Por Alejandro JofréIncendios forestales: experto explica cómo protegerse de las toxinas letales del humo (y cómo armar un kit de emergencia)
El uso de mascarillas quirúrgicas es insuficiente y la ropa sintética puede agravar las quemaduras, explica Mauricio Muñoz, académico de la UNAB, quien detalla las medidas urgentes para enfrentar la “química” del fuego.

Ante la amenaza de incendios forestales en las regiones de Ñuble y el Biobío, la preocupación no solo radica en las llamas, sino en la “sopa tóxica” que se desplaza por el aire.
Monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre son solo algunos de los gases liberados que hacen imprescindible contar con medidas de protección específicas.
Mauricio Muñoz, director de la carrera de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello (UNAB) en Concepción, entrega una guía crítica para el resguardo respiratorio, ocular y dérmico en la “zona cero”.
La mascarilla: ¿Por qué la quirúrgica no sirve?

El humo forestal está cargado de material particulado fino capaz de llegar a los alvéolos y pasar al torrente sanguíneo, pudiendo gatillar eventos cardiovasculares.
Según Muñoz, confiar en una mascarilla quirúrgica común es un error grave.
“Utilizar una mascarilla quirúrgica sería como intentar detener arena con una red de fútbol”, ilustra el experto.
La recomendación: es vital el uso de mascarillas N95 o P100 (comunes durante la pandemia), las cuales ofrecen sellado hermético y filtración electrostática necesaria para frenar estas partículas.
Ojos y piel: el peligro de los ácidos y la ropa sintética

El humo actúa como un aerosol que transporta ácidos y resinas.
Los lentes de seguridad con ventilación no son útiles, ya que permiten el flujo de gases.
Según el experto, se requieren gafas con sello de silicona que aíslen el globo ocular para evitar daños como la queratoconjuntivitis química.
En cuanto a la vestimenta, el académico advierte sobre el riesgo de las fibras sintéticas (poliéster o nylon).
Ante el calor radiante, estas telas “se derriten sobre la piel”, causando quemaduras adheridas a la dermis.
Lo correcto -dice- es usar prendas de algodón, que se carbonizan pero mantienen su estructura, ofreciendo una barrera térmica más segura.
El peligro invisible: toxinas y primeros auxilios
El experto detalla que la inhalación de humo expone al cuerpo a sustancias peligrosas:
- Monóxido de carbono: deja a los tejidos sin respiración celular.
- Óxidos de nitrógeno y azufre: al contacto con la humedad de la vía aérea, se transforman en ácidos que queman las mucosas.
- Cianuro de hidrógeno: puede estar presente si se queman polímeros o ciertos arbustos, bloqueando la cadena respiratoria.
¿Qué hacer si ya hubo inhalación? Si la persona está esperando ayuda médica, la postura es clave.
Muñoz recomienda permanecer sentado o semisentado en un ángulo de 45 grados. Esto reduce la presión sobre el diafragma y optimiza el oxígeno disponible.
Qué debe tener el kit de emergencia

Para la descontaminación y el cuidado inmediato, el agua y el suero son las mejores herramientas.
La ceniza mezclada con el sudor se vuelve alcalina, generando quemaduras químicas. Por ello, se debe lavar con suero y usar jabón neutro.
Frente a una emergencia de incendios forestales, el especialista sugiere armar un bolso de emergencia que contenga:
- Medicación crónica: suministro para al menos 7 días y copias físicas de las recetas.
- Suero fisiológico al 0,9%: el “estándar de oro” para barrer toxinas de ojos y piel.
- Lágrimas artificiales: sin preservantes, para la barrera corneal.
- Mascarillas extra: al menos 3 unidades N95 por persona (la humedad y el hollín las saturan rápido).
- Piel: fotoprotector solar e hidrogel (para disipar calor en quemaduras leves).
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