Gonzalo Restini

Gonzalo Restini

Empresario y panelista de Información Privilegiada de Radio Duna

Pulso

La madre de todas las batallas


La Modernización Tributaria aún no termina de despegar cuando ya se habla de emprender la Reforma de Pensiones. Esta es, sin dudas, la más urgente e importante de las iniciativas que debe tomar el gobierno. Las AFP fueron el artífice del modelo de desarrollo chileno. Su stock de recursos permitió entregar financiamiento a tasas de interés bajas y capital para financiar empresas y proyectos. La viga maestra, revolucionó, al mismo tiempo, la industria financiera y la real.

El país creció. Los cotizantes participaron de los resultados, obteniendo buenos retornos al hacerse “socios” de esos proyectos. Un círculo virtuoso en el que todos han ganado. La gallina de los huevos de oro había nacido.

Al salir del horno los primeros pensionados del sistema, sin embargo, han habido problemas. Las AFP han cumplido con su mandato, entregando buenos retornos a costos de administración progresivamente bajos.

Aún así, por problemas en el mercado del trabajo, ha entrado menos agua que la prevista a la piscina de las cotizaciones. Lagunas y ausencia de cotización de independientes y trabajadores del Estado harán que, en muchos casos, la promesa de una jubilación razonable sea imposible.

En 10 años de ausencia de medidas correctivas, se han acumulado fuerzas tectónicas que amenazan con descarrilar todo. Una población que envejece, menores retornos de los activos y la frustración de sueños de jubilación poco realistas. A ello se han sumado los Quijotes profesionales que, en base a mañosos argumentos, han hecho de la destrucción de las AFP su cruzada, después de (¡oh, que ironía Sancho¡) haber tomado Coca Cola y cobrado las dietas en las mesas de sus directorios.

Para terminar el explosivo cocktail, aparecen los políticos, que se suben al carro. La mayor parte por elementos ideológicos. Otros por ingenuidad e ignorancia. Los más hábiles, por oportunismo. Se soban las manos pensando en qué harían con un pozo de 70% del PGB, la mayor piñata de la historia. Los detractores se han acumulado de la DC a la izquierda, partiendo por los ojos de fuego (¿o hielo?) de la ex ministra Krauss, con su centelleante “ni un peso más…”.

Hay un escenario extremo. En un ambiente cargado, de desorden conceptual, donde es difícil distinguir falsos predicadores de sensatos técnicos, los “buenos motivos” para echar mano a la gran piñata no van a faltar, como ocurrió en Polonia, Hungría y Argentina. Si, en algunos años más, por una desafortunada cadena de hechos, se sigue a los flautistas de Hamelin de No + AFP, la Doctora Oreziak, y los trapecistas del Reparto, el resultado será uno solo. Primero la gran farra en que se harán chupete los ahorros de décadas, aplacando la conciencia con incumplibles promesas. Terminada la fiesta, al barrer vasos y botellas rotas, sobrevendrá un largo invierno de miseria garantizada para los jubilados del futuro. Y para el país completo. La gallina de los huevos de oro habrá fallecido.

En un parlamento poco cooperador y desordenado, ajustar el sistema previsional será un desafío. Costos inmediatos, beneficios de largo plazo. Habrá que apelar, de nuevo, a los políticos serios y responsables. Convencerlos será la madre de todas las batallas.

Seguir leyendo