Los seis factores que incidieron en el cambio de gabinete

Piñera en las últimas horas manejó varios escenarios: un cambio acotado, que sólo afectara a carteras sectoriales, o un cambio profundo, que afectara a ministerios estratégicos. La duda la mantuvo hasta última hora, aunque finalmente se decantó por una fórmula intermedia: no toca el corazón del comité político pero sí el equipo económico, en línea con la caída en las expectativas que marcaban la agenda pública de las últimas semanas. En total fueron 6 cambios ministeriales, de los cuales dos fueron enroques entre actuales secretarios de Estado.




1. Las encuestas pavimentan el cambio

El escenario post cuenta pública era uno de los factores que manejaban en La Moneda para definir si se realizaría una modificación en el equipo y, de ser así, cuál sería la magnitud de la misma. El panorama tras ese mensaje presidencial se tornó complejo, al menos en las encuestas. Según la medición de Cadem, el Presidente Sebastián Piñera no logró mejorar su nivel de respaldo significativamente, pese a tratarse de un hito que generalmente logra apuntalar el respaldo presidencial. Así, si en mayo el respaldo se había estabilizado en 33%, en la última medición de esta semana apenas subió a 34%.

Un indicador que se suma a lo mostrado la semana anterior por Criteria, que en su registro mensual de mayo mostró a Piñera por primera vez bajo el umbral del 30% (28%). Y que se reforzó durante este mismo jueves luego que la encuesta CEP –cuyo trabajo de campo se realizó durante el mes de mayo- reflejara una caída respecto al sondeo de noviembre pasado desde el 37  al 25% en la aprobación presidencial, mientras que el rechazo llegó al 50%.

Esto, sumado a la baja aprobación del gabinete –sólo un 29% de apoyo, según la última Cadem- configuraron el escenario de que un cambio era ineludible, y alimentaron la idea de que la cirugía sería mayor. Desde el propio oficialismo instalaron la idea de que había que remozar el comité político y que, dada la caída en las expectativas, había que tocar el equipo económico.

Piñera en las últimas horas manejó varios escenarios: un cambio acotado, que sólo afectara a carteras sectoriales, o un cambio profundo, que afectara a ministerios estratégicos. La duda la mantuvo hasta última hora, aunque finalmente se decantó por una fórmula intermedia: no toca el corazón del comité político pero sí el equipo económico, en línea con la caída en las expectativas que marcaban la agenda pública de las últimas semanas. En total fueron seis cambios ministeriales, de los cuales dos fueron enroques entre actuales secretarios de Estado.

2. Apoquindo 3000 no se toca

Una de las claves del éxito del triunfo de Piñera fue el "fiato" que existió entre el equipo que lo acompañó tras dejar el gobierno en marzo de 2014. El trío integrado por Andrés Chadwick, Gonzalo Blumel y Cecilia Pérez trabajó coordinadamente durante todo el gobierno de Bachelet, luego en la campaña y fueron ellos los elegidos para el comité político.

En las últimas semanas, sin embargo, el sorpresivo rol de Blumel (Segpres) reemplazando a Pérez (Segegob) en la vocería post cuenta pública presidencial alimentó la posibilidad de que el ajuste impactara en el corazón de Palacio. Una sensación que recorrió también los pasillos de los partidos oficialistas, donde daban a entender que en esta ocasión si era posible que Piñera rompiera su círculo de hierro.

"Pese a (Pérez) que ha hecho una gestión sin grandes chascarros -lo del caso Catrillanca fue un problema estructural-, su impronta, su capacidad de incidir en la opinión pública, se ha debilitado mucho", decía el lunes el analista Max Colodro, agregando que Blumel "podría servir mejor en la vocería de gobierno, dado que, además, hay un problema en ese rol".

"Con alguna frecuencia se tiende a culpar a las comunicaciones por problemas que no necesariamente son comunicacionales", planteó en tanto Cristina Bitar, socia de Azerta Comunicaciones y exasesora de campaña de Joaquín Lavín (2005). "No veo por qué tenga que ser condición cambiar la vocería cada vez que hay un ajuste en el equipo político. Eso es la solución fácil, una aspirina, y no resuelve los problemas de fondo", señaló. ¿Significa eso que no hay que tocar ninguno de los patios de La Moneda? Para nada. "El problema es de gestión política", advirtió en aquel entonces.

En los últimos días, el Mandatario sostuvo varias conversaciones con su círculo de confianza, con quienes debatió los tiempos del cambio e incluso la magnitud que debería tener éste. El jefe de Estado les entregó señales de que continuarían en sus cargos, aunque hasta última hora estaba sobre la mesa la opción de que algunos de ellos fueran parte de enroques ministeriales. Finalmente, sin embargo, Piñera optó por no tocar al equipo que lo acompaña desde el trabajo que realizó la Fundación Avanza Chile a partir de 2014.

3. El golpe de las expectativas y señal al mundo empresarial

El tema económico fue uno de los ejes de la campaña presidencial de Sebastián Piñera, que se vio reflejado en el slogan de "Tiempos Mejores".  Pero, según reconocen en el propio gobierno, la alta expectativa que se generó en ese rubro ha terminado siendo un flanco permanente de críticas. Por esta misma razón es que La Moneda ha hecho esfuerzos, en más de una oportunidad, por potenciar dicha área en lo comunicacional, impulsando conceptos como "Chile lo hacemos todo" y "Chile en marcha".

Se esperaba que el sinceramiento de las expectativas realizado por el Presidente en la Cuenta Pública tranquilizara las aguas, pero eso no sucedió. Con el mismo objetivo se hizo la apuesta para potenciar el área de obras públicas e infraestructura. No obstante, la sensación de no haber cumplido con lo prometido se mantuvo en la palestra y se reforzó la semana pasada, luego que el Banco Central impulsara una inédita baja en las tasas con el objetivo de reimpulsar la actividad económica. Un escenario que además se confirmó en la encuesta CEP, que mostró que sólo un 23% de los encuestados cree que Chile está progresando (7 puntos menos que en noviembre pasado).

La posibilidad de remover al propio Larraín o al titular de Economía, José Ramón Valente, iba entonces en línea con la idea de dar señales que provocaran un golpe de efecto en esta materia. El tema fue abordado en los análisis que el comité político realizó esta semana, donde habían posturas divergentes respecto a intervenir o no el área económica. Finalmente, respecto al titular de Hacienda, primó la tesis más cautelosa, coincidente con la mirada de que cambiarlo podía generar un efecto contraproducente. El dañado terminó siendo Valente, protagonista de varios yerros comunicacionales que lo convirtieron incluso en foco de críticas en su propio sector.

La llegada de Fontaine a Economía -quien ya ocupó el cargo en el primer gobierno- y el traslado de Alfredo Moreno a Obras Públicas supone además una fuerte señal hacia el mundo empresarial, en línea con la idea de reforzar la reactivación de inversiones del mundo privado, que a su vez gatillen el reimpulso de la actividad económica.

4. Salen cercanos, vuelven ex ministros

En privado, Sebastián Piñera ha comentado que le costó mucho pedirle la renuncia a su exministro de Educación Gerardo Varela, quien dejó el gobierno el 9 de agosto tras una serie de controvertidas intervenciones públicas. Entre él y Varela existía amistad y confianza, pero los errores comunicacionales del abogado terminaron por imponerse.

Cercanos al Presidente señalan que la relación humana juega hoy un rol preponderante en las decisiones que adopta el Mandatario, mucho más de lo que muchos piensan y en mayor magnitud que lo que fue en su primer gobierno.

Por ejemplo, en Palacio subrayan la gran relación de amistad entre el Mandatario y el canciller Roberto Ampuero. Por eso, su salida del gabinete supone una derrota personal para el Mandatario, pues la decisión de ponerlo en Relaciones Exteriores fue sorpresiva y no contó con el aval del oficialismo en su momento.

Un escenario de similares características, advierten en el gobierno, ocurre con Emilio Santelices y Susana Jiménez, respecto a quienes Piñera tenía un alto concepto personal y de quienes valoraba el esfuerzo y dedicación que pusieron en sus labores. Pese a ello, finalmente optó por sacarlos de sus cargos, rompiendo un componente afectivo que había sido destacado como un sello de su segunda administración.

Por contrapartida, el Mandatario apostó en esta ocasión por no experimentar y recurrió a tres ex ministros -Jaime Mañalich, Teodoro Ribera y Juan Carlos Jobet- y apostó por varios enroques. Todo, en línea con un mensaje que transmitió en los últimos días: la necesidad de que quienes llegaran al gabinete no necesitaran tiempo de adaptación y "se montaran en el caballo" inmediatamente. La única excepción fue Sebastián Sichel, quien sin embargo, llevaba más de un año a cargo de Corfo.

5. Sichel, la sorpresa

Justo en la semana que José Antonio Kast oficializó la creación de un partido que condicionará a Chile Vamos desde su flanco derecho, Piñera dio una señal de ampliación de los márgenes del oficialismo pero en sentido contrario, al incorporar al vicepresidente ejecutivo de Corfo, Sebastián Sichel, en el Ministerio de Desarrollo Social.

El abogado, cuyo origen político se sitúa en la DC, fue uno de los militantes de Ciudadanos que encabezaron el éxodo hacia el gobierno en medio de la tensión interna que se provocó con el bando que lideraba Andrés Velasco. Su incorporación al gabinete -con presencia incluso en el comité político- va en línea con la histórica voluntad de Piñera de ampliar las bases de apoyo del oficialismo hacia el centro político.

6. Chile Vamos, lejos de las decisiones

Al igual que en el primer cambio de gabinete de su segunda administración, los partidos de Chile Vamos no fueron consultados por Sebastián Piñera a la hora de diseñar el nuevo equipo ministerial. De hecho, recién minutos antes de que comenzara la ceremonia en el salón Montt Varas de La Moneda, se les confirmó a las colectividades oficialistas del ajuste y sus alcances.

La antesala, había sido distinta a otras ocasiones, con parlamentarios y dirigentes oficialistas fijando sus prioridades en público –en la UDI plantearon la necesidad de modificar el equipo político- y con más de alguno levantando críticas directas a ministros, como el caso del senador RN Manuel José Ossandón, que en las últimas horas pidió consecutivamente la salida de Alfredo Moreno y José Ramón Valente.

Las apuestas oficialistas, sin embargo, fueron erradas. Los cambios no apuntaron en el sentido que ellos creían, aunque tampoco afectaron significativamente los equilibrios políticos originales. Una primera lectura sitúa como principal beneficiado a RN, ya que a sus cinco ministros de gran identificación partidaria (Cecilia Pérez, Alberto Espina, Cristián Monckeberg, Baldo Prokurica y Nicolás Monckeberg) suma un sexto militante histórico: Teodoro Ribera. En Evópoli, en tanto, sacaban cuentas alegres con Juan Carlos Jobet, a quien sitúan como cercano al partido. La UDI, en tanto, mantiene a Andrés Chadwick, Hernán Larraín, Felipe Ward e Isabel Plá, pero ve partir a dos que si bien no eran militantes eran vistos como cercanos al partido, como Susana Jiménez y José Ramón Valente.

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