AIRA: Inteligencia artificial aplicada al reclutamiento de personal

Gonzalo Sanzana estaba en Inglaterra y tenía que decidir si aceptar una beca para un doctorado en la U. de Frankfurt o volver a Chile a concretar su idea. Decidió lo segundo y formó AIRA, empresa que proyecta facturar más de US$3 millones en 2019.


EL Támesis se veía algo gris en esa tarde de primavera de 2015. Gonzalo Sanzana, con una mirada perdida en el río, pensaba en la decisión que tenía que tomar.

Tres años antes, había renunciado a su puesto en Chile. En ese entonces, era gerente en una multinacional tecnológica y tenía a su cargo varios países de la región.

Pero en vez de seguir su carrera en la compañía (le ofrecieron la gerencia general), renunció. Y con sus metódicos ahorros dio una vuelta al mundo por un año.

Literalmente… conoció más de 60 países. Luego, se instaló en Europa y vivió en Holanda y Londres.

Este ingeniero industrial de la Universidad de Chile y oriundo de Maipú, tenía que decidir si aceptaba el ofrecimiento de tomar un doctorado en la Escuela de Negocios de la Universidad de Frankfurt (Alemania), 100% becado; o bien, volver a Chile y armar una empresa que solucionara un problema que él había palpado en diferentes lugares donde había trabajado: lograr un reclutamiento de personal óptimo y encontrar exactamente el perfil que se necesita. Ojalá, con un sólo click.

Tomó la segunda opción. Viajó a Chile con su pareja holandesa, la antropóloga Hester Borm, y una vez en Santiago, se unieron con el ingeniero civil en computación Agustín Almonte, para darle forma a la idea.

“Si bien había ahorrado mucho, llegué a Chile en números rojos”, dice Gonzalo. De hecho, debido a su buen currículo, le ofrecieron gerencias e incluso ser parte de directorios.

No aceptó. “Estaba seguro de que lo que armaríamos le iría bien. Investigamos mucho e incluso, en Inglaterra y Holanda -líderes de innovación- no tenían una tecnología que mejorara el reclutamiento.

¡Menos estaba resuelto en América Latina!”, dice. Pero como no tenía caja no la pasó bien los primeros meses. “Llegué con las ‘patas y el buche’. Tuve que volver a pararme”, confiesa.

Sacaron cuentas y se dieron cuenta de que era un mercado de US$8 billones. AIRA (Artificial Intelligence Recruitment Assistant) partió en febrero de 2016.

La decisión final es humana

Formularon un prototipo y comenzaron a venderlo rápidamente, logrando el interés de grandes empresas, como el grupo Falabella y comenzó a correrse la voz.

Se ganaron un capital semilla de Corfo y postularon a Y Combinator  (acelerador de semillas estadounidense). Cuando AIRA tenía dos meses de vida, estaban en Silicon Valley en una entrevista que duró sólo 10 minutos.

“Pocas startups han llegado allá. Estábamos súper inmaduros, pero nos dieron muchos consejos ilustrativos”.

No se fueron por el camino de los fondos de inversión. Gonzalo recibía buenos honorarios por charlas, consultorías y clases en el extranjero y casi todo se iba para AIRA, que seguían vendiendo sus servicios.

El sistema funciona de la siguiente manera: una empresa ofrece un empleo en un portal especial de AIRA, lo que dispara la solicitud a varios portales de empleo, redes sociales y otros espacios.

Todas las postulaciones llegan a un lugar centralizado. No hay mucho de nuevo hasta ahí, pero lo diferente viene con la lectura de los CV. Un sistema de Inteligencia Artificial los desmenuza, analiza y realiza chequeos de su contenido.

A cada candidato le pone un puntaje y los mejores rankeados reciben un mensaje para responder preguntas del reclutador, el cual ni siquiera lee las respuestas. AIRA lo hace y, nuevamente le pone puntajes. A los mejores de esta nueva etapa se les hace una entrevista virtual por su celular o computador.

Aquí viene el segundo secreto: la puesta en marcha de modelos de “Emotion Analytics”. O sea, analiza las actitudes y emociones que transmite un candidato en su entrevista en video. “Por ejemplo, si estoy postulando para gerente comercial, mis aptitudes de liderazgo son diferentes a un analista en logística.

Durante la entrevista, AIRA está midiendo en todo momento al candidato”, dice Gonzalo. Y obviamente, como es Inteligencia Artificial, va aprendiendo con el tiempo (Machine Learning).

Finalmente, al cliente le llega un ranking de los mejores candidatos y el mismo elige al ganador. “AIRA no pretende reemplazar a nadie, es una ayuda”, se apura a aclarar Gonzalo, y ejemplifica:

“Cuando compras en Amazon, la plataforma te recomienda un producto para ti o te comenta la gente que lo compró. Pero la elección la hace el usuario. La idea es tomar lo mejor de la máquina, pero la decisión es humana”.

Meta 2019

Todo el desarrollo tecnológico ha sido hecho por sus fundadores y su equipo (17 personas). Las empresas firman un contrato anual (generalmente dos años) y el precio depende de la cantidad de reclutamientos. Actualmente tienen 70 clientes y oficinas en México, Perú, Chile y a punto de abrir Colombia.

En Chile, las áreas de RRHH de Entel, BancoEstado, Falabella y Anglo American son algunas que han dejado parte de su reclutamiento en manos del algoritmo de AIRA.

Este año ya llevan más de US$1 millón facturados y proyectan entre US$3 millones y US$4 millones para 2019, debido a que están comenzando un gran impulso, apalancado por su reciente apertura en México.

“Los contratos que acabamos de cerrar en ese país nos harán crecer mucho para 2019”, explica Gonzalo.

“Hemos crecido muy de boca en boca. De hecho, uno de nuestros clientes empresas nos contó que había llegado a nosotros porque al entrevistar a un candidato para un cargo, esa persona les preguntó que para que lo hacían, si podían ocupar AIRA”, cuenta Sanzana, desde la oficina de esta startup, ubicada en una casona en Pedro de Valdivia Norte, lugar donde comparten con otras startups similares.

Están viendo una ronda de inversión y dependiendo del monto, decidirán si atacar o no Brasil. ¿No le darán ganas a Gonzalo de darse de nuevo un “viajecito” por el mundo?  “A veces sí, pero lo que estamos haciendo es muy importante: mejorando el talento en las empresas.

Además, mi realidad podría haber sido distinta tomando en cuenta el segmento social de donde provengo. Conozco varios países, trabajo en la punta de la tecnología y ahora estoy dando una entrevista. No necesito más, estoy feliz con lo que tengo. Quizá… (dice riendo) descansar un poco”.

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