Así quiero mi funeral

Ilustración: Alfredo Cáceres

Dicen que antes de morir en 1986, el ex presidente Jorge Alessandri Rodríguez dejó dispuesto en su testamento que sus funerales fueran “absolutamente sobrios, privados y sin discursos”. Tal como finalmente se realizaron. Se dice también que la conductora de televisión Joan Rivers tenía planeado hasta el más mínimo detalle del suyo: luces, la prensa peleando por la exclusiva y Meryl Streep -sí, definida con nombre y apellido- llorando desconsolada. Y que Ozzy Osbourne, legendario líder de Black Sabbath, quiere que ese día suene “A day in the life”, de Los Beatles. Ahora que la muerte se pondrá otra vez de moda -la próxima semana se la recordará, se la celebrará y hasta se dedicará un día a los difuntos-, muchos piensan en ella. Y tal como Alessandri, Rivers y Osborne, tienen claro cómo quieren su funeral. Impresiona el nivel de detalles que ya tienen decidido: que sea de lujo, que esté rodeado de consignas feministas, que se realice en un buque trasatlántico, que lo acompañe una orquesta sinfónica, que se haga un responso online, que se presente el Topo Gigio, que se escuchen canciones de Cindy Lauper, Luis Miguel o PJ Harvey, que haya poemas de Baudelaire… Aquí las respuestas de 20 personas que ya tienen claro su último adiós.

 

Foto: Javier Navarro

Sebastián Piñera

“Le he dicho a mi mujer que el día en que me muera, me gustaría que me tocaran en el funeral Toque de Silencio, que es una expresión musical maravillosa de una emotividad, fuerza, profundidad y solemnidad inmensas. Además, tiene una historia maravillosa: un soldado de la Confederación en la Guerra Civil de Estados Unidos -es decir, del sur- vio que cayó un soldado de la Unión -o sea, del norte- y por alguna razón fue a auxiliarlo a pesar de que era su adversario. Lo logró llevar de vuelta a las filas de los confederados y cuando descubrió su rostro se dio cuenta de que era su hijo que estaba muerto. Entonces les pidió permiso a los confederados para darle un entierro con honores y le dicen que no, porque era del bando contrario. Sólo le permiten el entierro con un músico, un trompetista; y el padre encuentra en el bolsillo del hijo unas notas musicales que había compuesto: el Toque de Silencio. Así, el único homenaje para el soldado muerto fue que le tocaron Toque de Silencio. Por eso le he dicho a mi mujer, y aprovecho de dejar constancia pública, que ése es mi deseo”.

 

Foto: Pablo Sanhueza

Jorge Allende, bioquímico

“Me gustaría copiar una idea. En Estados Unidos hice mi doctorado con un científico muy famoso llamado Fritz Albert Lipmann, ganador del Premio Nobel en 1953, y él nos contaba que le gustaría que cuando falleciera se ofreciera un concierto para sus amigos, y que él iba a hacer una previsión en su herencia para eso. Él falleció a los 89 años e hizo el concierto, yo supe por amigos que fueron. Años después el doctor Luis Izquierdo, hermano de Juan Pablo Izquierdo, el director de orquesta, cuando falleció tomó previsiones para que se hiciera un concierto en la Universidad de Chile por la sinfónica e invitó a muchos de sus amigos. Yo fui con mi señora y fue una cosa muy conmovedora. Por eso tengo esta idea de hacer lo mismo. Me gusta porque me gusta mucho la música, la encuentro una manera alegre de conmemorar una vida. No he pensado demasiado el detalle, pero hay un coro, El Mesías de Händel, que dice en inglés: “La trompeta va a sonar y los muertos se levantarán”. Es una cosa impresionante y bonita para este tipo de ocasión”.

 

Fabrizio Copano, humorista

“Hay un video en YouTube que es el funeral de Jim Henson, el creador de Los Muppets. Cuando él muere le cantan todos los personajes que él creó. Y yo me imagino algo así, un funeral donde me cante el Topo Gigio y luego venga alguien vestido de Kel Calderón y cante otra parte, por ejemplo. Un funeral que sea una suerte de resumen de mi vida, incluso con los momentos malos, act uado por grandes artistas nacionales. Eso sería lo ideal”.

 

Maite Orsini, diputada

“Me gustaría un funeral laico. Nada de palabras que no se entienden por el eco de las iglesias. Me gustarían unas palabras más cariñosas, unas canciones de las amigas y unos poemas de los amigos. Que se reparta algún trago calentito si es invierno; y si es verano, que me dejen el ataúd abierto un rato al sol para terminar como caminando por febrero (mi mes favorito). Y si va a haber discursos, que sean bien políticos; y que si todavía hay patriarcado, que alguien de RD diga que no van a dejar que se muera ni una sola militante más si no es en una sociedad feminista. Si hay que decorar, que todo sea bien mexicano (sí, es culpa de Coco) e italiano. Y no voy a obligar a nadie a hacer fiesta o a llorar, porque con la muerte, como con todas las cosas, hay que dejar que cada uno sienta como quiera sentir. Lo importante es que haya cariño, aunque sea de despedida”.

 

Fotografia: Marcelo Segura

Alfredo Joignant, cientista político

“A decir verdad, he soñado varias veces con el motivo del funeral: desde la muerte en un atentado tras luchar contra los agresores (nótese el uso del plural, lo que realza el carácter heroico de mi muerte) hasta la caída definitiva tras la tortura. Son delirios, aunque el primero adquirió algo de realidad tras la muerte de mi prima Patricia San Martín en el atentado del Bataclan en París. Independientemente de la forma de mi muerte, la pregunta sobre los modos de decirme chao (cariñosamente, y no como un trámite) en un funeral es más simple: con una fotografía de Allende sobre el ataúd (mi admiración por su forma de morir no tiene límites), todos cantando ‘Bella Ciao’ (la canción que más me conmueve en el mundo de las izquierdas, pero cuya letra nadie la conoce) para terminar con La Internacional (cuyo texto me hace creer que otro mundo es posible). Evidentemente que antes de partir se cantará La marsellesa socialista y se escuchará La marseillaise de la revolución en francés, y aparecerá alguna bandera del país de Asterix y Jaurès. Sobre el ataúd estará en un lado Le sens pratique de Pierre Bourdieu y Hombre lento de Coetzee. Por encima se encontrarán, en forma de techo, cima y gloria, Las flores del mal de Baudelaire. Sólo entonces partiré”.

 

Juan Pablo Meneses, cronista

“Quiero que mi funeral sea una ceremonia en la tradición de la Religión Portátil. Los que quieran participar, lo podrán hacer desde cualquier parte, sin importar el país ni la ciudad. Que sea una ceremonia más online que física. A una hora indicada y sin importar el lugar donde estén, los participantes deberán tomar su equipaje de mano, y mirar en dirección a la ciudad donde esté mi cuerpo. Me imagino que en el velorio, algunos seguidores de mi religión harán una guardia de honor cargando una maleta de viaje: como si estuvieran en un andén, esperando comenzar una travesía. Solo mi familia más cercana sabrá el destino final de mi cuerpo”.

 

Carolina Bazán, chef

“No le he dado muchas vueltas a mi muerte; tampoco sé por qué a alguien le interesaría saber cómo me gustaría que fuera mi funeral. Lo único que sé es que no quiero que vaya nadie que se sienta oblig ado a ir, nadie por compromiso. O sea, que vaya sólo la gente que me quiera y que me va a echar de menos. Tampoco quiero una ceremonia liderada por un cura y menos en una iglesia. Creo que no hay nada más fatal que una persona que no te conoce haga como que te conoce de toda la vida y entre medio tire tallas para darle gracia a la cosa. Ojalá sea íntimo, con amigos (de verdad) y familia y que haya música de mi gusto. Y bueno, un rico pica pica y algunos traguitos para pasar el mal rato”.

 

Pedro Engel, astrólogo

“Me gustaría que mi funeral sea tranquilo, sereno y sobrio. Una cosa donde la gente se encuentre y me acompañe con cariño. Una despedida bonita. Ni mucho, ni poco, que tenga todo lo que debe tener un funeral: un rezo, unas palabritas de cariño, que hable quien quiera pero no mucho para no dar la lata; si alguien quiere reclamar algo, que lo vaya a reclamar también, pero todo como me gusta a mí: tranquilo. Con una mortaja, un cajoncito de pino como es la tradición de mi familia, con el rezo de un rabino o una invocación budista, lo que sea, pero tiene que haber un rezo porque yo creo en Dios. Me gustaría que se escuchara un poquito de Mozart, de Schubert, Eric Satie, un Ave María. El lugar donde voy a ser enterrado ya lo conozco, está al lado de una lagunita con patitos en el Parque del Recuerdo. Está debajo de un árbol con un banquito. Para que si alguien alguna vez me va a ver, se pueda sentar en la sombrita y estar cómodo, tranquilito”.

 

Foto: Rudy Muñoz

Delfina Guzmán, actriz

“Muchas veces he pensado en el día de mi muerte. Quiero una ceremonia familiar, porque mi familia es mi centro. Me gustaría que me cremen y que se repartan un pedazo de mis cenizas cada uno de mis hijos. Además, quiero que suene de fondo Frank Sinatra o Silvio Rodríguez, mis cantantes favoritos”.

 

Nicolás Piwonka, fotógrafo

“Es un tema que me estuvo rondando en el pasado, pero finalmente me dije que ya no me importaba, que no dependería de mí, sino de los seres queridos que quedaban en vida. A ellos les importará lo que pase con mi cuerpo y cómo decidan despedirme. Pero ya que me vuelvo a encontrar con el tema, decidí enfrentarlo y hacer el ejercicio. El funeral, alegre, optimista e idealmente rodeado de naturaleza, al aire libre y de día, con niños y adultos. El entierro, si es en un cementerio, que sea en uno tranquilo, sencillo, retirado e idealmente en altura con buena vista, en donde haya estado en vida: en Chiloé, Villarrica-Pucón, Magallanes, por nombrar algunos. Si son cenizas, que desde una avioneta las esparzan en cualquier punto con naturaleza virgen de la vertiente oriental de la cordillera de los Andes, entre Pumalín y Puerto Williams. O un mix de los dos”.

 

Foto: Roberto Candia

Michelle Lacoste, bartender

“Tengo ultrapensado mi funeral, porque no quiero que suceda lo que pasó para el de mi marido. El de él fue muy mal pensado: fue en una iglesia y como había gente vieja nadie quiso poner música, ¡y mi marido era músico! Creo que el funeral tiene que ser como tu cumpleaños o tu ropa: el resto debe saber que ahí estás tú. Me gustaría que en el mío estuvieran todos bien vestidos, como en un matrimonio. No quiero coronas de flores, las encuentro horribles. Sí que haya flores de todos los colores y tipos, pero no en ese formato para muertos. Quiero que esté repleto de comida. Soy amante de la música y me gustaría que estuvieran Cindy Lauper, Faith no more, Pantera, Alice in Chains y Soundgarden. No quiero que nadie me vea, no quiero estar con la tapa del ataúd abierta. Uno se ve feo e hinchado; y yo me quiero ir bonita”.

 

Foto: Ximena Navarro

Sebastián Gray, arquitecto

“A mi muerte -si no sobreviene el diluvio primero- quisiera invitar a mis amigos y parientes a un viaje transatlántico desde Valparaíso hasta Nueva York (con gastos pagados, por supuesto), desandando el camino que hice en mi infancia. Que mi féretro vaya sobre la proa, señalando la ruta, y que a su alrededor se disponga una orquesta y un coro para el Réquiem de Mozart que alguna vez yo mismo canté. ¡Que no falten las emociones! Que haya plañideras de luto riguroso y mariachis con guitarrones, que corra el champagne como los ríos de hidromiel en el Parnaso, que haya baile al ritmo de mi música favorita, que se declamen los mil libros que no alcancé a leer. Que mis queridas y queridos se abracen y se quieran, que lloren y que rían, agradecidos de la vida que compartimos, y que me recuerden para existir junto a ellos hasta el final”.

 

Foto: Mario Téllez

Jorge Baradit, escritor

“A veces quiero que me entierren directamente sobre la tierra en vez de archivarme sin uso en un cajón hermético, que los gusanos aprovechen la comida y al menos servir de abono. Que suene La entrada de los dioses al Valhalla, de Wagner, y ‘Holiday in Cambodia’, de los Dead Kennedys. Ser una piñata en un saco harinero sobre un agujero y que mis amigos me ablanden a palos. ‘Paint it black’, de los Stones. El saco al hoyo mientras suena ‘Orion’, de Metallica, y que lo llenen de agua mineral. Arrojen cilantro, zanahoria y papas. Quiero ser una cazuela. Si abandonamos el cuerpo al morir, entonces el planeta va dejando un reguero de almas aullando de terror mientras avanza por el cosmos. La muerte no existe, esa es la verdadera pesadilla. Una vez soñé que pasaban los cuerpos por una moledora de carne, ponían la pasta en un gran cuenco de madera y lo enterraban en un agujero con una semilla de durazno como cereza sobre una torta. La idea de convertirme en un árbol y eventualmente alimentar a mis nietos con duraznos me encantó. ‘Este es mi cuerpo’: duraznos al jugo con crema”.

 

Alessia Injoque, ingeniera civil industrial

“Pasado algún tiempo después de transitar y ya viviendo como Alessia recuerdo haber sentido que, si me llegara a ocurrir algo, podía morir tranquila. Es algo en lo que pienso poco, prefiero enfocarme en mi vida, pero sin duda es algo que te viene a la mente en algunos momentos. En ese sentido creo que nuestra vida y su propósito se define por los lazos de amor y amistad que formamos. Me gustaría un funeral sencillo y laico, en el que todos se sientan cómodos, y que lean un texto inspirador que genere unión más allá de cualquier creencia política o religiosa: tal vez ‘El punto azul pálido’, de Carl Sagan, o algo que todavía no escribo. Me imagino a diferentes personas que fueron significativas para mí recordando mi vida, compartiendo con los demás aquello que hice bien y tal vez entre sus palabras se logre distinguir la huella, aunque sea pequeña, que dejo en el mundo. Me gustaría pensar que dejo un mundo mejor, que hice una diferencia positiva. Espero que mis seres queridos salgan del funeral tranquilos, que puedan sonreír recordando los grandes momentos que pasamos juntos y la vida feliz que tuve; fue un viaje increíble y no hay razón para estar tristes porque terminó”.

 

Foto: José Luis Muñoz

María Paz Rodríguez, escritora

“Cuando chica pensaba en esto y me ponía a llorar. Todavía lo hago, a veces. Me gustaría que me enterraran en un bosque del sur porque tengo muchos recuerdos de infancia ahí. Soy muy de lago, me gusta esa idea como de agua dulce, el bosque, el olor del sur. Algo más conectado con la tierra. Lo único que no quiero es una iglesia, ni un cura ni nada católico; prefiero que haya un chamán. De repente hacer un ritual respecto a mi vida y a lo que escribí y que se toquen algunas canciones de PJ Harvey. Los que se sientan cercanos para ir tan lejos serán bienvenidos”.

 

Antonia Moro, ex modelo

“Quiero que mi funeral sea en al menos 30 años más. Me imagino una ceremonia con llanto bien celebrado. Con mis seres queridos abrazándose y con mi diversidad de amigos reunidos dando gracias por lo bien que lo pasamos. Que sea ojalá al aire libre, puede ser incluso en el jardín de mi casa. Con música en vivo sería increíble. Que las personas vayan vestidas como quieran. Eso quiero: espontaneidad. Que el que quiera diga algo, el que quiera cante, el que quiera baile, el que quiera llore y ojalá todos abracen mucho a mis hijos. Nada más quiero”.

 

Foto: Pablo Sanhueza

Alejandro Sieveking, dramaturgo

“Me gustaría que mi funeral sea lo más discreto posible. No me gustaría que pasara lo que pasa a veces en teatro: ponen los ataúdes en los escenarios y pasan videos sobre la vida del muerto. No me gustan esas cosas. Encuentro que entre más sencillo, mejor. Me gustaría tal vez que sonara el coro de final de A chorus line, que me gusta mucho para cualquier situación y siempre he pensado que es la canción de nuestra profesión. No quiero que lean ningún texto mío, ni que esté el ataúd abierto y la gente vaya a verle la cara a uno muerto. Ninguna de esas cosas me parece muy atractiva. No quiero nada excepcional o llamativo. Me gustaría que tiraran mis cenizas al mar. ¿Dónde? En la bahía de Valparaíso”.

 

Foto: Juan Farias

Luka Tudor, comentarista deportivo

“Me gustaría que mi funeral fuera en un campo o en un lugar verde. Además, que corra mucho viento. No sé si quisiera que sea en una iglesia. Me gustaría que independiente de que sé que mis hijos podrían tener pena, que sea una pena distinta: esto es pasar a otra dimensión, estar en otro lugar y que ellos lo vean como ese paso. Me gustaría que la gente sepa que a pesar de los dolores que uno tiene en la vida, la disfruté mucho, aprendí, recibí mucho amor y entregué todo lo que tenía. Hay una canción que me gusta mucho de Luis Miguel, mi cantante preferido: se llama ‘Yo que no vivo sin ti’ y tiene que ver con el amor que le expreso a mis hijos; dice que en el fondo si no puedo estar con el amor de ellos, no puedo vivir… y también con el amor de pareja que tuviera en ese momento o la pareja que fuera la definitiva (que puede estar en carpeta en este minuto)”.

 

José Luis Calfucura, chef

“En relación a la muerte, la cultura mapuche es distinta a la huinca o la española. En estas últimas, cuando alguien se muere su entorno deja de comer, no se alimenta, actúa para seguir muriendo. En cambio, en la cultura mapuche cuando se muere un familiar hacen fiesta. Se come y se toma mucho. En el campo se mata una vaca o un caballo y se da a comer a todo el mundo y todos trabajan para armar una fiesta porque murió un gran ser. Así se asimila. Por eso, a mí me gustaría que para mi funeral hubiera una gran comilona donde se pueda disfrutar de la comida mapuche y matar un animal para compartir con todo el mundo. Que hubiera caballo, pollo de campo, cazuela. Cuando falleció mi abuelo, el duelo duró una semana: estuvo en la casa y en el patio para que compartiera con los comensales debajo de una ramada con todos ofreciéndole comida y agua. Así me gustaría el mío. Nosotros les damos agua a los muertos porque sabemos que la muerte no termina aquí, que hay algo que sigue más adelante. Eso se ve en los relámpagos y rayos que siguen demostrando que ahí están los espíritus”.

 

Foto: Rudy Muñoz

Jacqueline Van Rysselberghe, senadora

“No he pensado mucho en mi funeral, pero me gustaría que no sea muy triste. He vivido feliz mi vida y me gustaría que el día que me muera la gente se acordara de las cosas buenas más que de la pena que se produce porque uno no va a estar. Me gustaría que me cremaran para que no tengan que estar preocupados de ir a dejar flores y después hubiera una tumba sola de la que nadie se ocupe. Me da lo mismo lo que hagan con mis cenizas, sinceramente. Que hagan lo que les dé tranquilidad y paz a mis familiares. Si tuviera que elegir flores para ese día, serían tulipanes. Me encantan”.

Seguir leyendo