Esperando la muerte: reacciones ante la partida de Armando Uribe

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El último poeta de la generación del 50, quien falleció anoche a los 86 años, fue elogiado por su obra y ensayos. Su figura y producción literaria produjo diversas reacciones. En general admiración y respeto. "Era un hombre irascible, envidioso y bueno", dice Raúl Zurita.


Jorge Edwards, narrador y Premio Cervantes

"Conocí a Uribe en la escuela de Derecho de la U. de Chile, por entonces ya había publicado su primero libro, Transeúnte pálido. Éramos amigos, él junto a Alberto Rubio y varios más. Él era muy amigo de José Miguel Ibáñez Langlois. Uribe era un gran conocedor de la literatura italiana y también de temas religiosos. Perdí la oportunidad de visitarlo en los últimos años, me arrepiento de no haberlo seguido viendo".

Raúl Zurita

Raúl Zurita, poeta y Premio Nacional

"Armando Uribe Arce, con su conmovedora muerte y espera nos tocó a todos el corazón. Él escribió los mejores poemas breves de la poesía chilena y su libro No hay lugar es una joya que permanecerá para siempre en nuestra memoria y en nuestros sueños. En lo personal era un hombre irascible, envidioso y bueno, por el que sentí un cariño no siempre correspondido".

Matías Rivas, editor y poeta

"Creo que Armando Uribe fue un poeta fundamental en la escena chilena. Aportó con poemas de una belleza latina, con resonancias del siglo de Oro y de Pound, a quien tradujo y estudió. Uribe tiene libros esenciales como No hay lugar y Odio lo que odio, rabio lo que rabio, que marcaron su sello: los poemas breves sobre amor, sexo, muerte, la estupidez humana y la devoción. Su obra final son decenas de poemas dispersos en libros que articulan, sospecho, una gran obra sobre la espera de la muerte. El humor será otro elemento de su escritura, así como su trato refinado con diversas culturas. Perteneció a una generación donde cada uno buscó la originalidad y alejarse de Neruda. Ambas cuestiones las logró Uribe con plenitud. Está cerca de Teillier, Rojas, Parra y Lihn. Pero a la vez solitario. Era un señor algo prepotente que escribía con la pasión de los niños tímidos".

Elvira Hernández, poeta y Premio Pablo Neruda

"Armando Uribe fue un escritor con los dos pies en la tierra. Uno en la poesía y otro en el derecho. Era un poeta terrestre o terrícola pues, sin duda era, en su concepción, poetícola. Y estuvo metido en la parcela que es Chile, hasta los tuétanos, con humor furioso. Se internó en la lengua en sentido opuesto a Nicanor Parra, persiguiendo la lógica e ilógica de las palabras con ironía corrosiva y una cuota de misoginia. Fue una referencia importante entre nosotros".

Germán Carrasco

Germán Carrasco, poeta y escritor

"Cuando chico leí No hay lugar. Cuando niños nos fascinan las cosas relativas a la muerte, a la que Uribe trataba con ingenuidad. Fui una vez jurado con él; hablaba fuerte y decía poco. La prensa lo utilizó hasta reventarlo en tanto personaje. Mucho respeto, pero siempre me pareció un esqueje de Parra, de quien decía cosas con sesgos muy clasistas. Recuerdo que una vez en su casa al poeta José Ángel Cuevas le encontró cara de maestro de la contru y quería que le repara algo. Los aires señoriales y la prepotencia no son para nada mi taza de té. Sus mejores poemas fue la defensa del cobre chileno como abogado y la carta abierta a Aylwin".

Armando Roa Vial, poeta y traductor

"Armando Uribe es una de las voces más relevantes de su generación porque construye un diálogo muy original entre las posibilidades rítmicas y sonoras del verso clásico castellano con los hallazgos de las vanguardias poéticas del siglo XX, particularmente de la tradición anglonorteamericana y la italiana. Junto a su labor como artesano riguroso del verso, destacó además como un avezado traductor y un ensayista ejemplar, muy culto, versátil y provocador. Siempre fiel a sí mismo, fue un libertario insobornable, una voz moral que no trepidó en denunciar las astucias del poder y la descomposición espiritual de un país donde lo superfluo es ley".

Leonardo Sanhueza, poeta y columnista

"Armando Uribe halló una zona en que la tradición más rancia se hermana con ideas de vanguardia. Para él, la rima y la métrica española se relacionaban con el inconsciente y la escritura automática, por ejemplo. Esa dualidad se ve también en el ámbito político e incluso religioso. Con humor, carácter, cultura e inteligencia, hizo posible el charquicán intelectual de ser ultraconservador católico aristocrático de izquierda revolucionaria popular".

Vicente Undurraga, editor y columnista

"Armando Uribe era eso que cabría llamar, aunque seguro a él le hubiera irritado la etiqueta, un hombre de letras. De tomo y lomo. No era un poeta que además escribía ensayos. Era un poeta y un ensayista, brillante en cada género en sus momentos altos, que fueron varios. Y lo mismo un memorialista, un traductor, un lector, un entrevistado y un polemista excepcional. Y un estilista de humor negro: "Pobre ave yo pero tú pobre jaula"".

Andrés Anwandter, poeta

"Para mí, por mucho tiempo, la poesía de Armando Uribe estaba toda contenida en un libro de poemas tan breve como contundente: No hay lugar. Publicado el año 70 en Editorial Universitaria, de alguna forma "encuadernado" en una obra de Eduardo Vilches, su portada funcionaba realmente como puerta y daba una clave para leer a Uribe (hay otras claves en la burlesca contraportada donde declara tener 'ambiciones políticas ocultas'): sus poemas, generalmente confinados en estructuras severas ‒aunque no tradicionales‒ se "abren hacia adentro", y dejan así entrever un escrutinio feroz de sí mismo, una genuina indignación moral, un humor cruel y una religiosidad crítica, todo ello escrito con rigor y concisión implacables. Ese interior donde nos conduce la poesía de Uribe, público e íntimo a la vez, es un lugar donde se encuentra la antipoesía con el epigrama latino. Desde fines de los '90 en adelante publicó una docena de libros que continúan esta poética, pero creo que la mejor entrada a ella sigue siendo No hay lugar".

Paulo Slachevsky, director de LOM

"Se nos va un gran poeta, un hombre íntegro y justo. Un humanista de otros tiempos, que día a día, sin tapujos ni censuras, cuestionaba y se cuestionaba, indagaba en torno a lo personal y lo social. Con la partida de Armando Uribe, al igual que cuando falleció su gran amigo José Miguel Varas, se despide a una gran generación de intelectuales comprometidos con el tiempo que les tocó vivir, con su pueblo, con un Chile más justo; una generación que hizo de las letras 'un arma cargada de futuro'".

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