Culto

Patti Smith: el evangelio según la “madrina del punk”

En su nuevo libro de memorias, Pan de ángeles, la artista repasa los hitos que forjaron su identidad: desde el robo adolescente de un libro de Rimbaud y la desgarradora decisión de entregar a su primer hijo en adopción, hasta su temerario salto al vacío en el Nueva York de los años 60. Un viaje que transita entre la devoción por los libros, su compleja relación con la fe y el día en que, frente a frente con su ídolo Bob Dylan, se atrevió a soltar una frase lapidaria: “Odio la poesía”.

Patti Smith: el evangelio según la “madrina del punk” 25 ENERO 2025 PATTI SMITH EN TEATRO COLISEO FOTO PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

Si hay algo que Patti Smith siempre ha adorado con devoción, son los libros. No es de extrañar pensando en que además de ser una reconocida cantante también ha incursionado en la escritura, con la publicación de libros como Éramos unos niños, Devoción, o M Train, donde ha navegado en la poesía y en el registro autobiográfico.

Por ello, ese goce por los libros también lo dejó plasmado en su más reciente título Pan de ángeles (Lumen), en el que a modo de memorias hace un repaso por su vida. Fija la vista tan atrás que recuerda un particular regalo que la marcó siendo niña. “Aquella noche, cuando fue a arroparme, mi madre me regaló Silver Pennies, un precioso libro de poesía, uno de los pocos y apreciados remanentes de su infancia. Comprendí el significado de ese libro y lo acepté con solemnidad”.

Patti Smith en Chile la-tercera

Cuando cumplió 15 años, Smith chocó de frente con quien sería una de sus mayores influencias como poeta, el francés Arthur Rimbaud, de quien quedó cautivada al leer su volumen Iluminaciones. “Los sábados por la mañana hacía de modelo en la Academia de Filadelfia a cambio de clases de dibujo. Había un puesto de libros a 99 centavos enfrente de la estación de autobús. Eché un vistazo como de costumbre y me llamó la atención la cara del joven poeta en la cubierta de Iluminaciones. Bastó con leer un instante para verme cautivada por sus palabras, igual que por su insolente belleza. Como no tenía un dólar ni quería irme sin el libro, dejé caer Iluminaciones en mi bolsillo, un delito que no lamento. Aunque su obra era en parte impenetrable, me ofreció un nuevo lenguaje poético. Busqué en la biblioteca más libros de él, y encontré las palabras que me llamaban, que me invocaban, fijas y efímeras: Una temporada en el infierno, mi furiosa guía”.

Pero en esa edad de las espinillas -cuando se forman las influencias que marcarán de por vida- otro personaje llegó por asalto a la vida de la joven e inquieta Patricia Lee Smith. El bardo de Minnesota, Bob Dylan. Esto, gracias a que -nuevamente- fue su madre quien le regaló un ejemplar del álbum Another Side of Bob Dylan (1964).

“A los diecisiete años, la transición de Rimbaud a Dylan se produjo sin fisuras. He ahí otro que había reinventado la mano sagrada de la poesía”, anota Smith. Para ella, los rostros desafiantes de ambos poetas los equiparaban: eran palabras escritas para el “rebaño de ovejas negras” y los descastados que buscaban existir en tiempos convulsos.

25 ENERO 2025 PATTI SMITH EN TEATRO COLISEO FOTO PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

Aunque no todo son momentos luminosos en Pan de ángeles. Smith también pasa revista a la difícil relación que tuvo con su abuela materna, una mujer fría; también de cómo sus padres se convirtieron en Testigos de Jehová arrastrándola a ella, pero terminó renunciando a cualquier creencia religiosa. Y sobre todo narra un episodio muy personal. A los 19 años, estando en la universidad quedó embarazada. El hecho la sorprendió sobremanera y la obligó a tomar una decisión difícil. “Consciente de la rigidez de la sociedad y de los innumerables escollos que tendría que afrontar, di los primeros pasos desgarradores hacia la decisión más difícil de mi joven vida. En 1966 todavía había un estigma terrible contra las mujeres que tenían hijos fuera del matrimonio, y, sin que mi familia lo supiera, dediqué todas las horas que pasaba despierta a planear el bienestar del futuro niño. Recé para que esa fuera la decisión acertada”.

Luego, convocó a su familia a quienes les comunicó dos cosas: la noticia y su próximo paso. “Estoy embarazada, dije. He aceptado la responsabilidad y he encontrado una buena familia para el bebé. Después, si no consigo trabajo en una fábrica, me marcharé”. Y de hecho, esto último fue lo que hizo, pero no para ser una obrera, sino una creadora. Para ello decidió ir a la ciudad donde todo estaba pasando a fines de los 60, Nueva York. “Me puse mi abrigo de artista y, con cierta crueldad, dejé a mi familia, mi educación, el niño que había engendrado”. Era el salto al vacío.

Tom Verlaine y Patti Smith

Y su apuesta comenzó a dar frutos cuando vio que sus poemas llamaban la atención y comenzó a publicarlos. Poco tiempo después vino una exposición de dibujos, luego comenzaría a cantar sus poemas junto a Lenny Kaye en la guitarra eléctrica y Richard Sohl en el piano. Se presentaban donde cayeran: en galerías de arte, bibliotecas, azoteas “e incluso un planetario”, recuerda. Pronto conocerían a nombres capitales de rock como Tom Verlaine y Richard Hell, unos poetas que también tocaban en la banda que pasaría a la historia como Television. De ahí, las presentaciones en el CBGB, el legendario antro que reunió a toda esa floreciente escena. Nacía la poeta-cantante Patti Smith. La “madrina del punk”.

En medio de ese torbellino, conoció finalmente a su ídolo. El 26 de junio de 1975, tras un concierto exaltado en The Bitter End, Dylan entró en su camerino preguntando: “¿Alguna poeta por ahí?”. Smith, cargada de adrenalina y un arrebato combativo, soltó una frase inexplicable: “Odio la poesía”. Dylan se limitó a reír. Pese a que el autor de Blowin’ in the Wind la invitó a su gira Rolling Thunder Revue para luego retractarse (“yo era demasiado cruda e irreverente”, admite ella), la carrera de Smith ya era imparable. Firmó con Arista Records y en 1978 lanzó Easter, que incluía su himno definitivo: Because the Night.

“Fue el último tema que grabamos…lo interpretamos como un himno. No me cabía la menor duda de que nos habían otorgado un don, y lo supimos aprovechar”. Fue un hit de inmediato, y alcanzó el puesto 13 de los charts, ¿por qué no llegó más arriba? Smith da la explicación, muy en la línea de cómo entiende el ser artista.

“Mi negativa a aceptar ciertas apariciones promocionales probablemente impidió que llegara más alto. Me negué a hacer playback en el programa nacional de televisión de Dick Clark, lo cual nos costó el éxito que nos había prometido si accedía. No consideraba ético aceptar, porque hacer playback me parecía el colmo de la hipocresía. El single no tardó en caer de las listas; al parecer había sido algo ingenua al creer que se podía ser famosa únicamente por mérito propio”.

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