Por Pablo Retamal N.Haruki Murakami: el regreso del corredor que venció a la enfermedad con una nueva novela bajo el brazo
Tras perder 18 kilos y la fuerza para caminar, el eterno candidato al Nobel describe su recuperación como una "resurrección". En una reveladora charla con el New York Times, el autor de 77 años anuncia una obra inédita para 2026, marcada por un tono optimista y, por primera vez, una protagonista femenina.

Para un hombre que ha hecho del atletismo y la disciplina espartana el motor de su escritura, dejar de correr fue el primer síntoma de que algo no iba bien. Ocurre que Haruki Murakami, el escritor que suele trotar una hora exacta cada día como una terapia para purgar los demonios de su subconsciente, se vio hace poco atrapado en la inmovilidad.
Una enfermedad grave lo mantuvo hospitalizado durante un mes, le hizo perder 18 kilos y, lo que es más simbólico para él, le robó la fuerza para caminar. Así lo reveló hace pocos días en una entrevista concedida al señero The New York Times. A sus 77 años, el escritor japonés no suele conceder muchos mano a mano, pero aprovechando una visita a la Gran Manzana, donde recibió un par de reconocimientos, el periódico decidió ir a su caza.
En la charla con el Times, reveló que durante los días más agudos de su dolencia, las ganas de escribir desaparecieron por primera vez en casi medio siglo. Pero, como quien quiere tapar un agujero, dio a conocer una noticia importante: volverá a publicar una novela en el verano japonés de este 2026. Eso no es solo un lanzamiento editorial, él mismo lo define como una “resurrección”.

“He vuelto”, dice de manera sucinta, con la sencillez y el aire contenido que caracteriza a buena parte de los asiáticos. Sus respuestas al NYT son breves pero luminosas.
“No sé cuántas novelas más pueda escribir. Siento que podré escribir más, porque escribir ficción es maravilloso; es como explorarme a mí mismo. Incluso cuando envejezco, todavía hay espacio para explorar”.
Como buen narrador que suele ver el heroísmo en lo cotidiano, Murakami que tras la crisis de salud ha recuperado sus tareas domésticas como lavar platos, planchar su ropa y sobre todo, correr. Ya sabemos que lo hizo uno de los centros de su vida y su literatura, por ello publicó -con el consecuente guiño a Raymond Carver- De qué hablo cuando hablo de correr (2010)

“Me convertí en ella”
La gran noticia que tiene en vilo al mundo editorial es la finalización de esta nueva obra, que verá la luz durante el próximo verano nipón. Si bien el autor se muestra receloso de revelar la trama —“es un secreto”, dice— y el título, ha soltado una pieza informativa fundamental: por primera vez en su carrera, el peso de la narración recae casi por completo en la perspectiva de una mujer joven.
El personaje central se llama Kaho, una artista e ilustradora de libros infantiles. En un giro que parece responder a décadas de críticas sobre la supuesta unidimensionalidad de sus personajes femeninos, Murakami asegura que habitar la mente de Kaho le resultó “sorprendentemente natural”. “Me convertí en ella”, afirma.
Kaho no es una heroína extraordinaria; es, en palabras de su creador: “Una chica muy normal, no tan bonita, no tan inteligente, pero le pasan muchas cosas extrañas a su alrededor”.
Además, confiesa que esta nueva obra se siente más optimista que sus trabajos anteriores, como si la vitalidad recobrada tras el hospital se hubiera filtrado directamente en las páginas.

Otros puntos que tocó con el NYT es que a pesar de su estatus de ícono mundial, Murakami sigue insistiendo en que no es un genio, sino un “mensajero”. Incluso, revela que su proceso creativo sigue siendo un misterio incluso para él mismo. “No tengo ningún plan”, admite. Para él, escribir ficción es un acto de descenso casi chamánico: baja a un “otro mundo” —el subconsciente—, observa lo que allí ocurre y luego regresa a la superficie para reportarlo.
Esta habilidad para viajar entre mundos es lo que le permite conectar con lectores de todas las culturas, y por lo mismo, cada año su nombre suena para la obtención del Premio Nobel de Literatura. Pero acá fue su agente, Amanda Urban, quien respondió al NYT: “A estas alturas, simplemente nos reímos de ello”, dijo.
“Siempre es un placer que el Nobel se le otorgue a alguien que puede usar el poder que lo respalda, pero creo que Haruki ya lo tiene. Su obra llega a lectores de todas las fronteras, de todos los idiomas, de todas las culturas, de una manera que nunca he visto en otro autor”.

También volvió sobre sus influencias. Resulta paradójico que el mayor embajador de las letras niponas actuales confiese al NYT que en su juventud “odiaba” la literatura de su país. “Sinceramente, no leí literatura japonesa en mi adolescencia porque mis padres enseñaban literatura japonesa, así que la odiaba”, dijo al NYT. Entonces, el joven Murakami buscó refugio en los clásicos rusos —como Dostoievski— y en los autores estadounidenses como Ernest Hemingway, Truman Capote y Francis Scott Fitzgerald.
Esa influencia extranjera y su amor por el jazz lo convirtieron, durante los años 80, en un paria para la crítica japonesa, que lo consideraba un “espectáculo secundario”.
“Yo era una especie de oveja negra. Tenían la idea de que en la literatura hay un camino principal y yo no estoy en él; pensaban que era una especie de espectáculo secundario. Así que no me sentía muy cómodo en la escena literaria japonesa. Antes, casi parecía que los críticos no podían hablar bien de mí”, dijo.
Hoy, el panorama es distinto. Murakami ya no se siente un extraño en su propia casa. El respeto que hoy recibe en Japón es, según él, una cuestión de edad: “Me hice mayor, y la gente respeta a los mayores”. Sin embargo, su influencia es innegable, habiendo allanado el camino para una nueva generación de escritores japoneses y asiáticos que hoy triunfan en Occidente. Incluso en Chile, autores como Mieko Kawakami, Hisashi Kashiwai, Hiromi Kawakami, o los clásicos como Yasunari Kawabata o Kenzaburō Ōe son muy leídos; por no hablar de las surcoreanas Han Kang o Keum Suk Gendry-Kim o los chinos Mo Yan o Can Xue.

Con la publicación de su nueva novela en el horizonte y otros proyectos confirmados —como un libro sobre su vasta colección de discos de música clásica y la obra corta Abandoning a Cat sobre su padre—, Murakami no da señales de retiro. Aunque ya no tiene la velocidad de sus mejores años de maratonista, la curiosidad sigue intacta.
“Escribir ficción es maravilloso; es como explorarme a mí mismo”, reflexiona. A los 77 años, tras haber sobrevivido al hospital y haber recuperado el ritmo de sus zancadas, Haruki Murakami sigue convencido de que, mientras el subconsciente siga abierto, siempre habrá un nuevo espacio que explorar y una nueva historia que traer de vuelta a la luz.
Consultados por Culto en el grupo Planeta -que publica en castellano a Murakami-, indican que aún no hay información sobre la llegada de la nueva novela del autor a Chile.
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