David Bowie y John Lennon: Karma instantáneo

Bowie y Lennon, artistas que acudieron explorando la vanguardia para infundir posteriormente ideas y conceptos poco comunes en un formato pop, eran, según la misma Yoko Ono, individuos a la par en talento e intelecto. Tras un primer encuentro marcado por la timidez del Duque Blanco ante la figura de su ídolo, ambos construyeron una relación que parecía en muchos aspectos escrita en las estrellas…o, parafraseando a Lennon, atravesar el Universo.



“Me sentía como, era como algo kármico… Elton y yo (grabamos) juntos y yo consigo un número uno, el primero, y yo se lo transmito a Bowie y él consigue su primer número uno y a mí me gusta esa grabación”, le dijo John Lennon a Andy Peebles de la BBC en su última entrevista, dada 48 horas antes de ser asesinado por el desquiciado Mark Chapman.

Ciertamente, Whatever gets you through the night, la canción que Lennon y Elton John grabaron juntos para su disco Walls and Bridges (1974), fue el primer número uno solista del ex Beatle. El segundo sería Fame, compuesta por Lennon junto a Bowie y su por entonces guitarrista de gira Carlos Alomar.

Lennon, saturado de la fama, había registrado precisamente en Walls and Bridges la ácida Scared, su suerte de descargo ante los pormenores de una posición tanto o más popular que Jesucristo. Sin olvidar, por cierto, el gran refrán de la Ballad of John and Yoko, interpretada junto a McCartney: “así como van las cosas, me van a crucificar”.

Parece una alineación de dos alienados, la unión kármica de Lennon y Bowie. El Delgado Duque Blanco le tuvo desde sus primeros días en las lides compositivas en alta estima, habiendo aprendido los juegos de palabras del ex Beatle e incluyendo aquellas técnicas en sus propias letras; además de mencionarle, por ejemplo, en Life on Mars? (1971).

En 1974 y 1975, Lennon se encontraba en pleno Lost Weekend, bebiendo hasta el hartazgo junto a Harry Nilsson y saliendo de juerga. Al contrario del resto de los Beatles solistas, su fuerte nunca fue colaborar en grabaciones de otros músicos debido a una confesa falta de habilidad musical, tal como le aclaró a Andy Peebles en la entrevista mencionada al comienzo:

“Yo nunca hacía jam con nadie en absoluto. Por timidez, inseguridad, y yo no podía ir a una sesión y tocar como tocaba George, ¿sabes?, tengo un vocabulario limitado a la guitarra o el piano. O sea, ¿qué iba a hacer yo con Cream o lo que hicieran por entonces?”

Tras el éxito junto a Elton John, Lennon y Bowie, ambos por entonces desarrollando sus vidas en Estados Unidos, coincidieron en un primer encuentro en medio de las labores de cierre del disco The Gouster, el álbum con el que Bowie pretendía abarcar su amor por el Soul y el R&B. Tony Visconti recuerda cómo se gestó todo en su autobiografía Bowie, Bolan and the Brooklyn Boy:

“Un día, mientras estaba trabajando en Hit Factory, David me llama por teléfono. ‘John Lennon vendrá a mi suite en el hotel esta noche y sería grandioso si pudieras estar ahí, y mediar la reunión entre nosotros”.

Lo que necesitas lo tienes que pedir prestado

El productor hace énfasis en lo nervioso que estaba Bowie en esta primera ocasión, y lo intrigado que estaba él mismo de conocer a John. Pasadas las 11 de la noche, Visconti golpea a la puerta de la habitación de Dave y del otro lado le contesta Neil Aspinall, alguna vez roadie de los Beatles y por entonces ejecutivo de Apple Corps. Al entrar, encuentra a David sentado en el suelo y acompañado por una chica, tímido y dibujando en un bloc de notas. Lennon apareció después, saliendo de su escondite en el baño con su acompañante May Pang, pues pensaba que los golpes en la puerta podían tratarse de una redada de la policía.

La noche avanzó con Tony haciendo muchas preguntas a Lennon sobre sus grabaciones junto a The Beatles, pero el hielo entre los dos músicos se rompió finalmente cuando John le preguntó a Bowie si tenía otro bloc para dibujar. Así, ambos comenzaron a hacer caricaturas entre ellos, dando paso a la distensión. Visconti intercambió entonces sus primeras palabras con la asistente del ex Beatle, con la cual incluso contraería matrimonio años después.

Tras el encuentro inicial, y mientras Visconti se encontraba en Londres mezclando la placa que hasta ese momento estaba completa, Bowie le llamó para informarle que se había juntado con Lennon y habían creado una canción juntos. “Hubiera tomado un Concorde para estar ahí”, diría.

Carlos Alomar, con tan solo 22 años, no podía creerlo: “La sensación de orgullo e inspiración de estar ahí con Lennon era sobrecogedora. No puedo describir por completo lo que se sentía que eso llegara a ocurrir. John Lennon era un tipo muy divertido y sabía el efecto que causaba al entrar en una habitación, hacía a todos sentir relajados al ponerse a hacer bromas”.

En aquella época, Bowie se encontraba en aprietos financieros -como muchos músicos de la época- debido al mal manejo de su manager, Tony Drefies. Apesadumbrado y paranoico -ambas actitudes exacerbadas por el consumo de cocaína como herramienta de trabajo- le contó a Lennon sus tribulaciones. El ex Beatle, que había pasado junto a sus compañeros por algo similar con Allen Klein de Apple Records, le dio al camaleón un consejo que le cambió la vida, tal como Bowie recordó años después:

“Le dije, tengo este manager y lo odio, ¿cómo consigo uno nuevo? Y John me dijo, detente ahí mismo. No necesitas un manager. Fue el primer artista que conocí que me dijo que no necesitaba un manager. Así que me deshice de ese manager y virtualmente me manejé a mi mismo el resto de mi vida. He tenido asesores financieros y todo eso, pero la idea de un manager no ha vuelto a cruzar mi mente desde el 75″.

John Lennon y May Pang.

En la sesión improvisada la banda grabó una versión de Across the Universe con Lennon en guitarra acústica. El plan siguiente era registrar también la versión de Footstompin’ de The Flares, que la banda de Bowie venía tocando en la gira de Diamond Dogs (Existe una versión en el disco en vivo The Soul Tour ‘74). Pero, tras fallidos intentos, el riff mutó hasta convertirse en los cimientos de Fame. Carlos Alomar lo recuerda en conversación con el biógrafo David Buckley:

“Bowie estaba haciendo Footstompin’ en la gira, una canción que me gustaba mucho. Yo comencé a tocarla en el estudio e intentamos grabarla pero sonaba como una simple canción de rock and roll. Ni a Bowie le gustó cómo sonaba. Entonces empezamos a cambiar la métrica… en eso Lennon de pronto toma una de mis guitarras y se va a la cabina a grabar algo con ella”.

Un sonido causado por Lennon al golpear el micrófono le pareció a Bowie sonar parecido a la palabra “Fame”, y convencido de que Lennon la había pronunciado, se volvió extasiado y comenzó de inmediato a elaborar una letra con ella. Brotando en plena sesión, y de la nada, las palabras contenían rabia y descontento canalizados hacia el manager Tony Defries, tal como Dylan alguna vez cantó sobre los “Hombres de negocios que beben mi vino” en All along the watchtower para Albert Grossman, o un Freddie Mercury escupiendo “Chupas mi sangre como una sanguijuela” en Death on two legs, dirigida a Norman Sheffield.

El hecho había ocurrido en los estudios Electric Lady, de improviso, y Harry Maslin, el ingeniero a cargo, terminó siendo testigo:

“Como un fan total de los Beatles, no es necesario decir que me voló la cabeza tener esta oportunidad de trabajar con John. Mi anécdota favorita de la experiencia de Young americans ocurrió cuando David salió de la sala de control y le pedí a John que volviera al estudio y tocara de un golpe un acorde en el piano. Mi idea era que ‘Fame’ comenzara con el sonido de un piano al revés, y mi técnica era poner la multipista de cabeza y poner a andar la cinta al revés al momento de grabar, luego revertirla nuevamente para obtener el efecto deseado. Mientras esto ocurría, John me miraba como si yo estuviera loco, con esta mirada desconcertada en su rostro. Hizo lo que le pedí perfectamente y luego volvió a la sala de control. Me preguntó qué era lo que estaba haciendo y luego de explicarle el proceso me comentó lo siguiente: ‘Los Beatles nunca lo hicieron de esa forma’, ante lo cual —en mi shock total y humillación— le respondí de una forma un tanto sarcástica. ‘OK, John. ¿Cómo lo hicieron los Beatles?’. Nunca olvidaré ese comentario, ¿qué otra cosa podría ser más memorable que eso?”, recordó para Culto.

Vivir es fácil con los ojos cerrados

En su última entrevista con Lennon, del 7 de diciembre de 1980, Andy Peebles le hace ver que Bowie eligió vivir en Nueva York por la sensación de seguridad que le brindaba, y le pregunta a John si él y Yoko sienten lo mismo viviendo en la Gran Manzana. Su respuesta, tan solo horas antes de su asesinato, es escalofriante:

“Eso es lo que finalmente me hizo quedarme aquí. No fue una decisión consciente. Simplemente vi que iba al cine, a los restaurantes…cuando salí de Inglaterra, aún no podía ir por la calle… No podíamos dar la vuelta a la manzana, no podíamos ir a un restaurante, a menos que quisiéramos ir con toda esa porquería de ‘la estrella que va al restaurante’. Incluso he andado por las calles en los últimos siete años. Cuando nos trasladamos aquí, primero vivíamos en el village, en Greenwich Village, que es una especie de sección intelectualoide-progre de la ciudad, para los que no lo sepan, donde viven todos los estudiantes y los seudo cualquier cosa. Unos cuantos viejos poetas y todo eso. ¿Sabes? gente que han vivido allí, años y años, que aún viven allí. Nos metimos en esto antes, no lo acabamos, ella me dijo: sí, puedes andar por la calle. ¿Sabes? Dice: podrás andar por aquí. Pero yo andaba como tenso, esperando que alguien me dijera algo, o me saltara encima, y me llevó dos años relajarme. Puedo salir por esa puerta y entrar en un restaurante. ¿Sabes lo grande que es eso? ¿O ir al cine? Quiero decir, la gente se acerca y me pide autógrafos o dice: hola. Pero no te vuelven loco, ¿sabes? Simplemente: eh, hola, ¿cómo va? me gusta tu disco”.

En aquellas últimas palabras, Lennon también aprovechó de elogiar a Bowie:

“Tengo que decir que le admiro por lo amplio y distinto de su talento. Yo no estaba por allí cuando salió aquello de Ziggy Stardust porque ya me había marchado de Inglaterra cuando aquello estaba en marcha, o sea que en realidad nunca supe qué tal era él… Entre él y yo no sé qué pasa, pero parecía como si tuviéramos una especie de comunicación mutua y yo pienso que él es algo grande. La cuestión es que puede meterse en eso (del teatro) y hacerlo y eso es algo que yo no podría conseguir nunca”.

Como otro testimonio del aprecio de Lennon por Bowie, es posible encontrar entre sus grabaciones en demo la canción She’s a friend of Dorothy, inspirada en Dave.

En una entrevista para un medio australiano años después, Bowie a la vez expresó su admiración por Lennon: “Él fue una de las influencias más grandes en mi vida musical. Pensaba que lo que él hacía era lo mejor que podías hacer con el rock and roll. Sentía un vínculo con él, ya que él buscaba cosas e ideas en la vanguardia que estaban muy en la periferia de lo que se consideraba el mainstream y las aplicaba luego en una forma funcional para algo que él consideraba popular”.

En el año 1997, Bowie seleccionó la versión original de Across The Universe de The Beatles como una de sus grabaciones favoritas en Guitar Player: “es el retrato del corazón espiritual de donde Lennon estaba en ese momento, el retrato de un hombre espiritualmente confuso pero increíblemente filántropo. Hay una mente espectacular obrando ahí, un intelectual genuino que no hablaba en el vocabulario de un intelectual”. En la última noche del tour Serious Moonlight, el 8 de diciembre de 1983, Bowie decidió cerrar con Imagine en tributo a su amigo e ídolo.

Lennon nunca dejó de estar presente en la mente de Bowie. Con Tin Machine, registró ya en los albores de los noventa una versión de Working class hero; la canción Afraid del disco Heathen (2002) incluye un guiño a la God de Lennon, en la frase “I believe in Beatles”; y un cover de Mother registrado en Bermuda en el verano de 1997 a pedido de Yoko Ono para un disco tributo a Lennon que estaba originalmente planeado para editarse en el año 2000, pero que nunca apareció.

En la sesión participó Andy Newmark en batería -quien había trabajado en Young Americans y además con Lennon en Double Fantasy, Milk and Honey y con Yoko en Season of glass- y posteriormente fue producido por Tony Visconti en 1998 y con Reeves Gabrels en guitarra y Jordan Rudess (de Dream Theater) en teclados. Hecho público finalmente en 2021 en formato single, y con su portada decorada por la mano de una recién nacida Lexi, la hija de Bowie e Iman, evidencia una conmovedora interpretación y enlaza nuevamente a ambos artistas, cuyas respectivas madres fueron distantes con ellos, ya sea física como emocional y psicológicamente.

Tan solo días antes de asesinar a Lennon, Mark David Chapman había sido uno de los asistentes a una función de El Hombre Elefante en Broadway, donde Bowie mismo personificó a John Merrick. Tras los hechos y el fin de la temporada de la obra, Bowie debió revaluar su estadía en la ciudad y se radicó en Suiza por tres años, tanto por seguridad como por una forma de procesar también pérdida. El biógrafo Mark Spitz señala la importancia que tuvo Lennon para Dave:

“Lennon había sido una suerte de sustituto para la figura de su hermano mayor Terry, alguien a quien genuinamente admirar y a quien seguir. Marc Bolan, quien había muerto en el ‘77, también había cumplido antes ese rol; aunque era técnicamente más joven, había encarnado la personalidad alfa para el tímido y siempre en la búsqueda David Jones”.

En 2016, tras la muerte de Bowie, Yoko Ono le recordó emotivamente y recalcó el papel que Dave tuvo a su vez en la vida de su hijo Sean:

“John y David se respetaban entre sí. Estaban muy a la par en intelecto y talento. Como John y yo teníamos pocos amigos, sentíamos que David era tan cercano a nosotros como un familiar. Tras la muerte de John, David siempre estuvo presente para Sean y para mí. Cuando Sean estaba en la escuela en Suiza, David pasaba a recogerlo y le llevaba a los museos y le dejaba pasar tiempo en su estudio de grabación en Génova. Para Sean, esto es perder otra figura paterna, y sé que será duro para él. Pero tenemos dulces recuerdos que se quedarán con nosotros por siempre”.

Sigue leyendo el especial David Bowie en Culto

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