
La intervención de Donald Trump en los museos de EE.UU.: el debate sobre cómo contar la historia y abordar la memoria
El mandatario estadounidense ordenó revisar el contenido de los museos de su país, a los que acusa de ser “woke” y de destacar "lo mala que fue la esclavitud". Historiadores chilenos y encargados del patrimonio en el país entran al debate y discuten cómo abordar el tema siempre áspero de la memoria.

Ya lo decía el historiador francés Jacques Le Goff, un célebre medievalista que también reflexionaba mucho sobre el oficio de la Historia. Un aspecto importante para él era la memoria -lo que se recuerda del pasado-, porque a su juicio era uno de los campos de batalla modernos. “Ha constituido un hito importante en la lucha por el poder conducida por las fuerzas sociales. Apoderarse de la memoria y del olvido es una de las máximas preocupaciones de las clases, de los grupos, de los individuos que han dominado y dominan las sociedades históricas”, argumentaba.
Es que dominar lo que se recuerda, y la manera en que se recuerda, es siempre un territorio abierto a la discusión. Hasta hoy. El tema ha reflotado en base a una idea del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien hace unos días pidió una investigación sobre el contenido de los museos, a los que acusa de ser extremadamente “woke”, especialmente en relación con la historia de la esclavitud. Incluso subrayó que promovían una ideología “antiestadounidense”.
Un tema que en ese país sigue siendo una herida abierta, pese a que el mandatario Abraham Lincoln proclamó la abolición de la esclavitud en 1863 (solo en los territorios controlados por la Union, durante la Guerra de Secesión) y luego fue abolida en todo el país con la ratificación de la Decimotercera Enmienda, en 1865.

“Los museos de Washington, pero también de todo el país, son en esencia los últimos vestigios del ‘wokismo’”, denunció el mandatario en su red Truth Social.
“He dado instrucciones a mis fiscales para que revisen (las políticas de) los museos e inicien exactamente el mismo proceso que se ha seguido con las universidades, donde se han logrado enormes avances. Este país no puede ser ‘woke’ porque el ‘WOKISMO’ SE HA TERMINADO”, proclamó.
Trump centró su atención sobre todo en el Instituto Smithsoniano (Smithsonian Institution, en inglés) que gestiona una serie de museos en Washington y en otros estados, al que cuestionó duramente por la manera en que presenta la esclavitud. “El Smithsonian está FUERA DE CONTROL, donde todo lo que se discute es lo horrible que es nuestro País, lo mala que fue la Esclavitud y lo poco exitosos que han sido los oprimidos. Nada sobre el Éxito, nada sobre la Genialidad, nada sobre el Futuro”.

Trump no se quedó en reclamos y le comunicó al Smithsonian que exigiría a sus museos que ajustaran, en un plazo de 120 días, cualquier contenido que el gobierno considerara problemático en cuanto a “tono, encuadre histórico y alineación con los ideales estadounidenses”.
Voces desde la Historia
Desde la historiografía, las reacciones no se hicieron esperar porque lo que plantea Trump justamente abre una disputa por la memoria. En ese sentido, el historiador estadounidense Douglas Brinkley, indicó a los medios de su país: “Es el epítome de la estupidez criticar al Smithsonian por abordar la realidad de la esclavitud en Estados Unidos. Es lo que condujo a nuestra Guerra Civil y es un aspecto definitorio de nuestra historia nacional. Y el Smithsonian se ocupa de manera sólida de lo que fue la esclavitud, pero también se ocupa de los derechos humanos y los derechos civiles con igual abundancia”.
Desde Chile también se pronuncian los estudiosos de la Historia. María José Cumplido respondió la consulta de Culto y señaló: “Creo que este hecho habla con claridad de cómo Donald Trump quiere que se entienda el pasado de Estados Unidos: como un relato homogéneo, triunfalista y sin errores. Su intento de intervenir el Smithsonian para que se hable ‘menos de esclavitud’ no es inocente; responde a una la intención de borrar lo que incomoda o que muestra las desigualdades sobre las que se construyó el país. En el fondo, busca instalar una memoria que refuerce un nacionalismo sin matices, donde el conflicto desaparece”.
“Como historiadora, me parece gravísimo: el pasado no existe para confirmarnos lo que queremos escuchar, sino para obligarnos a mirar de frente tanto los aciertos como los errores. Manipular los museos es intentar manipular la historia de una nación. Y cuando un presidente quiere imponer qué recordar y qué olvidar, lo que está en juego ya no es solo la historia, sino también la democracia”.

El historiador Cristóbal García-Huidobro opina por su lado: “Creo que los gobiernos no tienen que andarse metiendo en los guiones museográficos, es una muy mala política. Sin perjuicio de eso, uno puede poner en tela de juicio el guión museográfico y proponer cambios. Bajo esa perspectiva creo que no debería haber mayor problema en la medida que haya un diálogo, pero aquí hay un intento de imponer -a través de la manipulación de los fondos que recibe el Instituto Smithsoniano- cuál tiene que ser la puesta en escena del museo, qué tiene que decir, qué tiene que mostrar sobre el gobierno de un presidente en particular, cosa que no solo me parece peligrosa, sino además indeseable”.
“Uno puede criticar el guión, solicitar cambios, pero acá hay una cuestión particularmente dirigida a poner el gobierno de Donald Trump -en su primera administración- en una luz mucha más benigna de la que realmente tuvo. La segunda administración está recién partiendo así que no hay mucho que decir al respecto”.

En ese sentido, ¿cómo se arma el relato de un museo histórico? Macarena Ponce de León, exdirectora del Museo Histórico Nacional, explica a este medio: “Hoy los museos son espacios culturales abiertos a la ciudadanía, y sus guiones deben ser validados socialmente por sus públicos. Es decir, en el caso de un museo de historia, debe existir una cierta conexión entre los recorridos que propone el museo, sus colecciones, la interpretación del pasado, y el genuino sentido de pertenencia o tensión que éste genere entre quienes lo visiten”.
“A mi juicio, un museo de historia debe despertar emociones con quienes vivieron antes que nosotros, empatizar históricamente, hacernos sentir que somos parte de un mismo grupo humano. Para que ello ocurra, hoy día es parte constitutiva del plan museológico de toda institución contar con equipos especializados en educación patrimonial, y una activa programación de acciones y herramientas de participación entre el museo y las comunidades. Este trabajo es complementario con el saber interdisciplinario, la experiencia de equipos y la investigación de colecciones que se activan al construir un guion de museo”.
Sobre el caso específico de la intervención de Trump, Ponce de León asegura: “Ahora bien, para cualquier gobierno un museo nacional de historia cumple una función de cohesión social que tiene un sentido político muy profundo, radicado precisamente en el relato de un pasado compartido. Desconocerlo es ingenuo. Me parece que la situación norteamericana es interesante de seguir por la discusión que abre, de manera exacerbada, por supuesto, sobre los límites entre la política y la libertad de los espacios de cultura en una democracia”.

“Inaceptable y un escándalo”
Hasta el presidente Gabriel Boric se pronunció sobe la materia criticando a Donald Trump. “¿Se imaginan si en Chile el gobierno comenzara a delimitar qué se puede y qué no se puede exhibir en los museos? Sería absolutamente inaceptable y un escándalo gigante. Y es bueno que así sea. Pero eso es justamente lo que está haciendo el gobierno del presidente Trump en Estados Unidos", escribió en su cuenta de X (antes conocido como Twitter).
Desde la subsecretaría de Patrimonio Cultural también se pronunciaron en la misma línea. Carolina Pérez, subsecretaria del Patrimonio Cultural, señala a Culto: “La libertad curatorial es un pilar de la democracia, como destacó el presidente Gabriel Boric. En el Foro de Alto Nivel para Museos en China, al que fui invitada este año, se subrayó que estas instituciones deben abrirse a la pluralidad de voces y valorar la diversidad de patrimonios. En Chile, los museos cumplen ese rol como espacios de encuentro, aprendizaje y disfrute que fortalecen la vida cultural y la convivencia democrática”.

“Este año se cumplen diez años desde que los museos del Estado son gratuitos, medida clave para garantizar el acceso ciudadano. Tras el cierre por la pandemia, la asistencia muestra una recuperación sostenida: en 2024 alcanzó 6 millones 700 mil visitas, un 9% más que el año anterior, acercándose a cifras prepandemia”.
Pérez agrega cómo funciona Chile en estos temas, por lo que una situación como la de Trump sería difícil de trasladar al país.
“Para orientar y fortalecer el sector, los museos en Chile cuentan con la Subdirección Nacional de Museos, que coordina y orienta el trabajo de los museos nacionales y públicos, reforzando su rol social, educativo y cultural. A ello se suma el Consejo Asesor de Museos, que entrega recomendaciones técnicas y estratégicas al MINCAP. Esta estructura busca garantizar que los museos sean espacios de aprendizaje, disfrute y encuentro, promoviendo la pluralidad de relatos y el acceso al patrimonio cultural en sus diversas expresiones, ya sea en ámbitos científicos, artísticos u otras disciplinas”.
“En esa misma línea, desde el ministerio impulsamos el Plan de Infraestructura Patrimonial, cuyo objetivo es quetodas las regiones cuenten con un museo, un archivo, un depósito y una biblioteca, fortaleciendo así las narrativas territoriales. Un ejemplo de ello es el próximo Museo de Atacama, que abrirá sus puertas durante este segundo semestre, consolidando la presencia”.

Por último, la subsecretaria comenta de qué forma se está actualizando la Política Nacional de Museos: “La política de 2018 fue clave para fortalecer a los museos de Chile en financiamiento, sostenibilidad y gobernanza. Ahora damos un nuevo paso para actualizarla a los estándares internacionales, con objetivos y prioridades claras. Esto es sumamente relevante, porque nos permite alinearnos con la nueva definición de museo que entregó el ICOM en 2022, la cual señala que son espacios al servicio de la sociedad, abiertos al público, accesibles e inclusivos, y que fomentan la diversidad y la sostenibilidad”.
“Hace unas semanas realizamos un Seminario Internacional de Museos con más de 400 participantes de todo el país, donde compartimos experiencias nacionales e internacionales. Desde la semana pasada estamos impulsando un proceso participativo, con encuentros virtuales en las 16 regiones y una consulta ciudadana abierta, para que todas las voces vinculadas al ecosistema de museos aporten en la construcción de la política museal del futuro”.
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