Por Juan Andrés QuezadaLos archivos secretos de Bitar
Una conversación a solas con Aylwin que marcaría su ruta política; la "ley del hielo" que le hizo Bachelet tras ganar su primera elección, y un inesperado llamado del entonces presidente Boric, quien había criticado duramente el CAE. Estas son algunas de las historias incluidas en Ocho presidentes y un dictador (Chile 1966-2026), que el histórico político del PPD lanza el 27 de agosto en el GAM. “No son mis memorias, son lecciones para construir futuro”, dice Sergio Bitar.
Eduardo Frei Montalva
Admirador del expresidente y fundador del falangismo -en su gobierno trabajó en Corfo y en Sercotec-, Bitar apoyó al candidato de la DC, Radomiro Tomic, en las elecciones presidenciales de 1970. No a Salvador Allende, de quien posteriormente fue su ministro de Minería.
“El programa de la Unidad Popular me parecía menos realizable políticamente y sus equipos, con poca capacidad técnica y gubernamental. Me incliné por Tomic. Evaluaba que su propuesta tenía mayor solidez y contaba con profesionales bien formados y adiestrados durante el gobierno de Frei. Participé en su campaña. El error histórico que se cometió -por ambas partes- fue creer que el futuro de Chile se decidía entre Tomic y Allende, sin advertir que al frente teníamos una fuerza conservadora que estaba dispuesta a todo con tal de truncar ambos programas”.
Salvador Allende
Al inicio de su administración, Bitar partió -junto a su esposa María Eugenia Hirmas (Kenny)- a Estados Unidos a estudiar un posgrado en Harvard. Allá se enteraron de que la fábrica Algodones Hirmas, junto a otras grandes firmas, como Yarur y Sumar, habían sido expropiadas por el Estado. Fue su primera desilusión del gobierno de la Unidad Popular, narra en su libro.
“Un tema perturbador para mí era que la familia de Kenny había sufrido la toma de su empresa textil y de su empresa de neumáticos Firestone. Eran señales de desbordamiento e incumplimiento del programa de gobierno, pues no tenía nada de estratégico. Nos habíamos preguntado con Kenny qué ocurriría si me ofrecían un cargo de importancia en un gobierno donde sus líderes habían alentado dichas expropiaciones. El presidente conocía mi situación y al ofrecerme ser ministro tuvo la delicadeza de preguntarme respecto de las implicancias familiares que acarrearía mi determinación. ‘Presidente’, le respondí, ‘he hablado con mi familia y respetan mi decisión. Acepto’. Tenía 32 años cuando juré como ministro, en marzo de 1973″.
“Yo sabía desde mucho antes que él sacrificaría su vida por defender la democracia. Estuve con Allende pocas horas antes de su muerte, en un almuerzo de trabajo en La Moneda, el 10 de septiembre de 1973. Su principal preocupación era desactivar el golpe de Estado que ya parecía inminente. Estimaba que si conseguía gobernar más allá de septiembre se podía despejar el camino y terminar su mandato en 1976. El tema central del almuerzo de ese lunes fue su decisión de llamar a plebiscito el día siguiente, 11 de septiembre. Así, la ciudadanía resolvería la aprobación o rechazo de la reforma constitucional ya aceptada por el Congreso sobre las áreas de propiedad de la economía, que antes había sido vetada por el Ejecutivo. Es posible que los militares involucrados en el levantamiento, conocedores de esta iniciativa, adelantaran el golpe para impedir que el Parlamento se inclinara por esa solución”.
Augusto Pinochet
Tras el golpe, Bitar fue encarcelado y torturado en los campos de concentración en Isla Dawson, Ritoque y Puchuncaví. Partió al exilio en Caracas, donde creó una empresa de papel mural, que estuvo a punto de cerrar en la dictadura de Nicolás Maduro, pero se mantiene hasta hoy.
“Nuestro trabajo político continuó y en 1975 y 1976 tuvieron lugar los dos primeros acercamientos entre dirigentes de la UP y de la DC. Uno significativo fue la reunión organizada por la Fundación Friedrich Ebert, en julio de 1975, en Colonia Tovar, en Venezuela. Fue la primera vez, luego del golpe, que nos congregábamos sectores de izquierda con dirigentes de la DC. Asistieron Gabriel Valdés, Clodomiro Almeyda, Renán Fuentealba, Rafael Gumucio, Carmen Lazo, Bernardo Leighton y Anselmo Sule, entre otros.
El otro ocurrió en Nueva York, en los primeros días de septiembre de 1976, entre dirigentes de los partidos llamados ‘cristianos’ (DC, MAPU, IC). Juan Gabriel Valdés, que preparaba su tesis de doctorado, organizó el evento. Su padre, Gabriel, entonces director del PNUD, asistió junto a un grupo significativo que posteriormente cumpliría importantes funciones en Chile. Entre ellos, Claudio Huepe, José Antonio Viera-Gallo, José Miguel Insulza, Luis Maira y José Zalaquett”.

Patricio Aylwin
En el verano de 1989, un mes antes de llegar a La Moneda, Bitar conversó a solas con el entonces líder de la Concertación -quien había sido su profesor de Educación Cívica en el Instituto Nacional-. Fue tan decisiva, cuenta, que llegó a escribirla a su casa, en una “especie de diario de vida”, que fue un material clave para este libro.
“Me manifestó que me había considerado en la cartera de Minería y en Codelco, pero la descartó, pues quería nombrar a un técnico “sin ambiciones políticas”. Me ofreció conducir la Corfo. Le agradecí y le manifesté que estaba a su disposición para otro momento en que necesitara mi colaboración. No puedo negar que me dolió quedar fuera de ese primer e histórico gobierno democrático.
Enseguida sucedió lo más importante. Entramos en una extensa conversación en que me relató que su objetivo estratégico era afianzar un acuerdo de alcance extenso de la DC con los socialistas, que le asegurara estabilidad al país. Él pensaba que la derecha trataría de volver pronto al poder y que Pinochet pretendería ser candidato presidencial en 1993, porque, ante la previsible pugna entre la UDI y RN, él se levantaría como la única opción de unidad. Yo no lo había pensado”.
“Un año después, siendo yo secretario general del PPD, me llamó Edgardo Boeninger, entonces ministro Segpres, y me dijo: ‘El presidente quiere crear el Ministerio de Medio Ambiente y ha pensado en ti para que asumas esa tarea’. Le agradecí y le relaté que ya había decidido ser candidato a la presidencia del PPD y, después de ello, intentar una candidatura a senador por el norte. ‘Piénsalo bien, veo difícil que le ganes a Jorge Soria en el norte’.

Eduardo Frei Ruiz-Tagle
El 11 de marzo de 1994, el exsenador por Santiago asumió como presidente y Bitar se integró al Senado. Durante su mandato, Pinochet asumió como senador designado y meses después fue arrestado en Londres. Bitar fue sindicado por el Ejército como uno de los instigadores de su detención.
“Nos conocimos en la Escuela de Ingeniería de la U. de Chile, donde estudiamos en igual período. Aunque aquellos eran tiempos de efervescencia y de manifestaciones estudiantiles, Frei no se involucraba en política. Me sorprendía esa prescindencia, sobre todo pensando que su padre era un político potente y conocido. Me preguntaba si sería tan inhibidora la tremenda personalidad de su progenitor para proyectar un perfil propio”.
“Cuando Pinochet pisó ese día la sala del Senado, muchos nos sentimos violentados. Yo portaba los retratos de Carlos Prats y de Orlando Letelier, y senadores y diputados del PS y PPD llevaban los de Allende y de varios dirigentes detenidos desaparecidos (carteles que el propio Bitar había encargado confeccionar). Al iniciarse la sesión, levantamos los brazos con nuestras fotografías y comenzamos a gritar: ‘¡Asesino, asesino!’. Se armó una batahola de proporciones.
El entonces presidente del Senado, Sergio Romero, intentaba restablecer el orden para proceder al juramento de los nuevos senadores. Cuando bajamos las fotos, hicimos uso de la palabra para rechazar la presencia de Pinochet y el atropello a la democracia. Ahí se produjo un hecho vergonzoso: Romero no se percató de que su micrófono estaba abierto y dijo: ‘No me doblaron la mano estos ‘hijos de puta’”.
“Unos meses antes del arresto de Pinochet en Londres viajé a Madrid a un encuentro, como miembro de la Comisión de RR.EE. del Senado. Aprovechando mi estadía, me reuní con Joan Garcés —abogado y antiguo asesor de Allende— y salimos a caminar por el Parque El Retiro, donde me contó que estaba colaborando con las investigaciones del juez Baltasar Garzón. Me había olvidado de aquel encuentro, hasta que después de la detención de Pinochet el jefe de Inteligencia del Ejército informó que yo sería uno de los presuntos instigadores del arresto. El antecedente para dicha acusación era mi encuentro con Garcés. Recibí amenazas de muerte. Me pareció importante conocer qué ocurría e invité al comandante en jefe del Ejército, Ricardo Izurieta, a un almuerzo privado”.
Ricardo Lagos
Bitar conoció a Lagos en 1975, en la Universidad de Duke, donde el expresidente hacía su tesis. Desde ahí forjaron una amistad política hasta hoy. Fue su ministro de Educación, cargo -dice- en el que se ha sentido “más feliz” y “realizado”.
“Guardando las diferencias entre dos momentos históricos muy distintos, me parece pertinente realizar un paralelo (de Lagos) con Frei Montalva. Ambos tenían la resolución y la capacidad de ser presidentes, con gran conciencia de lo que este cargo significa, y fueron construyendo con inteligencia y tenacidad el camino. Los dos habían creado y liderado sus propios partidos, la DC y el PPD, respectivamente, fundando fuerzas políticas de larga duración, que les dieron mayorías, solos o en coalición. Los dos llevaron adelante importantes transformaciones para el desarrollo de Chile. Fueron ministros de Obras Públicas y desde ahí transmitieron una visión de futuro. Lamentablemente, no se conocieron, sino que a la distancia o superficialmente, como me relató una vez Lagos. Un día, Frei lo llamó para reunirse y conversar. Lagos dejó pasar unos días sin responderle, luego Frei debió operarse y no salió más de la clínica. Como se sabe, falleció en circunstancias sospechosas, posiblemente por un envenenamiento, como acusó su familia a la justicia. Lagos, como me comentó, ha resentido su demora en contestar esa invitación, que lo privó de un encuentro que hubiera sido importante para ambos”.

Michelle Bachelet
El 15 de enero de 2006, la exministra de Salud y de Defensa de Lagos, se convirtió en la primera mujer presidenta de Chile. Bitar había participado activamente en su comando y muchos lo daban como ministro del Interior. Aunque está someramente narrado en su libro, al entonces presidente del PPD no le pareció bien que la mandataria nombrara a su esposa en el cargo de “primera dama”.
“La noche de ese triunfo había euforia. En esos días yo intuía un desapego de su parte, después de una escaramuza que tuve con Sebastián Piñera. Ocurrió que, en su intervención en el último debate presidencial por televisión, él me acusó de haber abandonado el barco de la educación para unirme a una candidatura, y que el sistema educativo chileno andaba mal, a pesar de que los datos mostraban lo contrario. Terminado el debate, me dirigí hacia él. Andrés Zaldívar trató de contenerme, pero seguí adelante y le enrostré. Al día siguiente, mi altercado con Piñera apareció en varios medios de comunicación. Haber interferido en su debate incomodó a Bachelet y su reacción fue el silencio y la distancia. Designó a sus ministros a fines de enero y no supe más de ella.
Pasaron casi tres meses sin recibir un agradecimiento, ni siquiera un mensaje. Me dolió. Algo de su actitud me resultaba incomprensible. A pocos días de instalada en la presidencia me invitó a almorzar. Fue afectuosa y me confidenció que tal vez evaluó mal la situación producida en el altercado con Piñera y me ofreció ser su embajador en Washington. Le informé que había decidido postular nuevamente a la presidencia de mi partido y que sería más útil a su gobierno desde esa posición. Ella sabía que para ese cargo competiría con el entonces senador Fernando Flores, que me había sucedido en Tarapacá, y me propuso dejar pendiente mi decisión a la espera de los resultados de la elección. Le reiteré que confiaba en que ganaría”.
“Cuando nombran a Kenny llamé a la presidenta, en una reacción que después me dije ‘qué tonto fui’. Me cuidaba mucho de que nadie dijera que podría estar sacando alguna ventaja de mi cargo como presidente del PPD y le expresé a Michelle esa preocupación. ‘Esta es una decisión mía y de tu mujer. No tuya’, me respondió”.
Sebastián Piñera
Tras ser electo presidente por primera vez, el empresario invitó a Bitar, entonces ministro de Obras Públicas, a su oficina.
“Consideré inapropiado, siendo yo ministro del gobierno saliente, ir a su oficina y lo invité a mi casa. Accedió y llegó solo. Estaba entusiasta por el triunfo y contento de haberse impuesto a la UDI. Le mostré los proyectos prioritarios, las inversiones en curso. Tomó nota detallada en sus cuadernos y subrayando con una regla. Terminada la exposición me preguntó: ‘¿Qué me aconsejas hacer primero; cuál es la obra principal?’. ‘Licita el puente sobre el canal de Chacao’, le respondí. Y así lo hizo. El terremoto de febrero, sin embargo, alteró sus planes y prioridades”.

Gabriel Boric
En enero de 1986, con motivo de los 10 años de A esta hora se improvisa, Jaime Celedón invitó a Bitar a un programa junto al excomandante en jefe de la FACh Gustavo Leigh, en el cual participaron Lagos, Alejandro Foxley, Andrés Allamand y Ricardo Claro. 40 años después, el debate -remasterizado y publicado en YouTube- fue visto por el entonces presidente Boric.
“Estando en California, recibí una llamada de un número desconocido. ‘¿Sergio Bitar?, me preguntó una voz masculina. ‘Sí, soy yo’, contesté. ‘Hola, Sergio, habla Gabriel Boric’. ‘Hola, presidente, qué sorpresa’. ‘Te llamo para decirte que acabo de ver el programa y tu intervención y la de Lagos son impresionantes’, me confesó. Y continuó: ‘Al ver ese debate, cualquier diferencia que pudimos tener se vuelve pequeña, vayan mis respetos’.
Boric, el más joven presidente de la historia y líder de una nueva generación de izquierda, había sido crítico de la Concertación por hallar que su tarea fue insuficiente para satisfacer las necesidades del país y especialmente del Crédito Con Aval del Estado (CAE) -impulsado por Lagos y Bitar- Este video de 1985, tal vez, influyó para comprender a quienes luchamos contra la dictadura”.
“En 2023 decidí, a los 82 años, ser candidato al segundo Consejo Constitucional. Jamás imaginé que los dos elegidos en Tarapacá serían del Partido Republicano. La presencia de inmigrantes viviendo en las calles, la afluencia masiva de personas por pasos ilegales y la incapacidad de la policía para contener la delincuencia provocaban un temor que estaba a flor de piel. Me percaté prontamente de que la gente se inclinaría por quien fuera más duro para acabar con el problema, aunque propusiera salidas inviables. Supe que la derrota sería imparable”.
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