El historiador de las micros

Dargüin Cortés no necesita encuestas para darse cuenta de la impopularidad del Transantiago, y de la nostalgia por el sistema antiguo. Antes de las micros amarillas, cuando cada recorrido tenía sus colores y la gente se identificaba con ésa que pasaba por su casa. Es el tipo de historias que escucha este artesano en su puesto en el Persa Bío Bío, en el que vende los retablos de yeso con modelos de micros antiguas. Dice que la gente se emociona ante su trabajo, como ese matrimonio que se conoció a bordo de una Pila-Ñuñoa, o gente que compra modelos para ponerlos en la tumba de sus deudos. Y él retribuye con otras historias: de qué modelo era ésta, hasta cuándo hizo ese recorrido, qué tan ruidoso era el motor. Dargüin dice que desde chico era fanático de las micros, que trabajó como chofer hasta partir en 1991 a Buenos Aires, donde trabajó como conserje e hizo sus primeras armas de artesano. De regreso al país, en 2004, trabajó como chofer del Transantiago por seis años “para mejorar mi jubilación”, explica. Un objetivo que cumplió: se retiró hace dos años y se instaló en el persa. Así que él sí agradece al Transantiago. Claro que no hace de esas micros: “¡Ésas me las tiran por la cabeza!”.
A $6.000. San Isidro 2140, local C-16.
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