¿Cuál es el mejor disco de Patti Smith?

Patti Smith versus

A raíz de su presentación este lunes en el Teatro Caupolicán, los críticos de música de Culto, Andrés Panes y Nuno Veloso, debaten sobre cuál es el mejor álbum de Patti Smith. Mientras uno aplaude Horses, el otro elogia Trampin'.



Horses: Incontenible

Por Andrés Panes

Antes de convertirse en mercancía, el punk era sagrado. No era un sonido ni un look específico, sino una forma de abordar el oficio musical y, si se quiere, de habitar el mundo. Por eso le decimos Madrina del Punk a Patti Smith, aunque no suene como los Ramones. En Horses, editado en 1975, dos años antes de la gran eclosión del movimiento, lo que Smith hace es reclamar de vuelta la gloria del rock and roll, al que consideraba sumido en un aturdimiento comercial entre el rock de estadios y el glam rock. No lo hace colgándose del estilo de sus viejos ídolos de los cincuenta y los sesenta, sino poniendo sobre la mesa algo absolutamente nuevo, diseñado desde la más plena libertad, el valor sacrosanto del punk original incubado en Nueva York, albergue de expresiones artísticas tan peculiares como la suya, más cercanas a la poesía. De hecho, lo que suena en Horses es la destilación de una propuesta estrenada en vivo el 71, con ella leyendo poemas acompañada del guitarrista Lenny Kaye, quien luego sería parte de su banda. En esas presentaciones, que le volaron la cabeza a Andy Warhol y su círculo, Smith supo que tenía algo especial entre manos.

La solemnidad es quizás el detalle menos punk de Horses. Porque, pese a ser su debut, también es la culminación de un proceso iniciado antes de subirse a los escenarios. Todo lo que hacía Patti Smith era serio. Resultaba comprensible tomando en cuenta que el disco formaba parte de una visión que venía desarrollando desde muy temprana edad, cuando era una niña frágil y quebradiza que pasaba largas temporadas recuperándose de enfermedades como la fiebre escarlata, causante de las alucinaciones que inspiraron sus primeros poemas, y soñando despierta con el que sería su gran ídolo, Rimbaud. Que su modelo a seguir fuese un niño terrible y un poeta maldito siempre barnizó de rebeldía una música que, en efecto, se manifestaba contraria a los estatutos tradicionales. Pero Rimbaud, tanto como su otro favorito juvenil, Bob Dylan, o como Frank Sinatra, cuyos atuendos cita en la portada, no eran más que puntos de referencia para una artista con brújula propia. En su búsqueda por ser única y sentirse dueña de sí misma, al punto de reclamarle de vuelta sus pecados al mismísimo Jesús en "Gloria", Patti Smith abrió espacios para todos los excluidos que, como ella, sentían ganas de ser vistos y escuchados.

https://www.youtube.com/watch?v=bPO0bTaWcFQ

De su propia boca, una confesión de intenciones sacada de una retrospectiva del 2004: "Estaba tratando conscientemente de hacer un disco que pudiese lograr que cierto tipo de persona no se sintiera tan sola. Gente como yo, diferente. No estaba apuntando a todo el mundo, ni intentando hacer un disco exitoso". Así de clara es la idea detrás de Horses, que, en contra de la norma de los debuts, mostraba a una artista definida y madura, contagiada de la curiosidad rimbaudiana por lo oculto, una querencia por lo inexplorado que fomenta la búsqueda de sentidos dentro de la placa, los que se apilan uno sobre otro conforme pasan las canciones. Cuando un fade se lleva "Elegie" y el silencio vuelve, Patti Smith ya ha sido una cuentacuentos, una amante, una sacerdotisa, un alma perdida, una sabia, una aventurera. Su presencia, inmensa, llena cada rincón y parece estar a punto de salirse de los parlantes, y canciones como "Break It Up" exigen que el volumen aumente para apreciar como es debido los audibles golpes que Smith se da en el pecho mientras canta y los dolientes aullidos de la venerable guitarra de Tom Verlaine de Television. Es como si Horses fuese un recipiente a punto de rebasarse, desafiado por tener dentro a una artista con una energía tan inmensa y desbordante. Los confines de un disco, que en el fondo es un tipo de envase para la música y no es la música en sí, nunca serán capaces de contener a una fuerza de la naturaleza como Smith, aunque el trabajo acá hecho para lograr lo imposible es uno de los mejores de la historia.

https://open.spotify.com/album/0OeuSeP8wp8n8OuTqYb61C

Trampin': tratando de hacer de mi casa un paraíso.

Por Nuno Veloso

Si bien las primeras obras de Patti Smith son a menudo citadas como las cumbres indiscutidas de su legado, en especial Horses y Radio Ethiopia, la poetisa del punk no dejó de editar material inflamable en las décadas siguientes a su emergencia. A mediados de los noventa esculpió una obra como Gone Again, editada en 1996, el mismo año del New adventures in hi-fi de sus devotos R.E.M. y donde "E-bow the letter" contaba con su participación. El registro estaba dedicado al fallecimiento de varios cercanos, incluidos su esposo Fred "Sonic" Smith, Robert Maplethorpe, su propio hermano Todd e incluso Kurt Cobain. Propulsado por un single demoledor como "Summer cannibals", contó también con el talento de Jeff Buckley, ofreciendo en la ocasión su última grabación de estudio antes de perder la vida en mayo de 1997.

Aunque la autora de "People have the power" siempre había sido considerada un ícono de la contracultura norteamericana, una defensora de las libertades individuales y una feroz opositora de la violencia, la guerra y sus atrocidades a nivel mundial, no fue hasta el año 2004 que plasmó su obra más política de todas: Trampin'. En ella, el guitarrista Lenny Kaye y el baterista Jay Dee Daugherty siguen manteniendo vivo el garage de los primeros días –en "Stride of the mind" y "Jubilee"- sumando a la crudeza una precisión que solo se consigue tras 3 décadas de cercanía y sintonía. El segundo guitarrista Oliver Ray y el bajista Tony Shanahan, que hicieron su llegada a la banda en el antes mencionado Gone again, para la fecha ya tenían en sus venas la energía que se había vertido en Peace and noise y Gung Ho. Esta racha era una segunda vida para Patti.

Elaborado tras la muerte de su madre Rose, Smith no solo dedica la obra a la maternidad –está la melancólica "Mother Rose" escrita en su memoria, y su hija Jesse hace también una aparición- sino que también está repleta de ansiedad respecto al panorama mundial post 9/11. En la tristeza de "Cartwheels", en la improvisación de "Gandhi", en el folk de "Trespasses", y la solidez de la dupla conformada por "My blakean year" y "Cash", late la angustia por un futuro incierto y por los sueños quebrados. Es en la hermosa pieza "Peaceable kingdom" donde Smith ofrece un atisbo de esperanza, pero con la condición de que ésta solo puede llegar reconociendo que no habrá vuelta atrás. "Ayer te vi parado ahí, con tu rostro pegado a la ventana mirando la lluvia. Y quise decirte que tus lágrimas no son en vano. Pero supongo que ambos sabemos que nada será igual (…) Tal vez algún día seamos fuertes como para poder construir este reino de paz nuevamente", canta con aflicción. Conmovedora, su interpretación bebe de haber visto hasta entonces al mundo convulsionarse no una, sino decenas de veces.

https://www.youtube.com/watch?v=BHQJo7n5k2M

La robusta y machacante "Radio Baghdad", en sus 12 minutos de duración, espejea la violencia sónica de aquella "Radio Ethiopia" hecha treinta años atrás, pero esta vez con un objetivo claro. Esta es una canción dedicada a la cuna de la humanidad, al valle de Mesopotamia, a un lugar donde míticamente estuvo el Edén y el árbol de la sabiduría, un reducto de ciencia y paz ahora cubierto de fuego y cenizas, menospreciado por occidente. Es un descargo contra la brutalidad desquiciada de Bush y su invasión. "Nosotros creamos el número cero, el número perfecto, pero no significamos nada para ti. Nuestros niños corrían por las calles y enviaste tus llamaradas", grita encolerizada. Tras un segmento de aparente calma en medio del blues desértico e implacable, prosigue susurrando: "Vete a dormir mi niño y te cantaré un arrullo. Un arrullo para la ciudad de Bagdad…" hasta que su respiración se convierte en grito de alerta: "¡Corre!, ¡corre!, ¡corre!", chilla, como llamando a los niños a buscar refugio mientras las bombas caen sobre la ciudad. La banda asalta estridente, ilustrando con electricidad punzante la presencia mortífera de las tropas estadounidenses sobre Irak. "Están robando la cuna de la civilización", expele insistente.

Tras el infierno, llega el tema que da nombre al álbum, un góspel tradicional donde, en un llamado poético al futuro, la hija de Patti, Jesse, se sienta al piano para acompañarla. "Voy caminando, intentando hacer de mi casa un paraíso", canta con convicción. Con sus pies descalzos y cubiertos de fango, tal como aparecen en la portada, la Smith siente el permanente rugir del planeta. No está para vivir de "glorias" pasadas –literalmente en su caso- sino que para estar en permanente conexión con la tierra. El resto, es solo mear en un río.

https://open.spotify.com/album/3od0OdWDIIO8fF9Plb8Qiu

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