Sex Education vuelve explícita y polémica

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Las actrices Aimee Lou Wood y Emma Mackey en uno de los capítulos del segundo ciclo.

Una de las series más comentadas del año pasado volvió el viernes con una segunda temporada que explora de modo más directo el sexo adolescente y que ha dividido a la crítica.



Lo que más tiene esta temporada es sexo, girando en torno a un eje ya habitual en esta historia: la adolescencia y el despertar de Otis Milburn (Asa Butterfield), el personaje principal e hijo de Jean F. Milburn (Gillian Anderson), una terapeuta sexual que, por lo demás, en este segundo ciclo adquiere incluso más protagonismo.

Se trata de Sex education, la producción de Netflix convertida en una de las más comentadas y aplaudidas de la primera parte del año pasado, una mirada a la relación entre adolescentes y adultos a través de la sexualidad y que, entre otros aciertos, le dio un nuevo aire a la carrera de Anderson. De la mano de la guionista y realizadora Laurie Nunn, la serie aborda tópicos y problemas que guardan relación con la masturbación, la virginidad o las infecciones de transmisión sexual, sobre todo cuando Otis y Maeve Wiley (Emma Mackey) deciden formar una clínica sexual secreta en su escuela, donde los estudiantes pagan por sus consejos.

La crítica del año pasado elogió la serie por la manera de tratar la adolescencia como una etapa conflictiva, pero desde una perspectiva natural, simple y sincera. Con su estreno el pasado viernes 17 en Netflix, los medios han vuelto a destacar su enfoque y su trama, aunque esta vez con algunos reparos y matices.

Según el diario británico The Telegraph, este segundo ciclo es "dulce, un drama convencional con lindas actuaciones". Lo mismo recalca The Guardian: "Todas las actuaciones son maravillosas, sobre todo porque el guion es maravilloso, interpretando el sexo con risas y la búsqueda de intimidad como algo serio, bueno y noble". The New Yorker adhiere: "Es una de las representaciones más frescas, divertidas y humanas de la vida adolescente en años".

Otras publicaciones han puesto acento en otro aspecto: en estos nuevos capítulos, se ve una clara evolución de la sororidad entre los personajes femeninos. "Son las chicas las que brillan más, particularmente en una historia sensible y sincera sobre la experiencia singular que une a todas las mujeres: el contacto sexual no deseado", subrayan publicaciones como Esquire.

Además, enfatiza que es una temporada más graciosa e incómoda que la primera, tomando como base las escenas explícitas de sexo que marcan una clara diferencia con los episodios de 2019. La misma Nunn ha dicho en entrevistas que esta vez la sexualidad adolescente se ha llevado a un punto aún más extremo.

Pero es ahí donde las reseñas de la crítica especializada han discrepado. The New Yorker, a pesar de elogiar la nueva entrega, también comenta que la personalidad de Otis tuvo un vuelco poco logrado. Este personaje ahora está, según el medio, "desafiado a enfrentar las realidades del amor, la intimidad y el sexo en su propia vida, lo que hace que a veces actúe como un cretino".

La revista Vogue, desde su lado, criticó el cuidado y la atención de los detalles de la segunda temporada en comparación a la primera. "En particular, en la segunda temporada es decepcionante", afirma.

Pero no sólo los medios norteamericanos levantaron distancia hacia el aumento de escenas sexuales más explícitas en la segunda temporada. The Telegraph fija una diferencia: aunque la serie está llena de sexo, eso "no quiere decir que sea sexy". La crítica del diario asegura que "si hubiera visto esta serie siendo adolescente, concluiría que el sexo es muy aburrido".

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