José Miguel Insulza, vicepresidente del PS y senador: "El quiebre democrático puede venir de ya sea que salgan los militares a hacerse cargo o que haya confrontación civil"

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foto: patricio fuentes

El parlamentario sostiene que la violencia en las calles está llegando a su punto límite y que mientras el gobierno no se anima a tomar decisiones, parte de la oposición "se guía por lo que pasa en la calle" y no colabora a una salida de la crisis.




El fin de semana pasado, el senador José Miguel Insulza (PS) fue agredido en Arica. "Me arrojaron pintura y me escupieron...", escribió en un WhatsApp a la directiva socialista, de la que es vicepresidente. La funa -como se le suele llamar- fue por una frase en la que señalaba que había que "reprimir con fuerza" las evasiones en el Metro y en la que asegura fue mal entendido. Aquí, afirma que no está "tomando decisiones aún" sobre la posibilidad de dejar los cargos de dirigencia en el PS -los agresores fueron militantes de su partido-, ya que "las cosas están muy distorsionadas, lo vamos a conversar". Y se aventura a hablar de la violencia y de la responsabilidad de todos los sectores para intentar detenerla.

Para un ciudadano resulta difícil explicarse por qué que no se puede controlar el orden público. ¿Cuál es su diagnóstico? Usted fue ministro del Interior...

Fui ministro del Interior, pero creo que nunca enfrenté una situación parecida a esta. El problema es que aquí salió mucha gente a la calle, con buenas razones, y ocurrió lo que siempre pasa: primero vino una marcha pacífica y luego vienen los grupos que vienen pegados al final de la marcha e inician la violencia. Eso se ha ido prolongando mucho más allá de lo esperado, creo, porque el gobierno no tiene una política clara respecto de cómo confrontarlo, que era examinando aquellas demandas ciudadanas que era necesario examinar y, al mismo tiempo, esforzándose por separar las marchas de la gente que ejerce la violencia.

Se ha puesto el acento en el accionar de Carabineros. ¿Hay falencias estructurales, de formación?

Hay un tema de formación y también la forma en que se ha ido desarrollando este movimiento ha hecho que estén completamente agotados. Carabineros ha sido formado para desconfiar de los movimientos sociales, no para apoyarse en ellos para rechazar a los vándalos, sino más bien creen que ellos son una cubierta de los vándalos, que es necesario también golpear. Entonces, la actitud de Carabineros siempre es defensiva y siempre es muy agresiva.

¿Qué responsabilidad hay en el gobierno sobre este tema?

En un país como este la dirección tiene que venir del gobierno. El gobierno tiene que correr riesgos; si se pasa consultando todo el día y todo lo demás, está bien, hay que consultar, pero en un momento hay que tomar decisiones.

¿Como cuáles?

Cuando el Presidente Lagos que decidió usar la Ley de Seguridad del Estado contra los camioneros, también podrían haber llegado las iglesias exigiendo que los pusieran en libertad y se habría desinflado todo o también podría haber habido una marcha masiva exigiendo libertad para los transportistas. No pasó nada de eso. Esto es lo mismo: si el Presidente quiere tomar medidas respecto de los que dirigen este movimiento, hay que ver lo que ocurre, pero alguna vez tiene que tomarlas, ¿no?

El tema de la violencia se ha tomado la agenda. Un grupo de socialistas históricos viralizaron una carta donde se planteaba el tema de la democracia en riesgo. ¿Por qué plantearon aquello?

La democracia está en peligro. La violencia ha puesto en peligro la democracia. Yo propuse la frase, para que quede claro. Estuve de acuerdo con ella desde el primer día, desde la primera vez que hablamos del texto, pasa que todavía hay gente que no entiende eso, que cree que no, que "Carabineros está a cargo de eso, pero la democracia está bien porque ya firmamos un acuerdo democrático, vamos a hacer una nueva Constitución". Podemos dictar la mejor Constitución de este mundo, pero si la violencia sigue como está ahora, eso no es democracia. Acá tenemos un peligro de quiebre democrático mayor. Y ese quiebre puede venir de ya sea que salgan los militares a hacerse cargo de la situación o que haya propiamente confrontación civil, como ha empezado a pasar en algunos barrios, donde unos atacan a otros.

Hay quienes señalan que el gobierno está cohibido frente a los riesgos de amparar acusaciones por violaciones a los derechos humanos...

Eso es otra cosa. Los disparos de los perdigones a la cara son una violación de DD.HH., han provocado daños muy graves y eso los va a condenar siempre. Entonces, este gobierno, esta policía, va a quedar así, eso ya pasó, lo cual no significa que no se puedan defender los DD.HH. sin necesidad de dejar ciego a nadie. Reconozco, sin embargo, que la condena a la violencia no institucional, callejera, ha sido mucho menor que la condena a las violaciones a los derechos humanos.

El estallido social partió con hechos violentos, con la quema masiva del Metro, por ejemplo. ¿Cree que la oposición, particularmente el PS, ha sido condescendiente con los focos de violencia que se han producido tras las movilizaciones?

Desde el comienzo, el partido ha condenado la violencia. No he leído declaraciones siquiera que la justifiquen ni muchas que la expliquen. Pero, claro, siempre se podría decir que se podría hacer más.

Usted respaldó el acuerdo por el orden público, pero varios de sus compañeros de bancada no lo hicieron…

Voy a ser bien franco: hay gente de oposición que no quiere juntarse con ningún parlamentario que no sea de oposición. Enseguida, la declaración salió a una hora en la que muchos senadores habían dejado el Congreso. Entonces, no creo que eso indique nada. Salvo aquellos que dijeron claramente que no querían firmar, que no son muchos. Respecto de algunas cosas, yo creo que está el tema del uso de los militares, que divide bastante, porque en cualquier otro país eso dividiría mucho, pero mucho menos, porque no tiene la experiencia de Chile.

Un trauma que parecía superado…

Está la idea de que una vez que los militares salen a la calle, ya va a ser muy difícil devolverlos a los cuarteles, está asentada muy en nuestra realidad, por eso no nos parecen estos proyectos, el proyecto de ley que mandó el Presidente para autorizar a los militares en lugares estratégicos. No tengo nada en contra de que estén en lugares estratégicos, pero para eso está el estado de emergencia y lo puede usar.

¿Cómo se enfrenta la amenaza a la democracia, entonces?

Con una oposición más firme, más democracia. Si nos ponemos todos de acuerdo en la democracia que vamos a defender, esa es la mejor respuesta, por eso fue tan bueno el acuerdo y creo una especie de momento de calma, por lo menos mejoraron las cosas, hasta las bolsas subieron, cuando se alcanzó el acuerdo democrático, el acuerdo para la AC. Pero cuando todos le empezaron a disparar desde afuera y empezaron a encontrar sus peros, ya perdió mucho vigor. De cualquier manera, creo que hay una serie de medidas económicas, sociales. Quiero recordar que, como siempre ocurre en estos casos, en los primeros días hubo frases rimbombantes: "Hay que dar hasta que duela, no tenemos que tener miedo en meternos la mano al bolsillo", dijeron una cantidad de empresarios. No ha pasado nada. La discusión en el Congreso ha sido a tirones con los ministros, que tienen buena disposición, hay que reconocerlo, porque atrás hay una cantidad de gente diciendo que los va a perjudicar.

¿Su impresión es que el gobierno no ha hecho el esfuerzo suficiente en la agenda social?

Pienso que el gobierno ha hecho un esfuerzo. Yo creo en la buena voluntad de los ministro Briones, Blumel y los demás, pero creo que no han tenido la cooperación de su sector que han debido tener. Todo el mundo decía que de esta cosa no podemos salir a la rastra, "tenemos que salir con grandeza, tenemos que salir diciendo sí, estoy dispuesto a pagar más impuestos y una buena cantidad, no cualquier impuesto. Pero no ha habido esa actitud de parte del empresariado, no ha hecho propuestas audaces, salvo la que hizo Andrónico Luksic al comienzo.

¿Hay gente de la oposición que se entusiasmó con la idea de imponer una agenda que no fueron capaces de ganar en las urnas?

Al comienzo de esto, cuando se armaron todos estos líos, más de alguien pudo pensar "esta es la mía", pero de pronto se dieron cuenta de que este movimiento no quería nada con la política. La plaza, la famosa Plaza Baquedano, la gran manifestación que fue en el centro de Santiago, millón y más personas, era mucha gente, pero en la medida en que no levantaran banderas de ningún partido, ahí se empezaron a dar cuenta de que la crisis también los afectaba a ellos. Yo los entiendo, quieren más, pero la política, como se ha definido siempre, es la aplicación de recursos escasos a fines múltiples. Uno entrega algunas cosas para conseguir otras. Nadie tiene todo lo que quiere, porque, además, el mundo sería una lata si todos tuvieran lo que quieren.

¿Cree usted que el PS ha estado en la mejor disposición para consensuar una agenda en la que uno, como usted dice, tiene que ceder algo y conseguir otras cosas?

No, no es el mejor momento, diría que más bien ha mirado la reacción de la gente que está en la calle y se ha guiado más por eso.

¿Cómo así?

Yo converso con diputados, socialistas como yo, y yo mismo tengo a veces ese problema de que uno puede decir "mire cómo están destruyendo" y todo lo demás, pero a la hora de hacer una agenda, uno siempre tiene que mirar los argumentos de la calle, no de la calle violenta, sino de la calle en general. Es muy impresionante hasta qué punto sectores que están en movilización pacífica tienden a comprender la violencia. Y eso creo que a mucha gente la complica.

¿Y por qué el PS no ha tenido una voz fuerte teniendo en cuenta que ustedes vivieron un quiebre institucional que los afectó?

El PS ha condenado esto y no tiene nada en contra de decir lo que decía la declaración, "la violencia pone en riesgo la democracia", lo han dicho. Lo han dicho dirigentes y lo entiende mucha gente, pero creo que al momento de pasar de condenas verbales a hechos concretos, ciertamente se tiende a mirar más lo que pasa en la gente que está en la calle.

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