Ignacio Echevarría, editor: “Después de Nicanor Parra ya no se puede regresar al Olimpo”

El editor y crítico español estuvo a cargo de Obras Completas & algo más, considerada la antología más contundente del célebre poeta chileno. En charla con Culto, relata que fue gracias a Roberto Bolaño que conoció su obra y llegó a trabajar con él. Además de las particulares peripecias que se vivieron en la edición del volumen.



La primera vez que Ignacio Echevarría viajó a Chile, a fines de 1999, tenía entre sus amistades a Roberto Bolaño, entonces ya convertido en toda una celebridad literaria tras el éxito de su fundamental novela Los detectives salvajes, publicada el año anterior. Hasta ese momento, para el oriundo de Barcelona nuestra angosta y larga faja de tierra era solo una palabra lejana, alimentada por el recuerdo que Bolaño hacía de su tierra natal a través de su literatura (como en Estrella distante).

Era tan cercano el vínculo que tenían Echevarría y Bolaño, que el primero apareció como personaje en Los detectives salvajes bajo el mote de Iñaki Echavarne. Por ello, en vísperas del periplo, Echevarría le pidió un consejo a su letrado amigo.

“Pregunté a Roberto Bolaño qué me recomendaba leer de la literatura chilena y me respondió enseguida: Nicanor Parra. Tomé nota y le pregunté qué más. Me respondió de nuevo: Nicanor Parra. Y aún otra vez. Así que me puse a leerlo”.

Ignacio Echevarría.

Así, Ignacio Echevarría, se enfrentó a la lectura del antipoeta, el autor favorito de Roberto Bolaño. Este ya lo había conocido en 1998, cuando el hombre de La pista de hielo volvió al país luego de 25 años de ausencia y por supuesto, pasó a Las Cruces para tener la experiencia de compartir in situ con su ídolo. Un año después, el tranquilo balneario del litoral central aparecía nuevamente en el itinerario. Hoy, el peninsular recuerda ese momento en conversación con Culto.

“Como todo lo relativo a Nicanor Parra, mi encuentro con él pasa por mi relación con Bolaño. Los dos coincidimos en Santiago a finales de 1999. Ya durante la primera visita había ido a conocer a Parra, de la mano de Marcial Cortés-Monroy y de Alexandra Edwards. Marcial estaba entonces en estrecha conexión con Nicanor, él fue uno de los agentes determinantes del gran revival que conocieron la figura y la obra de Parra a comienzos de este siglo. Se planeó una nueva visita a Las Cruces, esta vez conmigo y mi pareja de entonces. Y allí fuimos. El encuentro fue deslumbrante, primero en la casa de Nicanor y luego en un restaurante cercano que él frecuentaba: el Kaleúche. Allí desplegó Parra todas sus artes de seducción, que eran muchas y muy poderosas (le vi ejercitarlas luego en otras ocasiones, siempre con los mismos efectos). La comida en el Kaleúche fue inolvidable, y quedó documentada con unas fotos estupendas de Alexandra. Inevitablemente, me convertí en un ‘parriano’ incondicional”.

Nicanor Parra, Roberto Bolaño e Ignacio Echevarría en Las Cruces, 1999.

A partir de ese viaje, y gracias al entusiasmo de Bolaño, Echevarría se convirtió en editor de Nicanor Parra, ya que asumió la monumental tarea de editar los volúmenes del Obras Completas & algo más, a través de las casas editoriales de Barcelona Galaxia Gutenberg y Círculo de Lectores. “Fue Bolaño quien, al regreso de aquella visita a Las Cruces, en la euforia del vino y de la amistad, me propuso hacerlas. Yo entonces colaboraba muy estrechamente con Hans Meinke, antes director del Círculo de Lectores y luego de Galaxia Gutenberg, editorial que sostenía una ambiciosa línea de Obras completas en cuya creación yo mismo había participado. A mi regreso a Barcelona, intoxicado todavía de entusiasmo, le expuse, muy calurosamente, el proyecto, y él se avino a impulsarlo. Borrachera + Bolaño + Meinke = Obras Completas & algo +”.

Aprobado el proyecto, después vino lo que Echevarría, reconoce, fue lo más complejo del proceso: conseguir que Parra firmara el contrato correspondiente. No era simple, pues dado su proyecto antipoético, solía arrancar a último minuto de cualquier compromiso que implicara entrar en la cadena de producción cultural. Pero el español era insistente. “Fueron tres años de marear la perdiz, como se dice en España (es decir, ir y venir de un lado a otro sin provecho alguno). Ya me lo avisaban los amigos chilenos: ‘Nunca firmará. El viejo nunca se deja atrapar’. Pero firmó, finalmente”.

¿Qué pasó? Fue la muerte del autor de Una novelita lumpen, el 15 de julio del 2003, lo que hizo torcer la férrea voluntad de Parra. “Lo hizo en memoria de Bolaño, al poco de su muerte. Cuando lo fui a visitar pocos meses después me dijo: ‘Roberto hubiera querido que firmara, ¿cierto?’. Y firmó”.

Entonces, en 2006, y en dos gruesos tomos, se publicó finalmente Obras Completas & algo más. “Se trata de unas obras completas en sentido estricto -explica Echevarría-. Reúnen TODOS los libros publicados en vida por Parra, además de otros muchos materiales anejos, entre ellos los artefactos expuestos en Obras públicas o los textos publicados en Manuscritos. Y mucho más, empezando por Gato en el camino. Otra cosa es la obra inédita o desperdigada, nunca reunida. Por ahí hay un trabajo infinito por hacer, como, por lo demás, ocurre con tantos y tantos autores, sobre todo si han sido longevos, como es el caso de Parra. Pero los dos tomos de Obras completas & algo + son, como el título mismo proclama, unas obras completas, término que aquí puede emplearse con todo rigor. Eso, y algo más, bastante más. Sin excluir las notas, llenas de informaciones y materiales valiosos”. Además, incluye los trabajos anteriores al fundamental Poemas y antipoemas (1954). En esta cuerda se anota su poco conocido primer poemario, Cancionero sin nombre (1937).

“Aprovecho para añadir que me parece una calamidad que, habiéndose agotado hace ya mucho tanto la edición en tapa dura como la edición de bolsillo de estas Obras completas, no se reediten. A pesar del tiempo transcurrido, siguen teniendo toda validez, sin perjuicio de que, llegado el caso, pudieran añadirse algunas piezas exhumadas más tardíamente por Ediciones Universidad Diego Portales”.

Estas Obras Completas incluyeron un prefacio del mismísimo Harold Bloom, el célebre crítico literario estadounidense, quien más de una vez señaló que el autor de Canciones rusas merecía el Premio Nobel de Literatura. Echevarría cuenta una particular historia al respecto y una sorprendente revelación: “(Lo del prefacio) Fue por voluntad expresa de Nicanor. Él se empeñó en que fuera Bloom, y para mi sorpresa el mismo Bloom aceptó enseguida, muy complacido. Otro candidato para el prefacio era Ricardo Piglia. Pero en el proyecto original, quien estaba destinado a escribirlo era Bolaño, que conste”.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Nicanor Parra?, ¿Qué recuerda de él?

Nos dejó hacer. Sabía que si él metía la nariz en el proceso de edición, nunca terminaríamos, y nos dejó hacer. A mí y a Niall Binns, gran conocedor de la obra de Parra y de la poesía chilena en general, a quien recluté para la tarea. Simplemente le consultábamos. El episodio más peliagudo tuvo que ver con su resistencia inicial a publicar los libros y textos anteriores a Poemas y antipoemas. Y luego, con su insistencia en que los Artefactos se ofrecieran, como en su día, en una caja de postales. Por ahí tembló la cosa. Aquello era inviable. Pero el azar dispuso que en el momento crítico se hallara Adán Méndez en casa de Nicanor, y él fue quien resolvió el conflicto. Adán y Nicanor hablaban el mismo idioma, sin su intervención no sé yo qué hubiera pasado. Por lo demás, Niall Binns y yo recibimos innumerables apoyos. La complicidad entusiasta de Marcial Cortés-Monroy fue, por ejemplo, decisiva. Y la de muchos más. Aquello fue una causa colectiva.

De los libros de Nicanor Parra, ¿cuáles son los que más le gustan a usted y por qué?

Uf, vaya pregunta. Me cuesta pensar en la obra de Nicanor en términos de “libros”. La veo como un continuum. Una misma operación de hallazgo y fugas constantes en el transcurso del tiempo. Desde el principio fui muy consciente de que la idea de “atrapar” a la antipoesía en dos gruesos y solemnes volúmenes de obras completas constituía una especie de atentado a su espíritu libérrrimo y volandero. Pero el reto consistía precisamente en eso. Hay un aforismo de Kafka que ilustra muy bien lo que digo: “Una jaula salió en busca de un pájaro”. Eso fueron las Obras completas & algo +.

¿Se conocía el trabajo de Nicanor Parra en España hacia fines de los 90?

Se conocía, por supuesto, pero de forma irregular, como sigue ocurriendo ahora, a pesar de todo. El problema es que la subversión de la antipoesía llegó a destiempo a España, por circunstancias tanto de tipo histórico como concernientes a la propia tradición poética y sus dinámicas. Y ya luego fue tarde para que esa subversión que proponía resultara eficaz. Pero Parra sigue constituyendo un modelo al que acudir, cómo no, sobre todo para los más jóvenes. Y aún están por reconocerse algunas de sus lecciones más profundas, sobre todo en lo relativo a la conexión del poeta con el lenguaje de la tribu. Hace unos pocos meses, charlando en Barcelona con Alejandro Zambra, me sorprendió la viveza con que observaba, con mucho acierto, cómo la antipoesía se había adelantado a Twitter, ja ja.

¿Qué le llama la atención de la poesía de Nicanor Parra?

Su libertad. Su capacidad de renovación perpetua. Su búsqueda permanente. Su inasibilidad. Su humor, por supuesto. Su seriedad también. Su manera de adelantarse a todo, a todos.

¿Cuánto de Nicanor Parra cree usted que hay en la actual poesía hispanoamericana?

Me temo que carezco de perspectiva y de autoridad para pronunciarme sobre esto. Pero pienso que todos los rasgos apuntados en mi respuesta anterior han dejado una huella indeleble. Después de Parra ya no se puede regresar al Olimpo, así se empeñe uno en tocar la lira y cantar como Apolo.

Pero el vínculo de Echevarría con Nicanor Parra no se agotó en la edición de las Obras Completas. El hispano fue el curador de una exposición de los artefactos visuales de Parra, llamada “Voy y vuelvo” que se realizó en la Biblioteca Nicanor Parra, de la UDP, en 2014. Se trató de una selección estudiada de piezas fundamentales de cada una de las etapas de la obra del antipoeta. Se incluían: Quebrantahuesos, Tablitas de Isla Negra, Bandejitas de la Reyna, Artefactos, Trabajos prácticos y El pago de Chile, esta última, había causado revuelo cuando se exhibió por primera vez en 2006, debido a que colgaba a diferentes presidentes de Chile. Claro que en esta ocasión sí incluyó a Sebastián Piñera y Michelle Bachelet, ausentes en el montaje original.

“Aquello lo hice en estrecha complicidad con Colombina Parra y su pareja de entonces, Hernán. Y con Morgana Rodríguez. Trabajar con ellas dos fue una experiencia estupenda, muy excitante y divertida. También lo fue el resultado. Lo pasé de maravilla. Repetiría ahora mismo”. Además, Echevarría aclara que esta faceta de Parra no es de artista visual. “En todo caso, poeta visual. Pero tampoco. Los ‘trabajos prácticos’ de Parra, sus ‘obras públicas’, tienen siempre una raíz y una base verbal, su juego consiste, por lo general, en hacer explotar el sentido de una frase hecha, de una fórmula cerrada, convenida, aceptada. Su efecto es comparable al de los ready-made, si se quiere, pero su naturaleza, en el fondo, es muy distinta. Nicanor no es en absoluto un artista plástico, ni juega con los códigos de las artes plásticas. Su trabajo está cerca del conceptualismo y del verbalismo que tanto terreno han ganado en el arte contemporáneo. También en este aspecto es un precursor”.

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