mucho más profundo. Es parte del debate que estamos haciendo desde el Partido Socialista. Este año tenemos un encuentro programático, donde queremos permitir un espacio de reflexión, de análisis mucho más detenido de lo que pasa en nuestro país, desde lo que sucedió con el estallido social, de lo que pasó en los dos procesos constituyentes, con ambos fracasos, con una derrota electoral, cultural y política que vivimos en las últimas elecciones presidenciales.

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