El supuesto que tiene implícito el Banco Central para el gasto público en 2022

22 Abril 2010 Fachada del Ministerio de Hacienda Foto Ximena Nava

El proyecto de ley de presupuesto se conocerá a fines de este mes. De acuerdo a los economistas, será clave para la calibración de la política monetaria saber en qué nivel se ubicará el erario fiscal.




La política fiscal juega un rol importante en las decisiones para la orientación que tendrá la política monetaria en lo venidero. Y eso fue lo que delineó el Banco Central en su Informe de Política Monetaria (IPoM) de septiembre.

En el escenario central, menciona que “se supone que la política fiscal iniciará una trayectoria de convergencia hacia cifras de gasto y déficit acordes con la regla de balance estructural, según lo estipulado en el Informe de Finanzas Públicas y lo recomendado por el Consejo Fiscal Autónomo”, dice y acota que “esta trayectoria cobra relevancia no solo por los impactos de la política fiscal en el gasto privado, sino también por sus implicancias sobre las variables del mercado financiero, en particular la evolución de las tasas de interés de largo plazo y el tipo de cambio”.

Así, resaltó que al igual que en el IPoM de junio, uno de los riesgos identificados en esta entrega es la evolución de las finanzas públicas no sea clara sobre su estabilización en el largo plazo. En ese caso, advierte el Central, es posible observar no solo mayores presiones de gasto que las previstas en el escenario central, sino también la amplificación de los impactos en el mercado financiero. “En esa situación, las mayores presiones inflacionarias llevarían a la necesidad de un aumento más acelerado de la Tasa de Interés pese a lo cual la inflación no alcanzaría a converger a la meta de política dentro del horizonte de dos años”.

¿Pero cuál es el supuesto implícito que tiene el Banco Central para el crecimiento del gasto público en 2022?. De acuerdo a un informe de Santander, “el escenario base del informe, sobre el cual descansa el cambio de estrategia para las alzas de tasas, está altamente condicionado por la fuerte expansión del gasto público este año, que superará el 30%”.

01 DE SEPTIEMBRE DE 2021/VALPARAISO Vista general de la sesión especial del Senado, en donde el Banco Central entrega su Informe de Política Monetaria. FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

No obstante, acota que “si bien hacia adelante el escenario del IPoM considera una convergencia fiscal de vuelta hacia la meta estructural, lo cierto es que ello requeriría una contracción muy severa del impulso fiscal: una caída del gasto de más de 25%”.

En ese contexto añaden que “si eso se materializa, es probable que la economía tenga un freno más intenso que el considerado en el informe, lo cual implicaría un espacio muy limitado para continuar con el proceso de incrementos de tasa en 2022”.

Para Santander, dado este cuadro, es posible que “el Consejo deba pausar el retiro bastante antes de lo delineado en su nueva estrategia, con la TPM por debajo de su nivel neutral”.

Como contrapartida, advierte que “si no se produce un ajuste sustantivo al gasto, la deuda pública se podría encaminar a una trayectoria divergente, con presiones al alza adicionales sobre el tipo de cambio y las tasas de largo plazo. En este caso, el instituto emisor deberá llevar su política a un terreno derechamente contractivo, tal como lo plantean en su escenario central”.

Tomás Flores, economista de LyD, enfatiza que una reducción del gasto público, “de a lo menos 25%, no sólo es posible, sino imprescindible para lograr reducir el déficit estructural desde 11,2% del PIB en el presente año hasta 3,9% del PIB en 2022”, indica. En este punto explica que “esta reducción del gasto público se genera a partir del cese de las transferencias fiscales generadas por la pandemia, que es un evento transitorio. Mantener esas transferencias de manera permanente generará un desequilibrio fiscal imposible de ser financiado”.

Pavel Castillo, gerente de Estudios de Corpa, comparte esa proyección y afirma que “el escenario del IPoM contempla que el gasto fiscal se contraerá en torno a 25% el próximo año. En un contexto con un nuevo gobierno que enfrentará altas presiones de gasto, este supuesto parece fuerte, lo que obligaría al BC a llevar la tasa a niveles bastante mayores que los neutrales”.

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