Cómo leer un libro en la universidad

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Lecturas.

Se acerca marzo y centenares de miles de nuevas y nuevos mechones van a llegar a los primeros días de universidad a tener que leer textos diferentes a los que estudiaron en el colegio. Entender esos textos será muchas veces un trabajo cuesta arriba y un stress. Acá algunas pistas para hacer más llevadero ese proceso.



Llega el primer día de clase y más que el temor al mechoneo lo que realmente aterra a la mechona o el mechón es el listado de libros por leer para el semestre. Se ha pasado de lecturas de textos escolares a los autores propiamente tales de las ideas que habrá que aprender en los estudios superiores. Cosas como La estructura de las revoluciones científicas, La república de Platón, o incluso el Manifiesto comunista, libros que son best sellers académicos según el Open Syllabus Project (OSP), serán un quebradero de cabezas en particular sobre ese temido primer semestre.

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Leer será una actividad compleja, en particular porque serán textos de naturaleza menos conocida por las y los estudiantes. En este artículo de Práctico entregamos algunas pistas —a partir del conocimiento de más de 20 años como profesor universitario de su autor— para que el camino se haga un poco más fácil.

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Ilustración: César Mejías.[/caption]

Skimming y Scanning

Se suele pensar que la lectura de un texto siempre debe realizarse de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo página por página. Sin embargo, una manera de hacer un primer ingreso a ese libro que nos atemoriza corresponde a lecturas en otro orden y más superficiales, pero no por eso menos efectivas en principio. Sobre todo, si se trata de manuales, estos tienen una estructura —por ejemplo, de capítulos— y una serie de orientadores —como el uso de títulos, negrita, gráficos, recuadros— que permiten y facilitan una primera revisión somera que puede dar una idea general sobre su contenido. Así, la lectura de skimming, como se la conoce en inglés, consiste en hojear el texto completo, pasando página por página o saltándose páginas, atendiendo a los párrafos iniciales y finales de cada sección de manera de entender de modo más o menos global de qué va el texto, tal como cuando uno hojea un libro en la librería para ver si te interesa y lo quieres comprar.

La lectura de scanning, por su parte, es aquella en que buscamos una información específica, como un dato, una cifra, un gráfico, una fecha, el nombre de una autora dentro del texto.

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Lecturas.[/caption]

Líneas, entre líneas, tras las líneas

El especialista español en lectura académica o universitaria Daniel Cassany ha ocupado a menudo una metáfora para referirse a tres habilidades lectoras que siempre debemos desplegar para entender bien lo que leemos. La primera es la habilidad de leer las líneas, esto es el contenido explícito del texto. A esto se le denomina también lectura de localización y considera lo que el texto dice de manera directa. Corresponde a todo aquello que se podría subrayar: fechas, datos, nombres, afirmaciones. La lectura de las líneas permite detectar la información relevante del libro que merece ser recordada.

La segunda habilidad es más alusiva, consiste en leer entre líneas, esto es, todo aquello que el texto no dice directamente (no se puede subrayar), sino que insinúa o que se infiere. Por eso a esta habilidad se le suele llamar interpretativa o inferencial y ocurre, en particular, en textos de carácter literario, como novelas o poemas. Hemingway llamaba a esto el iceberg, porque lo explícito o las líneas era lo que el texto decía, pero había, tal como en los icebergs de la naturaleza, un 90% de su contenido que se hallaba bajo la línea del agua, oculto, secreto. Leer entre líneas supone, a menudo información que uno mismo agrega para entender lo que se dice. Si, tomando un ejemplo de la psicolingüística, uno lee un pequeño relato que dice: "La actriz cayó del segundo piso. Hoy le llevamos chocolates al hospital", uno debe entender que la actriz sufrió algún tipo de daño (contusiones, fracturas), pero que sobrevivió y por eso está en la clínica. Esto último no puede ser subrayado en el texto porque debe inferirse.

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Por último, existe una habilidad de lectura que corresponde a leer tras las líneas, que se denomina también como lectura evaluativa. En ella vamos más allá del texto, a la relación de ese texto con otros textos, con la experiencia, y con el mundo. Considera poner el texto en contexto. ¿Con qué otros textos este texto dialoga o conversa? ¿Hay algún otro autor que trata los mismos temas? ¿Qué es lo que tiene en mente como propósito quién escribe? Por ejemplo, cuando se lee El Aleph de Borges, hay que considerar que este cuento es una respuesta al Canto general de Neruda, y ahí aparecen nuevos elementos para comprender. Leer tras las líneas supone integrar lo que estamos leyendo con otras lecturas y, en el fondo, armarse una biblioteca ordenada en la mente de las diferentes lecturas que realizamos en la universidad.

Haciendo fichas

Todas las técnicas o habilidades mencionadas no pueden quedar solo en la mente de la universitaria o el universitario, deben llevar a escribir sus propios textos. Por eso, para concluir el proceso, es sumamente útil elaborar fichas de lectura. Esto se puede hacer simplemente en un Word, o en las mismas fotocopias del libro leído. Si bien las fichas son siempre muy personales, en ellas al menos deberían encontrarse elementos como los siguientes [el detalle de estos elementos está extraído de materiales preparados por profesores universitarios chilenos y circula en apuntes de clases en varios centros de educación superior]:

1) La referencia bibliográfica del texto (en APA, en MLA, en Chicago o en otro sistema de citación)

Si uno está haciendo la ficha sobre las fotocopias, esta referencia se pone en la primera página, no vaya a ser que volvemos a ese texto diez años más tarde y no tenemos idea de dónde viene.

2) Contextualización

El problema central del texto o el contenido central que expone suelen estar enmarcados en un tipo de discusión específica. Por ejemplo, una definición de un concepto. Delimitar ese marco general.

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3) Principales propuestas

Sintetizar o esquematizar los principales contenidos o tesis que el(los) autor(es) proponga(n) o defienda(n) a través del texto. Por lo general se puede encontrar una idea central esquematizable en varias ideas que la constituyen.

4) Cuestionamientos planteados por el texto

En gran parte de los textos, para llegar a presentar tesis o conceptos nuevos se muestran debilidades de teorías anteriores, vacíos o contradicciones que la propuesta intenta solucionar. Estos cuestionamientos forman parte del razonamiento detrás de la teoría.

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5) Citas

Es útil fichar algunas citas textuales para comentarlas y ubicarlas con mayor facilidad. Muy pertinente para elaborar marcos teóricos, ensayos o exposiciones. En el caso de las fichas hechas sobre fotocopias, esto se hace subrayando con un destacador (ojalá en más de un color, para diferentes tipos de citas).

6) Preguntas de lectura

Esta parte es fundamental, porque revela los diálogos que como lector se puede establecer con los textos (y nos obliga a establecerlos). Se trata de exponer las preguntas de lectura (ya sean cuestionamientos a la propuesta o preguntas que busquen esclarecer elementos que hayan resultado de difícil comprensión); así como también relacionar las lecturas con otras propuestas teóricas.

7) Resumen

Síntesis de las principales ideas expuestas a lo largo del texto.

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Cuando se opera de esta manera sucede una magia: ¡se está escribiendo al mismo tiempo que leyendo! Así, cuando uno debe escribir el trabajo final del curso o la temida tesis ya tiene el escrito avanzado y muchas veces uno lo que debe hacer es migrar (o hacer copy & paste) desde sus fichas para avanzar en la escritura. Algo que ayuda a superar el trauma de la página en blanco.

Sobre el autor:

Doctor en Lingüística, Investigador del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Chile y autor de The Libro y Clásicos AM: historia de la balada romántica latinoamericana.

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