Por Andrés GómezLucía Santa Cruz: “Hay una sobrevaloración de la ciencia y la técnica”
La historiadora y consejera del Instituto Libertad y Desarrollo critica la decisión del gobierno de restringir el financiamiento de Fondecyt para las humanidades y las ciencias sociales. “Es un gran error, porque las fronteras entre la ciencia y el humanismo son cada vez más difusas”, dice, y releva el valor de las humanidades para la cultura democrática.
Un elogio de las humanidades. En mayo de 2025, Lucía Santa Cruz fue distinguida como miembro académico honorario de la Universidad Adolfo Ibáñez. En la ceremonia, la historiadora agradeció con un discurso que relevó el valor de las humanidades en la defensa de la libertad. Citó a la filósofa Martha Nussbaum y destacó que a través del estudio de la historia, la filosofía o la literatura se aprenden virtudes que inspiran la cultura democrática. Y agregó:
-No es accidental que la palabra humanista tenga connotaciones ligadas a conceptos como la compasión, la benevolencia, la clemencia, la bondad, la generosidad, la tolerancia, la comprensión del otro.
Miembro de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, la historiadora y consejera del Instituto Libertad y Desarrollo lamenta ahora la decisión del gobierno de restringir el financiamiento de las becas Fondecyt para las humanidades y ciencias sociales en favor de las ciencias y la tecnología.
Hace una semana se conoció el cambio en las bases de las becas del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico. Según explicó la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, se establecieron 10 áreas estratégicas prioritarias, entre ellas ciencia, minería, inteligencia artificial, ingeniería y astronomía, que concentrarán el 70 por ciento de los recursos.
La postergación de las humanidades provocó una fuerte reacción del mundo académico e intelectual. El Consejo de Rectores envió una carta a la ministra, donde afirmaba que la resolución “transmite una señal que no refleja el carácter integral del conocimiento ni el aporte que estas disciplinas realizan para comprender y enfrentar desafíos sociales, culturales, educativos, territoriales y democráticos”.
En la era de la inteligencia artificial se requerirá cultivar con mayor potencia precisamente aquellas habilidades intelectuales, creativas, esencialmente humanas y la capacidad de reflexionar críticamente ante el exceso de información que nos inunda.
A su vez, la rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, subrayó que en el contexto actual, con la incorporación de la IA, es aún más necesario fortalecer las disciplinas humanistas y las ciencias sociales.
El Presidente José Antonio Kast justificó el cambio apelando a las urgencias y la escasez de recursos: “Los recursos son escasos y las necesidades, infinitas”.
En el debate intervinieron también el rector de la UDP, Carlos Peña, quien habló del menosprecio por las humanidades, y el académico de la Universidad de los Andes Daniel Mansuy.
Lucía Santa Cruz, quien votó por José Antonio Kast en segunda vuelta, dice que la resolución la sorprendió y, desde luego, la rechaza:
-Me parece un error. Vivimos en una era de cambios cada vez más veloces e impredecibles y es imposible determinar qué habilidades serán necesarias, para qué tipo de trabajos en el futuro. Además, en la era de la inteligencia artificial se requerirá cultivar con mayor potencia precisamente aquellas habilidades intelectuales, creativas, esencialmente humanas y la capacidad de reflexionar críticamente ante el exceso de información que nos inunda. El espíritu crítico se desarrolla precisamente en el ejercicio de disciplinas que no tienen respuestas objetivas únicas, sino que requieren reflexión y argumentación, y estas son las humanidades y las ciencias sociales.
La historiadora agrega:
-Es un gran error, entre otras cosas, porque las fronteras entre la ciencia y el humanismo son cada vez más difusas y muchas veces no es posible entender problemas propios de una disciplina en forma aislada sin referencia a las lógicas y métodos de conocer la realidad de disciplinas muy distintas.
Lucía Santa Cruz pone como ejemplo el hecho de que “la ciencia a menudo entrega respuestas que exigen una reflexión ética más inherente a la discusión filosófica; la filosofía crecientemente requiere familiarizarse con conceptos de la física o corre el riesgo de quedar ausente de la discusión contemporánea, y la comprensión de la economía, que estudia las motivaciones y el comportamiento de los seres humanos y de los grupos agregados, se beneficia con los descubrimientos de la biología evolutiva y la neurociencia respecto de la naturaleza de las conductas humanas”.
Creo que es una mirada de corto plazo, no solo porque el ser humano es un ente complejo que requiere satisfacer otras necesidades, además de las materiales. El concepto de desarrollo no es meramente económico, por necesario que sea.
¿Le parece atendible el argumento del Presidente Kast?
Entiendo que el país demanda urgentemente crecer económicamente para resolver problemas endémicos de pobreza, miseria y subdesarrollo y que, por lo tanto, el gobierno ponga énfasis en temas vinculados a aumentar la productividad. Sin embargo, creo que es una mirada de corto plazo, no solo porque el ser humano es un ente complejo que requiere satisfacer otras necesidades, además de las materiales. El concepto de desarrollo no es meramente económico, por necesario que sea. Es más, el cerebro necesita ejercitarse en la lógica de distintas disciplinas sencillamente para no atrofiarse. Ya hay indicios de pérdida de la capacidad de memoria y de un deterioro de los coeficientes intelectuales de los humanos occidentales.
“Devaluar a las humanidades o las ciencias sociales, empujarlas fuera del espacio público en favor de la tecnología, es un error de proporciones gigantescas que no solo erige al técnico en el profeta de nuestra época, sino que hace de la política un puro policy making”, escribió el rector Carlos Peña. ¿Comparte su análisis?
Lo comparto. El desarrollo intelectual a través de la estimulación de las capacidades de análisis, reflexión crítica, resolución de problemas y comunicación no puede ser reemplazado por la tecnología. Tampoco la belleza, el arte, la verdadera creatividad o la virtud. Mi mayor aprensión es que la tecnología reduzca a la humanidad a una masa homogénea, sin diversidad, sin originalidad, todos alimentados por las mismas fuentes, con opiniones unánimes, determinadas por quienes alimentan la IA.

¿Ve un desdén del gobierno en esta decisión?
Me parece evidente. Me parece que hay una sobrevaloración de la ciencia y la técnica. En una situación de emergencia económica y la necesidad de aumentar la productividad se entiende que es más fácil lograrlo a través del impulso a la tecnología. Pero también depende de la concepción que tengamos de qué es el desarrollo, de qué es el ser humano, y para mí el ser humano es un ser complejo que tiene necesidades múltiples.
¿El gobierno debería revertir esta decisión?
No veo que eso sea posible, pero espero que este debate pueda ayudar a la gente a meditar sobre la importancia de las humanidades.
Las élites y las universidades
El año pasado, cuando fue nombrada académica honoraria de la UAI, usted habló del valor de las humanidades en la defensa de la libertad y la democracia. ¿Cuál es su aporte?
Toda persona debe saber que hay formas sutiles, más sensibles, de comprensión de la realidad que la tecnología no permite experimentar, como la literatura y el arte, que nos permiten ver una parte de la existencia que la mera razón no muestra. El ser humano debe tener capacidad de compasión, de dolerse, de identificarse con el otro, porque solo eso lleva a considerar a ese otro un igual, con iguales derechos, y es ese cambio en las mentes de las personas lo que permite una cultura democrática. ¿Y cómo se adquiere? La literatura, sin duda, juega un papel esencial en entender la naturaleza humana y la historia nos permite distinguir entre lo accesorio y lo central, lo permanente y lo cambiante.
Las élites chilenas leen muy poco y no se interesan, por lo general, en los conceptos. Yo creo en la importancia de la economía para enfrentar el problema de la escasez, pero vivimos en un mundo en que la complejidad de los dilemas morales, económicos, políticos y sociales es cada vez mayor y exige una reflexión crítica.
Daniel Mansuy ha dicho que esta medida parece confirmar el prejuicio de que la derecha que nos gobierna “no tiene ningún interés en el pensamiento ni en la reflexión”, y que para ella “solo existen la economía y las ciencias aplicadas”. ¿Tiene base ese prejuicio?
Desgraciadamente, tiene mucho de verdad. Las élites chilenas leen muy poco y no se interesan, por lo general, en los conceptos. Yo creo en la importancia de la economía para enfrentar el problema de la escasez, pero vivimos en un mundo en que la complejidad de los dilemas morales, económicos, políticos y sociales es cada vez mayor y exige una reflexión crítica y bien fundada que me atrevo a sugerir no pueden resolverse sin recurso al estudio de las humanidades. Y esa falta de comprensión a la larga también influye en el devenir de la política y de la economía.
La reacción del mundo académico ha sido muy elocuente. ¿Esta medida podría aumentar la distancia entre la academia y el gobierno?
La academia y las humanidades siempre han estado distantes de los gobiernos. No creo que esto aumente la distancia, pero sí es cierto que hay mucho malestar. En las academias y en el Instituto de Chile hay mucha molestia.
Alejandro Vigo, académico de la Universidad de los Andes, puso otro punto en el debate: recordó que las humanidades y las ciencias sociales han recibido históricamente el 61,3% de las Becas Chile. A su parecer, ¿se justifica ese desbalance?
Tengo el convencimiento de que los recursos no deberían distribuirse de acuerdo a una proporción artificialmente diseñada y deben ser asignados de acuerdo al valor y calidad real de cada proyecto. Puede que en un año haya mejores proyectos y mejores investigadores en las humanidades y otros en la tecnología. Las becas no pueden ser por cuoteo, sino por calidad.
Ha habido ciertamente una devaluación de las humanidades y de las ciencias sociales en muchas universidades norteamericanas e inglesas, donde ha primado una mentalidad censuradora que ha limitado gravemente la libre investigación.
¿Qué autocrítica deberían hacer hoy las humanidades? ¿Han perdido rigor, se han vuelto autorreferentes o, como se señala a veces desde la derecha, responden a visiones políticas?
Muchas autocríticas. Ha habido ciertamente una devaluación de las humanidades y de las ciencias sociales en muchas universidades norteamericanas e inglesas, donde ha primado una mentalidad censuradora que ha limitado gravemente la libre investigación, con temas vedados, académicos cancelados por no acatar lo políticamente en boga, en desmedro de lo más esencial de una universidad, que es su libertad de pensamiento y de expresión, la cual es uno de los principales derechos humanos, sobre el cual otras libertades dependen. El principio sobre el cual se funda la libertad de expresión es el derecho de cada individuo a acceder, explorar y expresar ideas, opiniones e información sin censura, restricción o temor a represalias, al margen de cuán controvertidas o impopulares ellas puedan ser. Aquello es la base para la creatividad, la innovación y el progreso en las ciencias, las artes y la sociedad en general. Es por ello que no puede haber temas vedados, ortodoxias incuestionables, censuras o cancelaciones.
Para Lucía Santa Cruz, “la libertad incluye poder plantear ideas que incomodan a otros y comparto con quienes sostienen que esto incluye el derecho de ofender y de ser ofendidos por ideas y conceptos racionalmente expuestos con los cuales no estamos de acuerdo. En suma, la libertad individual importa, porque nos permite perseguir nuestros objetivos, expresar nuestras identidades únicas y hacer opciones coherentes con nuestros valores y creencias. Es lo que permite nuestro crecimiento personal, la diversidad y la protección de nuestra dignidad humana y de una sociedad abierta”.
La académica agrega otra complejidad del área:
-Por último, como las carreras académicas dependen de la capacidad de publicar artículos en revistas indexadas más que en los libros, se producen dos consecuencias. Primero, muchas veces se trata de artículos de poca trascendencia, de temas oscuros, muchas veces ininteligibles y de escaso impacto. Por otra parte, hay muy poco interés por estudiar los problemas específicos de los países latinoamericanos, porque las revistas en las ciencias sociales son escasas, generalmente internacionales, y estos problemas, por cierto, no lo tienen las ciencias que, por definición, son universales.
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