Cartas al Director

Formar mejor, no es extender las carreras

20 Marzo 2025 Estudiantes Universitarios Foto: Andres Perez Andres Perez

SEÑOR DIRECTOR:

El debate sobre acortar la duración de las carreras universitarias ha vuelto con fuerza. Y es positivo. No se trata de una discusión técnica ni financiera, sino de una pregunta de fondo: ¿Qué tipo de formación necesita el Chile de hoy?

Durante décadas asumimos que más años equivalían automáticamente a mejor calidad. Sin embargo, la evidencia comparada y la experiencia reciente muestran algo distinto: la calidad de la formación no depende exclusivamente del número de años de estudio, sino del perfil de egreso que cada carrera define y efectivamente cumple. Lo relevante son las competencias, capacidades y valores que desarrollan los estudiantes, no la extensión nominal del plan de estudios.

Vivimos en un mundo que cambia aceleradamente, donde el conocimiento se renueva de forma permanente. En ese contexto, la educación puede concebirse como un proceso continuo.

El pregrado debiera entregar una base sólida: pensamiento crítico, habilidades para aprender, capacidades fundamentales para insertarse tempranamente en el mundo del trabajo. Debemos formar cabezas, no llenarlas de contenido innecesario solo porque alguna vez puedan necesitarlo. Para ello luego vienen las especializaciones, las que se producen opcionalmente a lo largo de la trayectoria laboral, mediante diplomados, postítulos, magísteres y otras formas de educación continua.

Este enfoque es particularmente relevante para un sistema que hoy recibe estudiantes con realidades muy diversas, muchos de los cuales necesitan trabajar mientras estudian. Carreras excesivamente largas incrementan el endeudamiento, retrasan la inserción laboral y, no pocas veces, afectan la permanencia y el éxito académico.

Reducir la duración de las carreras -en la medida que se pueda cumplir con el perfil de egreso definido- no es bajar estándares. Es, por el contrario, un cambio de paradigma que exige rediseñar mallas, fortalecer la docencia, usar mejor la tecnología y apoyar de manera temprana a quienes ingresan con brechas formativas. También requiere actualizar marcos normativos, como aquellas regulaciones que asocian empleos del sector público a un número fijo de años de estudio.

Chile ya dio un paso en esta dirección cuando las ingenierías pasaron de seis a cinco años. Estoy convencido que formar profesionales sólidos en menos tiempo no solo es posible, es necesario. Pero hacerlo requiere también una mirada diferente de la educación y de cómo nos adecuamos a lo que los jóvenes y el país necesitan.

Julio Castro S.

Rector de la Universidad Andrés Bello

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