Muere Armando Uribe, el último gran poeta de la generación del 50

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El polémico abogado, ensayista y Premio Nacional falleció la noche del miércoles, a los 86 años. Desde 1998 estaba "recluido" en su hogar. Mañana será su funeral.


Estuvo hospitalizado a comienzos de enero, pero Armando Uribe Arce había regresado hace una semana a su departamento en Ismael Valdés Vergara, frente al Parque Forestal, donde decidió recluirse los últimos 22 años de su vida. Allí murió la noche del miércoles, pasadas las 23 horas, a los 86 años, debido a una insuficiencia cardíaca.

"Me siento hablando y escribiendo en forma póstuma", apuntó Uribe en sus memorias, donde confesaba que se sentía "como si hubiera vivido 100 años", quien se declaraba "católico, apostólico y romano".

Lo cierto es que el último poeta sobreviviente de la generación del 50 habló toda su vida de la muerte: "Desde chico me miraba a mí mismo como si fuera póstumo". Toda su obra poética está atravesada por ese misterio final. Entre la gran cantidad de entrevistas que dio llegó a decir: "Si me muriera hoy en la noche, estaría muy contento" (2005) y "Yo creo que nací muerto" (2016).

Agudo y polémico, tenía frases para el bronce: "Pablo Neruda era un ególatra consumado", "La señora Isabel Allende escribe para el mercado" y "¡Pura soberbia, atroz! Jorge Edwards está senil", dijo sobre el Premio Cervantes por sus memorias Los círculos morados.

Mañana sábado, a las 12 h, habrá una misa de despedida en la Iglesia San Francisco, de Santiago. Luego, sus restos serán cremados para ser trasladados donde quedarán, en el mausoleo familiar del Cementerio Católico.

La muerte y también el amor fueron los temas literarios de Armando Uribe. "Y me tiendo hacia el lecho que me espera/ y me sueño sin labios y sin cara/ y en la lóbrega vacilación del aire/ salgo y lloro en la bóveda negra", se lee en un puñado de versos publicado en la antología El joven laurel, de la Academia Literaria del colegio Saint George, en 1953, que entonces dirigía Roque Esteban Scarpa.

A los cinco años, Uribe iba al colegio con reloj de bolsillo. Aunque su genealogía lo vinculaba con gobernadores españoles, no creía en la aristocracia chilena. Estudió en el "San Jorge", como le decía al colegio. Allí conoció al fotógrafo Sergio Larraín, "caminaba a grandes zancadas", recordó, para luego, como su padre, formarse como abogado en la U. de Chile y especializarse en Derecho minero.

En la década del 50 comenzó su vida pública: debutó con el poemario Transeúnte pálido, en 1954, que lo asoció a la generación que integraron también Enrique Lihn, Miguel Arteche y Jorge Teillier. Tres años más tarde se casó con Cecilia Echeverría. Juntos tuvieron cinco hijos y vivieron 44 años en pareja, hasta la muerte de ella en 2001.

Pronto comenzaría a fumar, en promedio 40 cigarrillos diarios. Ocurrió "por un accidente del trabajo", dijo, en 1968 para no quedarse dormido mientras redactaba un informe. "Descubrí que si fumaba y me adormecía, iba a despertar cuando me quemara los dedos", contó Uribe, quien entonces era parte de la delegación de la Asamblea de Naciones Unidas, en Nueva York, EEUU.

Su vida diplomática incluyó ser embajador en China, en el gobierno de Salvador Allende. Estaba en Oriente cuando ocurrió el Golpe militar del 73. Luego se exilió en Italia y Francia.

"Lo más grave que nos sucedió en la vida, a mi mujer y a mí, fue el golpe de Estado", apuntó en sus memorias el poeta que obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 2004. Al año siguiente recibió la Orden Oficial de las Artes y las Letras de Francia.

En el exilio editó El libro negro de la intervención norteamericana en Chile (1974) y Caballeros de Chile (1978).

Fue profesor en La Sorbona y participó activamente en asuntos políticos. "Fui varias veces durante mi destierro en París a reuniones televisivas sobre cosas chilenas", anotó en sus memorias.

En YouTube circula una airada presentación, de 1980, donde habló de la intervención norteamericana en Chile. A su lado está David Phillips, agente superior de la CIA, a quien hace callar en varias ocasiones. Al día siguiente, el diario Le Monde publicó una nota sobre lo ocurrido en el programa.

Pecado original

Cuando el poeta regresó a Chile, en 1988, no fue fácil volver al mundo académico. No puedo entrar a la U. de Chile como profesor titular; lo hizo como profesor extraordinario, ad honorem. Entonces dio clases en la U. Arcis. Ante sus insistencia, la comisión de la facultad en la U. de Chile, integrada por Pablo Rodrígez Grez y Ambrosio Rodríguez, entre otros, le ofreció ser profesor asociado, cargo que rechazó.

"Entiendo que no quisieron reconocerle el doctorado en La Sorbona. Fue una vergüenza y una pena", recuerda hoy el poeta y abogado Armando Roa Vial.

Por esos años publicó dos libros sobre sus dos obsesiones políticas: Carta abierta a Patricio Aylwin (1998) y El accidente Pinochet (1999).

En 1998 decidió "enclaustrarse" en su hogar y pronto cambiaría el tabaco por las galletas de soda. Ese año "se produjo en nuestro departamento del Parque Forestal, la muerte de mi hijo Francisco y pasé, después del luto por la muerte de mi padre en 1970, al luto que he continuado hasta el presente y que pienso llevar hasta mi muerte", señaló.

A una insuficiencia respiratoria, en 2012, se sumó una enfermedad muscular llamada claudicación intermitente. "El nombre parece un chiste", aseguró Uribe. Pero su afán por dialogar no se interrumpió. Por esos días decía: "Me levanto, me visto y vuelvo a la cama".

Uribe seguía respondiendo entrevistas ante nuevas publicaciones. Incluso había sacado la cuenta que publicó más libros en los últimos 15 años que en los 50 anteriores. En total: 60 títulos.

Entre ellos, la trilogía poética Baba (2010), Tonto (2011) y Feo (2013). "En ella apelo a fenómenos del país donde la tontera y la fealdad son características cultivadas por los más poderosos", dijo a este diario. En prosa destacó Memorias para Cecilia (2016) y Vida viuda (2018).

"No era un poeta que además escribía ensayos. Era un poeta y un ensayista, brillante en cada género en sus momentos altos, que fueron varios", señala el editor Vicente Undurraga.

El poeta que deseó que llegara la muerte, en sus últimos años se levantaba, se vestía de terno y corbata y volvía a su cama, escribió: "En vida, no morirse es el castigo,/ ya que vivir es pago de la deuda/ del pecado primero original".

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