Por Paulina ReyesAna Lía Rojas: “El hidrógeno verde compite hoy con el precio de otros combustibles que son significativamente más baratos”
En entrevista con radio Duna, la directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA) conversó sobre el panorama actual del hidrógeno verde en Chile, y sobre cuáles han sido sus principales frenos y avances en el desarrollo de su industria.

El reciente anuncio de Corfo de adjudicar US$6 millones a Colbún para desarrollar una planta de este combustible en San Bernardo volvió a poner el tema en la agenda energética del país. El proyecto, que forma parte de un financiamiento total de US$13,7 millones, contempla una producción cercana a las 195 toneladas anuales de hidrógeno verde.
En esa línea, la directora ejecutiva de la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA), Ana Lía Rojas, abordó en una entrevista de Hub Sustentabilidad de radio Duna, la necesidad de seguir potenciando esta industria en el país, destacando los avances en el desarrollo local, los desafíos en costo y gestión, y las proyecciones para su escalabilidad.
¿Qué es el hidrógeno verde?
Durante la conversación, Rojas explicó que el hidrógeno verde es un vector energético, es decir, un medio para producir, almacenar y transportar energía. “El hidrógeno es un vector energético y sirve básicamente para producir energía, pero también para acumularla y para transportarla”, explicó.
A diferencia de otros tipos de hidrógeno, este se obtiene a partir del agua mediante un proceso llamado electrólisis, que separa el hidrógeno del oxígeno utilizando electricidad. “Cuando hablamos de hidrógeno verde, lo que decimos es que es un hidrógeno producido primero desde el agua, desde la separación de las moléculas del hidrógeno y del oxígeno (…) y cuando esa electricidad es producida con energía renovable, decimos que el hidrógeno que se produce es hidrógeno verde”, explicó.
Este proceso explica por qué Chile, con abundantes recursos naturales, como la energía solar en el norte y la eólica en el sur, ha sido identificado como un país con alto potencial para desarrollar esta industria. Así, el hidrógeno verde se proyecta como una solución energética para sectores difíciles de electrificar directamente, como el transporte pesado o ciertos procesos industriales.
Según Rojas, el rol del hidrógeno verde es reemplazar consumos energéticos de alta intensidad que hoy dependen de combustibles fósiles. “El hidrógeno prueba a ser, a nivel mundial, una solución para reemplazar aquellos consumos energéticos de alta intensidad por una forma de energía que, siendo no electricidad, es una energía limpia y libre de emisiones”, señaló.
Altos precios y poca demanda
Pese al potencial, la industria enfrenta importantes desafíos a nivel nacional. El principal es el costo de producción del hidrógeno verde, que hoy sigue siendo significativamente más alto que el de otros tipos de hidrógeno. “El problema es que hoy el hidrógeno verde está en el mercado mundial entre 6 e incluso 10 dólares el kilo versus un hidrógeno café o gris que está entre 1,5 y 2”, explicó.
Por ello, la competitividad depende de alcanzar un precio similar al de los combustibles alternativos, lo que en economía se conoce como efecto sustitución. “Si todavía hay ofertas de otros energéticos, por ejemplo el petróleo, el diésel, el carbón, el gas, que resultan ser más baratos que el hidrógeno verde, entonces aún nuestra industria local y nacional, que no requiere de, por ejemplo, los puertos, los barcos para trasladar a otros mercados, va a seguir siendo caro, y por lo tanto el efecto sustitución no se va a producir totalmente”.
Además del costo de producción, existen otros factores que inciden en el precio final, como la infraestructura necesaria para almacenar, transportar y manejar este combustible. “Hay una cadena muy importante asociada a cómo se transporta el hidrógeno verde, cómo se almacena (…) y todos esos elementos también tienen costos que encarecen los proyectos”, explicó.
Ante estas dificultades -explica Rojas- algunos proyectos que estaban pensados para exportación han comenzado a orientarse hacia el consumo interno para fomentar el desarrollo local, como ocurre con el proyecto impulsado por Colbún.
Impactos: medio ambiente, seguridad energética y economía
Más allá de los desafíos actuales, Ana Lía Rojas destacó que el desarrollo del hidrógeno verde debe entenderse como parte de una estrategia energética de largo plazo.
Por una parte, su producción permitiría reducir emisiones y avanzar en los compromisos climáticos, pero también en seguridad energética y estabilidad económica, especialmente para países como Chile, altamente dependientes de combustibles importados. “Nuestra dependencia de combustibles fósiles es siempre riesgosa. Las energías renovables son variables, pero gestionables gracias a la tecnología; en cambio, las energías fósiles son volátiles en sus precios y en la seguridad de su suministro”, afirmó.
En ese sentido, concluyó que la combinación de energías renovables, almacenamiento y desarrollo de hidrógeno verde seguirá siendo una de las principales estrategias energéticas para el país. “Las energías renovables para la generación eléctrica y el hidrógeno verde para todo aquello que no sea electrificable son realmente la senda que tenemos que seguir”, concluyó.
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