“2020 iba a ser mi año”: Jóvenes latinoamericanos desahogan su enfado pandémico

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La pandemia del coronavirus frustró los planes de miles de jóvenes en la región y los obligó a mantenerse encerrados. ¿Su única esperanza? Que todo acabe pronto.




Para muchos jóvenes latinoamericanos, 2020 sería un año de libertad y oportunidades. Pero la pandemia impuso el encierro y la frustración. Las clases pasaron a ser online y se esfumaron los encuentros con los amigos, se cancelaron los rituales de mayoría de edad y se interrumpieron los primeros amores.

¿Su única esperanza? Que todo acabe pronto.

Sofía, 19, experta en piruetas

2020 iba a ser crucial para la prometedora bailarina de ballet Sofía Shaw. Originaria de Chillán, en el sur de Chile, Sofía se mudó a Santiago, gracias a su perseverancia y al apoyo de su madre, que trabaja como empleada doméstica para financiar la vocación de su hija.

Sofía ingresó en 2019 a la Escuela de Ballet del Teatro Municipal de Santiago. Sin un padre presente, madre e hija se enfocaron en ese sueño.

"Para este año 2020 me dije: 'voy a ir con todo, voy a mejorar mucho, me va a ir súper bien'", se propuso la joven de 19 años antes de la pandemia. Pero en marzo, cuando se acercaban las clases, su vida se detuvo.

"No sabía cómo tomármelo. Al principio dijeron, la cuarentena va a durar solo quince días. Yo tenía la esperanza de que iba a ser ese tiempo y después lo fueron alargando y alargando".

Las clases en línea no son lo mismo para la bailarina, que incluso ha instalado una barra para practicar en su pequeño apartamento.

"A veces levanto las piernas y choco con la pared, pero sí se puede hacer lo básico. Creo que tal vez estemos todo el año con clases online".

Sofía estaba iniciando sus estudios de ballet en Santiago en medio de las protestas que sacudieron al país desde octubre de 2019, ahora interrumpidas, como todo lo demás, por la pandemia.

"Realmente ha sido superdifícil. Dije, '¡qué rabia! Justo me vengo a Santiago con la idea de lograr ser bailarina profesional y empiezan a pasar todas estas situaciones en el país'".

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Jazmín, 17, graduación sin clases

Para Jazmín Islas, su último año de secundaria en La Plata, Argentina debía de ser intenso y divertido. Pero se hizo añicos.

"Esto me pegó muy fuerte, tenía muchas expectativas. Pensaba que este año iba a ser todo disfrute".

En América Latina, los rituales preuniversitarios comienzan el primer día del último año de la secundaria.

Cuando llegó ese momento, Jazmín y sus compañeros de clase llegaron con el rostro pintarrajeado, encendiendo bengalas y bailando al ritmo de una batucada sin pensar que el día siguiente sería el último.

"Pensamos que era como un minidescanso. Nadie se esperaba esto".

Jazmín, de 17 años, compartía videollamadas con amigos, pero con el tiempo el diálogo fue decayendo. "Hacemos todos los días lo mismo y no hay mucho que contar".

En las clases, que se trasladaron a Zoom, muchos compañeros se quedaban dormidos o no se acostumbraban a los cambios. "Es deprimente".

Pero lo más duro es la muy probable cancelación del tradicional viaje de graduación a la nieve en Bariloche, en el sur.

"Ya perdí el interés. Ni sabemos cuándo o si vamos a ir... y ya no va a haber nieve. No es lo mismo, se pierde toda la gracia".

Los suéteres rosados y azules por los que Jazmín y sus compañeros se habían decidido como recuerdo del viaje y que protagonizarían los incontables selfis, ahora los usan en casa mientras transcurre el invierno austral.

La futura estudiante de medicina se pregunta si alcanzarán a hacer al menos el último ritual del año: la cena de despedida programada para diciembre.

"Me desesperancé, siento que al colegio ni vamos a volver".

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Felipe, 19, una vida universitaria en pausa

Felipe Paz comenzó un martes sus clases de Economía y Comunicaciones en la Universidad de la República, en Montevideo. Tres días después se suspendieron, cuando Uruguay decretó el estado de emergencia.

Era un viernes 13 que Felipe nunca olvidará. "Para todos es un año que no vamos a volver a vivir, no vamos a poder experimentar ese primer año de universidad", dice.

Sin embargo, a diferencia de sus vecinos Brasil y Argentina, Uruguay registra relativamente pocos fallecidos y nunca vivió un confinamiento obligatorio, lo que le permitió a Felipe visitar a su novia, Victoria.

Pero con las medidas de distanciamiento social y las clases en línea, el joven de 19 años y que gusta de practicar fútbol admite que las amistades han cambiado.

"Algo tan impactante y sin precedentes nos cambia nuestra manera de percibir a las personas. Ahora tengo mucho más aprecio por un amigo y otros son ahora menos importantes de lo que yo pensaba".

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Francisco, 20, aniversarios por delivery

Francisco Ávalos, de 20 años, alcanzó apenas a celebrar su primer mes con su nueva novia, Guadalupe, antes de que se impusiera la cuarentena en Buenos Aires, la capital argentina.

Recuerda que ella le horneó galletas en las que escribió "1 y contando" y dibujó un corazón. Al cumplir el segundo mes, estaban en confinamiento.

No hubo más "aniversarios" mensuales para la pareja, que vive separada por unos 40 km.

Al cuarto mes, Francisco sintió que tenía que encontrar alguna forma de decir "sigo acá".

Y se le ocurrió sorprenderla enviándole un desayuno; Guadalupe correspondió con unas donas, las preferidas de Francisco. Después le siguieron hamburguesas, tortas...

Ahora juegan a algún juego por las tardes y hacen videollamadas un par de veces por semana. A veces miran una serie de televisión "juntos", mientras la comentan por sus teléfonos móviles.

"Es una manera de esquivar la cuarentena", asegura.

Sobre lo que les espera, Francisco dice: “Lo primero que quiero hacer cuando salga es pasar una tarde solos, tranquilos, hacer lo que sea, ir a tomar mate al parque, desde la mañana hasta la noche”.

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