Sylvia Plath, un huracán horizontal

El 11 de febrero de 1963, una de las mayores poetas de los Estados Unidos decidió terminar con su vida de modo trágico. Originaria de Boston, pasó a la inmortalidad con una poesía confesional y a la vez muy original, además de una novela esencial, La campana de cristal. En Culto repasamos las claves de su escritura de la mano de especialistas.



De alguna forma, en su poesía había anticipado lo que haría ese 11 de febrero de 1963, cuando contaba apenas 30 años. De su puño y letra había escrito un poema que comenzaba diciendo: “Soy vertical / pero preferiría ser horizontal”.

Sylvia Plath sentía que su lugar estaba bajo la tierra, no sobre ella. De hecho, el poema finalizaba con una frase que sonaba a declaración: “Seré útil cuando al fin me tienda / entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí”.

Ese helado día de febrero en la gris Londres, Plath dejó el mundo tras suicidarse asfixiándose con gas. Colocó su cabeza al interior del horno y abrió la llave de paso. Todo esto, tras haber preparado el desayuno a sus pequeños hijos, Frieda y Nicholas.

Su vida fue tormentosa y estuvo lejos de ser fácil, de hecho, en agosto de 1953 había intentado suicidarse con somníferos, luego de eso fue internada y tratada con electroshocks. Pese a los momentos difíciles, Plath tuvo como norte a la literatura. Tanto fue así que solo unas semanas antes del suicidio había publicado su única novela en vida, La campana de cristal, claro que con el seudónimo de Victoria Lucas.

Resistente y valiente

A pesar de que La campana de cristal es quizás lo más conocido de Sylvia Plath, lo suyo siempre fue la poesía. La oriunda de Boston es una de las poetas claves de las letras estadounidenses, junto con otras lumbreras como Anne Sexton, Emily Dickinson, T.S. Eliot o Robert Lowell. Cultivó un estilo bastante personal, que suele llamársele “Poesía confesional”. Es que gran parte del material que organizaba cuidadosamente en palabras venía de su propia experiencia.

Esta relación entre su vida y su escritura transparente y honesta la explica a Culto la académica estadounidense Karen Kukil, investigadora del Departamento de Inglés del Smith College, en Massachusetts. Kukil es una verdadera autoridad a nivel mundial sobre la obra de Sylvia Plath.

“Sylvia Plath fue resistente y valiente a pesar de los traumas familiares y el tratamiento médico que recibió, como la terapia electroconvulsiva mal administrada, las peligrosas inyecciones de insulina y el Parnate para la depresión, que tiene todo tipo de efectos secundarios –señala Kukil–. Aunque su vida fue corta, Sylvia Plath escribió algunas de las mejores poesías y prosas del siglo XX que son tan frescas y honestas hoy como lo fueron hace más de cincuenta años”.

“Si bien la inspiración para muchos poemas que escribió Plath provino de sus experiencias de vida (como la fiebre), editó cuidadosamente sus últimos poemas en hasta diez borradores por título (ahora conservados en Smith College) para reflejar temas más universales”, añade Kukil.

Por su lado, Heather Clark, académica de la Universidad de Huddersfield, Inglaterra, y quien escribió una biografía sobre Sylvia Plath (Red Comet: the short life and blazing art of Sylvia Plath) también se anima con una caracterización de su poesía. “Es muy difícil resumir el trabajo de Plath en pocas palabras, pero caracterizaría la poesía de Plath como poderosa, surrealista, irónica, controlada, autoritaria, lingüísticamente sofisticada y psicológicamente aguda”.

El crítico literario Matías Rivas es alguien que también conoce bien la obra de Plath. De hecho, rescata otro aspecto de su poesía. “Es una de las grandes poetas del siglo XX, más que por lo confesional de su obra, por la lírica, por la capacidad de crear imágenes. Escribió poco, pero sus poemas son difíciles de imitar, muy singulares. Son oscuros, en el sentido de que no es una escritora de fácil acceso”.

“Sylvia Plath tenía una capacidad lírica de abordar temas muy cotidianos, pero en vez de transformarlos en un relato, que es lo que habitualmente hacen muchos poetas que hablan desde el ‘yo’, lo transforma en una cantidad de imágenes un poco alucinatorias, con un ritmo muy especial –añade Rivas–. Es una voz que tiene muchos antecesores, pero que es original. No dice las cosas de manera directa, sea cuando se refiere a su papá, o cuando se refiere al amor, es oblicua, está llena de vericuetos, de repliegues. Es una mujer compleja”.

El amor

La poesía habitaba no solo en su escritura, también en su vida personal. Su esposo fue el también poeta Ted Hughes, quien era bastante reconocido en esos tiempos. En sus cartas, Sylvia Plath daba cuenta del desbordado amor que sentía por él.

En una carta a Hughes, del 7 de octubre de 1956, y que puede leerse en el libro Dibujos (Nordica Libros, 2014), Plath le dice: “Dentro de veinte días habré completado mi 24º año y comenzado el 25º. Es una crueldad decirlo así, pero es verdad; un cuarto de siglo echado a perder; y quiera el señor que haya otros tres cuartos de siglo todos bendecidos por tu presencia, de día y de noche, con huracán y con holocausto”.

En la misma carta agrega: “Tu ausencia hace estallar en pedazos toda mi idea de ser; y vuelvo a tener las pesadillas más espantosas, por estoicamente que me comporte durante el día”.

Ted Hughes y Sylvia Plath.

En misiva a su madre, del 23 de octubre de 1956, y que puede leerse en el citado volumen, Plath señala: “Estamos casados y para ambos es imposible estar enteros o sanos separados…Puedo escribir y hacer bien los exámenes si mi Teddy está conmigo”.

A mediados de los 50 las cosas iban bien entre Hughes y Plath, pero en octubre de 1962, tras haber experimentado dificultades, el matrimonio se quebró y Hughes se fue con Assia Wevill. Entre octubre y noviembre, con el dolor latente del divorcio, Plath escribió gran parte de los poemas que conformarían Ariel, su poemario póstumo.

Apuntes para leer a Sylvia Plath

Si se tiene ganas de leer a esta interesante autora estadounidense, ¿por dónde empezar? Para Heather Clark, la respuesta hay que situarla en su poesía. “Recomendaría Ariel a quienes se inicien en la lectura del trabajo de Plath”.

Matías Rivas coincide que para empezar a leer a Plath, lo ideal es lo escrito en verso. “Hay que entrar por su poesía, es a lo que se dedicó. Lo mejor que escribió está ahí. Su poesía tiene más que ver con Residencia en la tierra, por ejemplo, que con Parra. Es lírica, en eso es muy interesante. Hay muchos personajes en su poesía. No obstante, puede ser más fácil sumergirse con otro tipo de escritura, como sus diarios o La campana de cristal”.

¿Y La campana de cristal? Si bien es su título más conocido, Clark no cree que sea su mejor obra. “La campana de cristal es una novela maravillosa y es quizás su obra más leída. Sin embargo, creo que Ariel es su mayor obra”, opina la biógrafa.

Rivas es de la misma opinión: “La campana de cristal es una muy buena novela, lamentablemente la traducción que está circulando es muy españolizada y la hace casi imposible, así que recomiendo la traducción argentina, que es difícil de pillar, de Edhasa”.

“Su mejor libro es Ariel, el libro que apareció posterior a su muerte, ahí están sus poemas fundamentales –cierra el también columnista de La Tercera Domingo–. Ahí está la médula de su obra”.

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