Por Pablo Retamal N.Kurt Cobain: cómo la sombra de la duda vuelve a Seattle 32 años después
Mientras nuevos informes forenses apuntan hoy a una muerte "coreografiada" y un posible homicidio por sobredosis forzada, los testimonios de su círculo íntimo en 1994 reconstruyen un rompecabezas de autodestrucción. Entre la frialdad de los datos científicos y los recuerdos de un hombre que se alejaba de todo contacto humano, la tragedia del líder de Nirvana se niega a quedar bajo el sello de un caso cerrado, reabriendo la eterna pregunta sobre qué ocurrió realmente en esa habitación sobre el garaje de Denny-Blaine.

El 8 de abril de 1994, Kurt Donald Cobain fue encontrado muerto en su residencia del barrio Denny-Blaine, en Seattle, Washington, Estados Unidos. Según los análisis forenses, el líder de Nirvana había fallecido tres días antes, el 5 de abril, y la causa de muerte habría sido una herida a bala autoinflingida.
Por esos días, se conoció el informe del Departamento de Policía de Seattle, el cual indicó que el cuerpo del músico fue encontrado con una escopeta sobre el pecho, presentaba una herida de bala visible en la cabeza y se había hallado una nota de suicidio cerca. “Ya hace demasiado tiempo que no me emociono ni escuchando ni creando música, ni tampoco escribiéndola, ni siquiera haciendo rock’n’roll”, decía parte de la misiva.
La policía calificó los hechos como un suicidio, y hasta ahora, esa era la versión que conocía el mundo. Hasta ahora.

La noticia llegó desde Inglaterra a través del periódico Daily Mail. Según el matutino, un grupo privado de científicos forenses -encabezado por Brian Burnett, forense especialista en casos complejos, y la investigadora Michelle Wilkins- estuvo revisando nuevamente los antecedentes del caso y sus conclusiones fueron categóricas: la versión oficial de suicidio presenta inconsistencias, que a juicio del grupo de estudiosos, no habrían sido abordadas en la investigación original. “Esto es un homicidio. Tenemos que hacer algo al respecto”, declaró Burnett.
De acuerdo a esta nueva investigación, Cobain fue forzado a consumir una sobredosis de heroína que lo dejó en nulas condiciones de defenderse o realizar alguna actividad, para luego ser asesinado con la escopeta. Wilkins indicó que la cantidad de heroína detectada en el organismo del cantante “habría sido letal de forma casi inmediata”, lo que le habría impedido manipular el arma posteriormente.

Asimismo, de acuerdo al informe, los daños observados en el cerebro y el hígado, junto con signos de hipoxia en los órganos, no serían compatibles con una muerte instantánea por herida de bala, sino con una sobredosis prolongada previa.
En cuanto a la nota de suicidio, señalaron que contiene fragmentos que “no encajan con una despedida clásica”. También se suman otros elementos: la ausencia de sangre en la mano izquierda, situada junto al cañón del arma; y que la escena de la muerte parecía “coreografiada”, con el recibo del arma y de los cartuchos en el bolsillo, y los cartuchos alineados a los pies del cadáver.

“Estaba muy callado”
Más allá de esta revelación que eventualmente podría cambiar la historia de la muerte de Cobain, lo cierto que para inicios de 1994 Kurt Cobain no pasaba por un buen momento. Tras haber registrado su célebre sesión del MTV Unplugged en Nueva York, Nirvana se embarcó en una gira europea que terminó de manera desastrosa: la mañana del 4 de marzo, la esposa del músico, Courtney Love, encontró inconsciente a Cobain en su habitación de hotel, por lo que fue llevado de urgencia al hospital. Cobain había ingerido una combinación entre rohypnol (un fármaco sicotrópico prescrito para combatir el insomnio) y alcohol que resultó dañina.
En el momento, desde el managment del grupo se habló de un accidente, pero Courtney Love, habló por su cuenta con los medios y dio una versión muy diferente. “Tomó 50 pastillas. Probablemente olvidó cuántas tomó. Pero tenía un claro impulso suicida, de estar engullendo y engullendo y engullendo”.

Lo cierto es que en esos momentos surgieron más antecedentes. Su prima Beverly, quien era enfermera de profesión, declaró a los medios que la familia tenía antecedentes de suicidio y que Cobain había sido diagnosticado con trastorno por déficit de atención con hiperactividad y trastorno bipolar.
De acuerdo a la biografía Heavier Than Heaven, el bajista Krist Novoselic recordaba que Cobain estaba muy mal en ese tiempo: “Estaba muy callado. Simplemente estaba alejado de todas sus relaciones. No se conectaba con nadie”, y que por esos días solo pensaba en drogarse. “Su traficante estaba allí. Quería que lo jodieran hasta el olvido... Quería morir, eso es lo que quería hacer”.
La solución era ingresar a Cobain a un centro de rehabilitación para tratar su adicción a la heroína, el Exodus Recovery Center. El cantante aceptó, sin embargo, solo duró un día en el lugar pues escapó el 31 de marzo de 1994 escalando por el muro. Luego, volvió a Seattle y el 2 de abril compró la munición.
Un informe del detective Mike Ciesynski, revelado en 2014 por el CBS News indicó que un taxi Gray Top recogió a un hombre en la residencia de Cobain la mañana del 2 de abril de 1994. Este hombre le dijo al taxista que quería comprar munición, ya que había sufrido un robo recientemente. El taxista lo dejó en la zona de la calle 145 y Aurora.

¿Y el arma? La escopeta Remington modelo 11 de calibre 20 habría sido comprada para él por su amigo, el músico Dylan Carlson. La adquirió legalmente en Stan Baker’s Gun Shop en Seattle. La idea de Cobain era que alguien comprase el arma por él, ya que la policía le habían requisado armas de su propiedad dos veces en los últimos diez meses. Por eso fue Carlson quien la registró.
Por entonces también se recogió el antecedente de que el cadáver presentaba altos índices de heroína, valium y morfina en el organismo del músico. El Seattle Post-Intelligencer informó que Cobain estaba “colocado con heroína cuando apretó el gatillo”.
Según el citado informe de Mike Ciesynski de 2014, la causa del deceso seguía siendo catalogada como un suicidio. ¿Qué ocurrirá ahora? Las solicitudes formales del nuevo equipo investigador para reabrir el caso fueron rechazadas tanto por la policía de Seattle como por la oficina forense. Wilkins insistió en que su objetivo no era señalar culpables, sino garantizar transparencia: “Si estamos equivocados, solo pedimos que nos lo demuestren”. Por el momento, solo cabe la especulación y esperar a ver si acaso una de las muertes más bulladas del rock, rodeada siempre de teorías conspirativas, por fin se aclara del todo.
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