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Marcel a un año de su renuncia: “No me arrepiento (de haber estado en el gobierno de Boric), porque siento que logré hacer una diferencia”

El exministro de Hacienda afirma que al actual "gobierno le ha costado hacer la transición desde campaña a gobernar, (…) pero va a ir aprendiendo". Sobre la megarreforma, señala que su aporte al crecimiento dependerá de su impacto fiscal, y sobre la invariabilidad tributaria que visó el TC, advierte que "será un precedente para otras reformas legales en que se buscará dejar amarrada permanentemente una norma".

13 Agosto 2026 Entrevsita a Mario Marcel, ex Ministro de Hacienda. Foto: Andres Perez Andres Perez

Entusiasmado con su faceta de escritor que lo tiene recorriendo el país para presentar su reciente libro, La montaña rusa: Crónica de una crisis y cómo se superó (2019-2024) -que ya va en su segunda edición-, se encuentra Mario Marcel. Cuando se cumple un año de su salida adelantada del gobierno de Gabriel Boric -el 21 de agosto de 2025-, el exministro de Hacienda no solo repasa lo que fue su actuación en esa administración y su decisión de renunciar, sino que también ahonda en su visión del actual estado de la economía chilena y del impacto que tendrán las medidas que impulsa el Ejecutivo de José Antonio Kast, justo en la semana en que virtualmente concluyeron los últimos trámites que le faltaban a la megarreforma antes de ser ley, como son los vetos presidenciales y su paso por el Tribunal Constitucional (TC).

¿Por ahora su trabajo de consultorías sigue radicado solo en el exterior?

-Por el momento prefiero hacerlo para afuera, porque hacer consultoría en Chile siempre se presta para especulaciones de que por qué lo contrataron a uno.

Y participaciones en directorios, aparte del de ChileMujeres…

-De momento estoy en cosas más académicas, también en el CPI (Consejo de Políticas de Infraestructura), y ahora voy a empezar en el Consejo Académico del máster de Políticas Públicas de Ingeniería Industrial de la U. de Chile.

¿Excluye ser director de alguna empresa?

-No lo excluyo, pero trataría de que fuera algo lejano a lo que hice en el Ministerio de Hacienda, o sea, lejos del mundo más financiero.

¿Por qué escogió agosto del año pasado para renunciar y con qué antelación lo supo el presidente Boric?

-Lo habíamos conversado desde hacía algún tiempo. En el camino estuvo todo el tema del cierre fiscal de 2024, de la meta fiscal, de las acciones correctivas. Eso nos tomó hasta abril, y finalmente salí antes de entrar en la tierra derecha de la preparación del Presupuesto.

En la oposición de entonces hay quienes creen que escogió esa fecha para no poder ser acusado constitucionalmente una vez concluido el gobierno. ¿Qué responde a eso?

-Ni lo pensé, ni siquiera sabía cuánto era ese plazo. No recuerdo haber conversado con ningún ministro que ejerciera su cargo haciendo cálculos respecto de acusaciones constitucionales.

¿Quemó parte de su prestigio y de su capital técnico por participar en el gobierno de Boric?

-Cuando asumí me preguntaban por el tema del capital. Yo decía que el capital no es para atesorarlo indefinidamente, es para aplicarlo a algo. Y cuando el presidente me planteó entrar al gobierno, me pareció que podía agregar valor, no solo en los temas económicos, sino que en cuestiones más transversales.

Pero entonces perdió algo de ese capital…

-No sé, depende a ojo de quién. Si miramos los análisis más desapasionados de la economía chilena, la visión es bien distinta de la que se ve en el calor de la disputa política interna.

¿No se arrepiente, en alguna medida, de haber estado en el gobierno de Boric?

-No, no me arrepiento, porque siento que logré hacer una diferencia.

¿Y cuál fue esa diferencia?

-Haber logrado estabilizar la economía. Y haber ayudado a restablecer una base sobre la cual se podía pensar en crecimiento, en desarrollo del país. Ese era el momento más complejo de lo que en mi libro llamo el shock populista. Y bueno, se terminaron los retiros, se logró, junto con el Banco Central, bajar la inflación, estabilizamos las finanzas públicas.

Cuando dice que se logró contener el shock populista, ¿eso significa que pudo convencer a su propio sector? Porque su sector fue uno de los adalides de ese pulso populista.

-Primera cosa, yo diría que los retiros no se habrían aprobado si no hubieran tenido además votos de los parlamentarios del gobierno de la época. Segundo, el tema no fue solo el primer retiro, sino que las repeticiones posteriores. Y en eso el gobierno de Piñera no pudo ordenar a sus parlamentarios.

¿Cuánto compartía usted del ideario del Frente Amplio cuando llegó al gobierno?

-Nunca he sido del Frente Amplio, me salté una parte importante de su auge cuando yo estuve fuera de Chile, así que para mí el referente era el programa de gobierno y las conversaciones que tuve con el presidente. Y bueno, ahí era evidente que había cosas que iban a ser más viables y deseables, y otras no.

Pero como principio rector, ¿cuál de esas cosas sí lo impulsaban y lo siguen impulsando?

-Era un programa que buscaba generar mayor equidad en el país y que buscaba hacer reformas que ayudaran a consolidar un Estado de bienestar, particularmente en el campo de las pensiones. Cuando tuve estas conversaciones con el presidente, se llevó de mi biblioteca un libro de la historia de cómo se creó el Estado de bienestar en Inglaterra. Y eso al presidente es algo que lo sigue motivando y para mí también es un tema bien central.

¿La administración anterior fue mejor con su presencia en ella?

-Creo que ayudé a resolver un escenario que para el gobierno iba a ser muy difícil y que me parece que quienes habían estado en la campaña no habían aquilatado lo suficiente.

Y en cuanto a sus traspiés, ya ha admitido que sus dichos sobre la directora de la Dipres, Javiera Martínez, no la ayudaron, sino todo lo contrario…

-Fue algo que actuó como una suerte de pararrayo, que hizo que hubiese más atención o una actitud más negativa hacia Javiera, desgraciadamente.

Y lo otro que se le cobra fue su temprana apuesta por la primera nueva Constitución.

-Creo que en el fenómeno de la convención constitucional nos quedamos muy rápidamente en el resultado de la elección y poco en qué llevó hasta allá y qué significó para efectos de las posiciones que distintas personas tomaron. En aquel momento mi opinión, en buena medida, venía mucho de haber seguido la discusión económica y cómo se habían logrado evitar propuestas más extremas. Pero lo he dicho y lo repito aquí: la ciudadanía fue más sabia que muchos de los que apoyamos esa propuesta constitucional, porque se dio cuenta que había cosas que no iban a poder moderarse después.

Pero al mismo tiempo, ¿cuánto de esto se le pregunta a la derecha? ¿A cuánta gente del mundo económico, político, se le cobra por la segunda propuesta constitucional? Porque para mí el segundo proceso constitucional es peor que el primero, por una razón muy simple, porque ya se sabía lo que había pasado en el primero. Y además, ese consejo constitucional tenía la propuesta del comité de expertos, que concitaba bastante acuerdo, y no le hizo caso. Como país y como sistema político nos farreamos la oportunidad de generar esa casa de todos.

Más bien la tónica ha sido seguir por el camino de ir de un extremo al otro…

-Ese es un problema muy profundo que tenemos en Chile, que lo vemos en las acusaciones constitucionales, en las críticas a los gobiernos anteriores. Y es fundamental, porque tenemos un gran problema en materia de confianza, tanto en las instituciones, como a nivel interpersonal. Y este tipo de episodios políticos lo único que hace es exacerbar esa desconfianza. La desconfianza es la mayor enfermedad que tiene este país.

En el tema fiscal usted ha señalado que los incumplimientos de 2024 y 2025 tienen que ver con la caída de los ingresos y no con un descontrol del gasto. En ese sentido, hubo varias voces, incluido el CFA, que advirtieron de una sobrestimación de los ingresos, ¿por qué no los corrigieron?

-De partida, no mantuvimos el mismo ritmo de gasto. Hubo varias rondas de recortes, incluido el inédito acuerdo para recortar gastos en la discusión del Presupuesto 2025. En materia de ingresos, hacia 2024 era incierto el resultado de la Operación Renta. Uno habría esperado que fuera más positivo que el año anterior, pero no lo fue. Y además estábamos en la discusión de la ley de cumplimiento tributario, que tenía entre sus normas una serie de medidas que iban a generar ingresos una vez que se aprobara. Bueno, la Operación Renta fue más negativa y luego se demoró la aprobación del proyecto de cumplimiento tributario. Y en 2025 la caída se produjo en la parte final del año, sin dejar mucho margen. Pero lo que me llama la atención es que sigamos teniendo esta discusión, cuando se acaba de aprobar una ley que no es que tenga un problema de estimación de ingresos, es una ley que asegura que vamos a pasar ocho años de mayor déficit producto de su aprobación.

La discusión sigue, porque a usted se le consideraba un guardián de las cuentas fiscales.

-Y por la misma razón a nadie le dolió más que a mí.

Las alertas y denuncias que ha levantado el actual ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, contra el gobierno anterior en materia fiscal, ¿tienen sustento, cómo las califica?

-El ministro no tenía experiencia en el Ministerio de Hacienda, no tenía experiencia en el tema de las finanzas públicas. Probablemente se alarmó con algunas cosas que le informaron, pero si uno mira el informe de ejecución presupuestaria que salió hace un par de semanas y ve lo que ha sido la ejecución presupuestaria este año, lo que observa es que por el lado del gasto no hay ninguna anomalía, ni antes ni después del cambio de gobierno. Entonces, eso es la evidencia más clara de que aquí no había nada particularmente anormal, excepto, por supuesto, tener un Presupuesto apretado.

O sea, ¿más ruido que fondo?

-Sí, mucho ruido que a mí en algún momento me preocupó, porque hay gente que está observando desde afuera, las clasificadoras de riesgo, los inversionistas, y poner en duda las estadísticas fiscales más lo que perjudica al país que lo que beneficia políticamente.

Megarreforma

Ya la megarreforma del gobierno sorteó todas sus vallas y está lista para ser ley, ¿cuánto va a potenciar el crecimiento del país?

-Diría que cuánto aporte al crecimiento del país va a depender, en buena medida, de cuál sea su impacto fiscal. Porque si tenemos varios años de mayor déficit fiscal por esa causa, y aumenta el riesgo país, los costos financieros, eso tiene el efecto contrario al que se busca, que es estimular la inversión. Al no ser una rebaja tributaria compensada hay un riesgo, hay una apuesta, que veremos al final cómo resulta.

En el largo plazo la apuesta es que al generarse un mayor crecimiento del PIB, también se va a reencauzar el tema fiscal.

-Sí, pero quién piensa en 8 o 10 años más. Los temas fiscales normalmente se evalúan en plazos más cortos. Además, lo que se ha llamado el corazón de la reforma, que es la rebaja de la tasa corporativa, al final es un poco más de la mitad de su costo fiscal completo, porque tiene una serie de otras medidas: la reintegración, la rebaja del impuesto a las donaciones, la exención de contribuciones. Y trazar la relación de esas cosas con crecimiento es mucho más difícil que hacerlo respecto de la tasa corporativa.

Dicho eso, yo creo que la economía chilena hoy está en condiciones de crecer regularmente a 3%. Y viene siendo así desde 2024, cuando se expandió 2,8%.

Pero en 2025 no fue así…

-Pero creció 2,5% porque la minería fue negativa. El PIB no minero creció 3%. Y no ocurrió ningún desequilibrio que obligara a enfriar la economía. Y si durante la primera mitad de este año hemos crecido menos, es por los shocks de oferta de minería, agricultura y pesca, y por la baja del consumo después del bencinazo. Entonces, debiéramos ser capaces de volver al 3% probablemente hacia fines de este año (último trimestre), y 2027 también debería ser positivo, de no mediar otras turbulencias. Lo mismo con el avance de la inversión. Y eso es independiente de la megarreforma.

Entonces, ¿cuánto tendría que crecer la economía para que reconociéramos en ello un plus que le agregó la megarreforma?

-Me imagino que eso es lo que tiene en mente el ministro cuando plantea que hacia el final del periodo va a crecer al 4%.

Pero eso es lo que usted pone en duda…

-Claro. Ojalá pudiéramos lograrlo, pero tenemos un gran signo de interrogación sobre el tema fiscal.

Su sector llevó la norma de invariabilidad tributaria al TC, pero este zanjó validándola. ¿Es el triunfo final del gobierno en este proyecto que aprobó en cuatro meses?

-El TC impugnó tres normas que le daban gran discrecionalidad al Ministerio de Hacienda para ampliar el alcance de la invariabilidad, pero mantuvo el mecanismo. Descartada la inconstitucionalidad, se mantiene lo aprobado por el Congreso, por estrecha mayoría, pero aprobado al fin. No me cabe duda que habrá sido celebrado en el gobierno y en el mundo empresarial, pero a mí me preocupa el tema de fondo, pues este será un precedente para otras reformas legales en que se buscará dejar amarrada permanentemente una norma, aunque haya sido aprobada por estrecho margen, polarizando aún más la política local y alentando el péndulo político.

Además, yo vengo de una época en que se pensaba que las reformas tributarias tenían que concitar un apoyo amplio en el Congreso. ¿Y por qué? Bueno, porque uno lo que espera de una reforma tributaria es que sea capaz de perdurar en el tiempo. En este caso, eso desgraciadamente no ocurrió.

El adelanto del impuesto a las donaciones y el registro y repatriación de capitales, ¿van a recaudar lo previsto por el gobierno? Los asesores tributarios dicen que hay mucho interés...

-No me sorprende que haya entusiasmo de los asesores tributarios, porque ellos se ganan la vida haciendo estas cosas. Yo creo que capaz que hasta rinda más. El problema es que mientras más rinda en el corto plazo, más negativo va a ser el efecto en el mediano y largo plazo, porque va a ser menos lo que se va a poder recaudar en el futuro.

Pero ustedes también impulsaron un registro de capitales que estaban en el exterior.

-Sí, pero con tasas totalmente distintas. Nos preocupamos que en el reconocimiento de activos en el exterior la tasa sustitutiva fuera más alta que la que se había aplicado en el gobierno del presidente Piñera. Esta es más baja. Y además para la repatriación es una tasa de 5%, extraordinariamente baja.

¿Eso para usted es una campanada de alerta?

-Claro, porque uno tiene que estar preocupado no solo de lo que va a pasar este año, el próximo, o durante el actual gobierno. Las finanzas públicas continúan.

El gobierno ha anunciado también que está preparando una reforma al mercado de capitales. ¿Se requiere, en que ámbito?

-El mercado financiero es muy dinámico, muy innovador, y por lo tanto uno siempre tiene que ver qué ajustes necesita la regulación. Nosotros hicimos cosas que tenían más que ver con, llamémosle, la arquitectura del sistema. Pero en temas como capital de riesgo hay espacio para hacer cosas interesantes, porque en Chile uno de los problemas graves es que a empresas pequeñas o medianas exitosas les cuesta mucho crecer. Tanto por razones tributarias, regulatorias, como de financiamiento. Entonces, si del lado financiero se puede avanzar en ese sentido, sería algo positivo.

El ministro de Hacienda está creando una comisión para revisar el estatuto administrativo del sector público. Usted escribió una columna al respecto, ¿cuál es su planteamiento de fondo?

-El estatuto administrativo actual data del final de la dictadura, por lo que en casi 40 años hay muchas cosas que han cambiado. Y una de las cosas que ha cambiado es que hoy solo un 25% de los funcionarios civiles del gobierno central es de planta y el otro 75% es a contrata. Mi recomendación es abordar el tema con la lógica de gestión de recursos humanos y esta no se limita al despido.

¿No está sobredotado el Estado chileno?

-En la comparación internacional, el Estado chileno parece bastante moderado en su tamaño como empleador, como gasto, etc. Además, uno tiene que hacer una distinción entre el personal que ejerce potestades públicas, que fiscaliza, que regula, que aplica multas, que dicta normas; de aquel que presta servicios a la población. Esa es una distinción que todos los países que tienen servicios civil profesionalizados la hacen. Por lo tanto, deberíamos pensar en que hubiese regímenes estatutarios distintos para un tipo de funcionario versus el otro.

El ministro Quiroz dice que ya recortaron US$2 mil millones de gasto fiscal en estos cinco meses de gobierno. ¿Valora eso?

-La verdad es que no lo entiendo, porque en el último Informe de Finanzas (IFP) Públicas se proyecta un gasto para 2026 que es US$700 millones mayor a lo presupuestado. Entonces, si se han cortado US$2 mil millones, pero el nivel de gasto va a ser US$700 millones mayor, para mí eso no es un recorte, es una reasignación. Además, tenemos que tener claro cuánto realmente va a ser el recorte este año, porque puede ser que en un momento uno corte en un ministerio, pero después tenga que reponer recursos ahí.

Entonces, ¿no es efectivo ese recorte de US$2 mil millones?

-La única manera de conciliar esas dos afirmaciones (la proyección de gasto del IFP y el monto de recorte del que habla el gobierno), es decir esos US$2 mil millones es plata que se ha reasignado, que ha financiado otras cosas, por ejemplo, emergencias, las medidas compensatorias por el alza de los combustibles, o lo que se ha ocupado del Mepco.

Así las cosas, ¿llegar a los US$ 6.000 millones de recortes que se planteó como meta en esta materia es factible?

-Me sigue pareciendo difícil, por no decir imposible, sin modificaciones legales que cambien algunos compromisos establecidos legislativamente. Ahora, algunos proyectos de ley para hacer eso existen. Está el de reforma paramétrica del subsidio por incapacidad laboral, por ejemplo, que se presentó cuando yo todavía era ministro.

¿Hay ahí una oportunidad?

-Claro. Quizás por esta lógica un poco refundacional, o por hacer el contraste con el gobierno anterior, hay varios proyectos que se han congelado, por no decir abandonado en algunos casos, pero que se hacen cargo de temas que hoy preocupan. Por ejemplo, el de las apuestas en línea, el de la Agencia de Calidad de Políticas Públicas. El caso más dramático es el del proyecto de Inteligencia Económica, porque está en tercer trámite constitucional y cuando el presidente acaba de hacer una cadena para decir todo lo que se hará para combatir el crimen organizado, ni siquiera lo menciona. Uno tiene que tener la capacidad para decir ‘voy a tomar esto, lo inició el gobierno anterior, pero me sirve para algo que el país necesita’.

¿Cómo ha visto el avance del ministro Quiroz en los temas que está planteando y los varios frentes que busca abordar?

-Él partió con una convicción muy clara respecto de la megarreforma, y creo que la agenda respecto de estos otros temas se está armando. Vamos a tener que ver bien en qué dirección avanza, pero es de la esencia del Ministerio de Hacienda estar jugando en varias canchas a la vez.

¿Y su evaluación hasta ahora de él y del manejo del gobierno?

-No me gusta la idea de exministros de Hacienda que evalúan a sus sucesores. Y respecto del gobierno en general, creo que es un gobierno al que le ha costado hacer la transición desde campaña a gobernar, y eso se ha notado en distintos planos. Pero con el curso del tiempo va a ir aprendiendo esa función de gobernar. Lo que pasó en los primeros meses no tiene por qué ser la pauta de cómo va a seguir hacia adelante. Y ojalá que ese camino que siga hacia adelante vaya más en la dirección de buscar acuerdos, de generar reformas que perduren en función de la amplitud de su convocatoria, que de lo contrario.

¿Cómo ve al país al fin de este gobierno?

-Hay varios escenarios posibles. Creo que vamos a tener una economía que va a estar más robusta. Eso en cualquiera de los escenarios, salvo que tengamos shocks de otro tipo. Ahora, ¿cuánto de eso va a ser sostenible o no va a ser contrarrestado con otros problemas como los fiscales que hablábamos? Eso ya abre escenarios alternativos.

¿Cuál es su mayor esperanza respecto de Chile mirando hacia adelante?

-Mi mayor esperanza es que logremos hacernos cargo del tema de la desconfianza. Que veamos la generación de confianza en las instituciones, las personas al interior de la economía, como algo que debiera ser una prioridad estratégica que deberíamos ser capaces de compartir en un espectro amplio del mundo político.

¿Y su principal temor?

-Mi principal temor es que esta dinámica pendular del país no solo se mantenga, sino que se acentúe en el tiempo.

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