Cuando la Patagonia es un sueño cumplido

El navío Skorpios es el encargado de realizar la travesía por la Ruta Kaweskar (Crédito: Alfonso Bezanilla).

Desde Puerto Natales, surcando tranquilamente entre canales, glaciares y fiordos, se puede conocer entre noviembre y abril uno de los rincones menos explorados de Chile: la ruta Kaweskar, que toma el nombre de los aborígenes patagónicos que se movían por estas aguas de los Campos de Hielo Sur.

Comienza la primera comida a bordo del barco Skorpios III. La nave zarpó hace algunas horas desde Puerto Natales y ahora se dirige a velocidad crucero por el canal Señoret hacia los Campos de Hielo Sur. El guía encargado toma el micrófono para presentar a la tripulación frente a poco más de 60 pasajeros, quienes dividen su atención entre las palabras de buena crianza del orador y la oferta de vinos que cada mozo asignado por mesa pasa ofreciendo con discreción para no interrumpir la ceremonia.

Luego de los aplausos de rigor, el guía se entusiasma y pasa mesa por mesa preguntando los nombres y nacionalidad de cada uno de los visitantes. Queda claro que los chilenos son minoría entre el grupo: son sólo cinco parejas locales, en medio de un mundo flotante compuesto por otras seis nacionalidades donde dominan los norteamericanos, seguidos por grupos de Alemania, Suiza, Bélgica e Inglaterra.

Aunque hay excepciones, a simple vista la población de primer mundo del barco alcanza una edad promedio superior a los 60 años. Pero la pronta distensión del salón comedor y las risas que suenan como una constante, hacen que la energía a bordo se aleje de cualquier prejuicio de programa para la tercera edad.

Porque para muchos -si es que no para todos-, la excursión es un sueño cumplido, una aventura real incluso para los más trotamundos que aquí abundan, esos que han llenado una cantidad incalculable de pasaportes y que no se amilanan en mostrar sus credenciales como turistas clase A. Incluso para ellos, el poder conocer el extremo más austral del planeta es un punto cúlmine de una “bucket list”, que es como los anglosajones llaman comúnmente a esa lista de sueños pendientes, donde sólo algunos privilegiados pueden cumplirla en su totalidad.

En el glaciar Amalia es habitual ver grandes desprendimientos de hielo (Crédito: Alfonso Bezanilla).

“Hemos ido a África dos veces y otras tantas a Medio Oriente, a la Polinesia y a Escandinavia”, confiesa Alan, un cirujano retirado de Seattle con más de 80 países recorridos en el cuerpo. “Sólo nos quedaba por conocer Mongolia y la Patagonia, así es que puedes imaginar lo emocionante que es esta aventura para alguien como yo”, dice mientras toma dos pisco sour desde el bar abierto del barco y vuelve a la mesa junto a su compañera de viaje.

La llamada ruta Kaweskar, que navega por los fiordos y glaciares de Campos de Hielo Sur, pareciera estar hecha a la medida de esos viajeros que ya vienen de vuelta y que hoy sólo les interesa visitar destinos tan exóticos como inexplorados, sin arriesgar con ello ni la comodidad de un hotel, aunque sea flotante, ni menos su integridad física.

Esta situación es paradójica para los chilenos, porque a diferencia de los visitantes del otro hemisferio, este rincón inexplorado se encuentra a sólo un avión nacional de distancia y tres horas por carretera, lo que sumado a su espectacularidad única cuenta con razones de sobra como para ser en una opción de viaje bastante más frecuentada; siempre, claro, que el presupuesto así lo permita. Este viaje en el Skorpios III cuesta entre 1.690 y 2.700 dólares por persona, con todo incluido, en base a habitación doble.

El hielo y el whisky

A febrero de este año, ya son casi 500 los viajes hechos por esta nave en una ruta inaugurada por el fallecido marino mercante puertomontino Constantino Kochifas. La ruta de cuatro días y tres noches permite conocer en 405 millas de navegación al menos una porción generosa del monumental bloque de hielo fronterizo existente entre Chile y Argentina.

El objetivo del mapa de navegación dice así: cada viernes y cada martes, hasta acabar su temporada en abril, esta motonave entra por los canales patagónicos desde Puerto Natales hacia el norte, casi a la altura de la ciudad El Calafate, en Argentina, hasta alcanzar luego de la primera noche a bordo el Glaciar Amalia, uno de los más sorprendentes de la ruta y que permite observar una mayor cantidad de desprendimientos.

Y si bien los desprendimientos de hielo con sus intensos sonidos apocalípticos son un plato fuerte esperado por todos, la situación puede ser volverse tan espectacular como triste: como han sido testigos los mismos guías del barco, el glaciar ha retrocedido un kilómetro y medio en tan sólo 15 años. Este dramático se repite en la mayoría de los glaciares que se visitarán más adelante.

El fiordo Calvo funciona como un anfiteatro natural compuesto por varios glaciares (Crédito: Alfonso Bezanilla). 

A pocas millas del glaciar Amalia, el recorrido sigue hacia una visita al Glaciar el Brujo, para ya en la tarde llegar a otro punto alto del viaje: fiordo Calvo. Aquí y especialmente para este recorrido se cambia de embarcación a un pequeño rompehielos, que permite navegar entre los hielos flotantes hasta llegar cerca de los glaciares Fernando, Capitán Constantino y Alipio, todos bautizados por la misma tripulación del Skorpios. El último fue nombrado así tras la visita del periodista Alipio Vera, quien fue uno de los primeros en hacer este recorrido.

Aquí, la tradición de tomar un pedazo de hielo del agua, partirlo en pequeños pedazos y servirlo con whisky. Esto es muy celebrado por los extranjeros, quienes probablemente no sabían sobre este clásico ritual nacido de la mano del primer Skorpios, que desde mediados de los 70 navega por la ruta de la laguna San Rafael.

De vuelta en el barco y con la entonación del trago escocés, el grupo se divide entre los dos bares que están permanentemente abiertos. Una fórmula exitosa que permite a los alemanes, ingleses y chilenos conversar animadamente y cambiar anécdotas de viajes o fotos de los nietos. Luis Kochifas, capitán del barco e hijo del fundador, es de los primeros en rescatar el buen espíritu que se vive a bordo. “Muchos se hacen amigos de por vida y otros también vuelven. Hemos tenido pasajeros que han hecho esta ruta incontables veces”, cuenta.

Noche de fiesta

Al día siguiente de la travesía, se amanece con vista a la cordillera Sarmiento. Nuevo desembarco para visitar los cuatro glaciares del Fiordo de las Montañas. Luego seguimos la ruta hacia el sur para desembarcar en otro de los puntos imperdibles del viaje: el glaciar Bernal, al cual se llega tras un recorrido por un muy bien cuidado sendero por las morrenas del glaciar, cruzando lagunas y un pequeño bosque hasta llegar a la zona de recogimiento que permite una vista privilegiada a los 80 metros de alto de esta catedral de hielo. Mientras, el barco se abastece con agua de una cascada y que es la misma que se consume a bordo.

La última parada de la ruta es en la zona más austral del recorrido: la angostura White, donde también se realiza un paseo náutico en uno de los botes de exploración del barco, esta vez para el avistamiento de fauna marina como lobos de mar, delfines, cóndores y bandurrias.

Para celebrar esta última expedición, se celebra la noche del capitán: un clásico de cualquier crucero que en este caso no exige ni smoking ni traje largo, pero sí ofrece lo mejor en cuanto a gastronomía de la zona, en un buffet abierto donde abundan la centolla magallánica, los locos, los picorocos y otros mariscos. Luego de los brindis, sigue la música de Américo y de la Sonora Tommy Rey, alargando la noche hasta tarde. Con pasajeros animados, que celebran con espíritu adolescente haber conquistado en los confines del mundo una nueva meta en su vida.

En el fiordo Calvo se suelen ver algunas de las especies de aves que habitan en la zona (Crédito: Alfonso Bezanilla).

Las otras rutas de Campos de Hielo

Si bien la ruta Kaweskar de Skorpios III es la forma más integral y cómoda de conocer Campos de Hielo Sur, existen otras alternativas para visitar sus distintos ángulos y estilos.

En navegación desde el Hotel Grey (www.lagogrey.com), en medio del parque Torres del Paine, se hace un viaje que ida y vuelta en temporada alta cuesta $ 80.000. Tiene cuatro salidas diarias y se puede acceder a un panorama completo de la zona.

Desde el campamento Grey de Torres del Paine, la empresa Big Foot Patagonia (www.bigfootpatagonia) ofrece opciones para los más aventureros, con recorrido en kayak entre los hielos del glaciar Grey y también en glaciar Serrano. También hay caminatas sobre los mismos hielos.


 

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