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Sabrina Carpenter y Chappell Roan: la vida paralela de las dos figuras de Lollapalooza Chile 2026

Son las dos estrellas del evento que se hará en marzo próximo en el Parque O'Higgins. Ambas han declarado su amor por el sonido de los años 80, se han trenzado en polémicas que van desde lo visual hasta su mirada de la industria y, por sobre todo, han logrado reformular el pop desde sus respectivas vitrinas. Si el pop hoy brilla, en parte, es gracias a ellas.

Sabrina Carpenter y Chappell Roan: la vida paralela de las dos figuras de Lollapalooza Chile 2026

La industria musical es uno de los eslabones culturales que no descansa, generando día a día nuevas estrellas que alcanzan cimas distintas.

Si es cuestión de azar o de marketing aún está en duda, pero lo que está claro es que se predisponen a dos destinos: alcanzar gran popularidad y dominar los charts o quedar relegadas a álbumes sin mucho peso entre la gigantesca masa de producciones que se renueva y diversifica.

El pop, en ese sentido, es un género que pasa por una revitalización importante. Los ritmos bailables y pegadizos han apuntado históricamente a lo comercial, buscando generar números altos en ventas y reproducciones. En el último tiempo, sin embargo, hay quienes sostienen que el pop va más allá, que además de las cifras está fortaleciendo la conexión entre artista y audiencia; de esa forma, no sólo es un género musical de entretención, si no que también de entendimiento y unión.

Taylor Swift puede ser un buen ejemplo. Por lo demás, el pop fue el género más escuchado de Spotify en 2024, relegando a un segundo lugar al cancionero urbano, que había capturado las preferencias durante casi un lustro.

Esto no es novedad para las productoras de festivales. En el reciente lanzamiento del lineup de Lollapalooza 2026 destaca el pop con gran distancia por sobre otros géneros, marcando diferencia con las elecciones de headliners de años anteriores. La apuesta por este ritmo lo encabezan las estadounidenses ganadoras del Grammy Sabrina Carpenter y Chappell Roan, fenómenos de la industria, categorizadas popularmente como girlies, que dan cátedra respecto a lo que se considera el pop actual.

De hecho, la canción Espresso, de Carpenter, fue la más escuchada de Spotify el año pasado: otra señal de la omnipresencia del género.

Maximiliano del Río, uno de los directores de Lotus, organizadores del festival que vuelve al Parque O’Higgins el 13, 14 y 15 de marzo, explica por qué se fijaron en Carpenter y Roan: “Fue más o menos como siempre negociamos, no hay mucha diferencia entre año y año en lo que salimos a buscar. Siempre tratamos de tener lo que está sonando en el momento y lo que está marcando las tendencias para adelante. Eso es lo que salimos a buscar en términos musicales. Esta vez también fue así. Y ahí Sabrina Carpenter es la estrella pop del momento. Es la que marca el presente. Por eso está número uno en el cartel. ¿Y quién te está marcando el futuro del pop? Chappelle Roan".

María Jesús Muñoz, periodista de espectáculos de Canal 13, comparte la idea de que el género está en un momento álgido: “Hay nuevas voces y cada una hace lo suyo. Destaco mucho lo de Sabrina Carpenter, que siendo una veinteañera ya cuenta con siete álbumes –el último, Man’s Best Friend, recién estrenado–, viene entonces con bastante contenido musical a Chile; va a ser una visita bien particular para el país porque podremos verla en vivo en uno de los momentos más importantes de su carrera”.

“Es una de las voces que evidentemente nos muestra una visión moderna del pop, este pop de masas que convoca y aglutina a mucha gente de manera transversal, no solo a los jóvenes. El pop se está consolidando desde otro punto de vista con nuevas voces y nuevos estilos musicales. Respetan quizás lo que es el género mismo pero suman su propio sello. Carpenter instaura su estilo, su manera de expresarse, de hablar a través de la música. Creo que los headliners están donde están por algo: porque son un fenómeno de masas que llega en un momento en que se les espera muchísimo. Si me voy al pasado, pienso en cuánto tiempo tuvimos que esperar para tener a Justin Timberlake en un festival tan importante como Lollapalooza, por ejemplo”, agrega.

Así también ocurre con Chappell Roan, showoman estadounidense que a la fecha cuenta solo con un disco de estudio y decenas de récords de la industria. Con poco más de tres años de trayectoria se consolida como una de las imperdibles del cartel, con una propuesta escénica y musical que marca tendencias en las formas de consumo musical de hoy.

Sabrina Carpenter y Chappell Roan: las similitudes y diferencias de dos promesas pop

Ambas tuvieron inicios de carreras muy disímiles. Rubia Carpenter y pelirroja Roan, nacieron en Pensilvania y Misuri, respectivamente.

La primera se lanzó al mundo del espectáculo desde muy pequeña, demostrando su talento vocal y actoral primero en YouTube y luego en programas de televisión; su primer ascenso mediático se dio al protagonizar la serie de Disney Channel El mundo de Riley (2014).

Roan, al contrario, ha contado en varias entrevistas que el sueño de la fama se vio como algo lejano durante muchos años. Arriesgarse y salir del pueblo pequeño en busca de la oportunidad en 2018 fue el primer paso; luego de presentarse en algunos locales de Los Ángeles y de un par de tropezones logró dar con el que sería su productor y, en cierto punto, catapulta a la fama: Dan Nigro –colaborador de Olivia Rodrigo, Conan Gray, Carly Rae Jepsen y del también headliner de Lolla Chile Lewis Capaldi–.

El primer disco llega para ambas artistas en momentos distintos. Mientras Chappell Roan publicó su debut, The rise and fall of a Midwest Princess, en 2023 –con un estilo visual que recuerda a David Bowie y al estilo de los 70–, Carpenter lo hizo en 2015 con Eyes wide open.

Eso sí, después alcanzó la cima con el multiventas Short n’ Sweet (2024), acompañado de una estética que recuerda a la Reina del pop, Madonna.

Pero tienen un punto en común: haber abierto los shows de otra estrella y usar aquello como una vitrina. Roan protagonizó el show de apertura para Olivia Rodrigo durante el Sour Tour y Carpenter acompañó a Taylor Swift durante sus presentaciones en Latinoamérica. Según lo que demuestra la historia, estos momentos fueron clave para ambas carreras, dando a conocer sus proyectos a públicos que conectan de manera intrínseca con las llamadas pop girlies.

“Ahora todo debe ser sobre estimulante para mantener la atención por un tiempo prolongado”, analiza Karina Tuirán, comunicadora mexicana especializada en cultura pop. Esto recuerda a las críticas sobre la necesidad de estar constantemente innovando en las propuestas de las artistas para permanecer vigentes, especialmente en el caso de las mujeres.

Performance y storytelling sobre el escenario

Para el pop siempre ha sido necesario lo masivo, aquello que llama la atención del público y que no escatima en magnitudes. La puesta en escena, a diferencia de muchos otros artistas, constituye una parte fundamental en su atmósfera musical.

Por lo mismo, Chappell Roan es clara en sus ideales y en la imagen que quiere mostrar. La diversidad sexual y en específico el mundo drag son claves en su propuesta. Esto quedó sobre la mesa desde los primeros singles, con el videoclip de Pink Pony Club, por ejemplo, en el que se muestra un club nocturno que rebosa de energía con drag queens en medio del este de Estados Unidos. Sobre el escenario es coherente: los body haciendo referencia a personajes al estilo drag y una gran cabellera pelirroja crean una estética memorable. La presencia de grandes grupos de bailarines también apoya la impronta visual de una cantante que, sobre todo, destaca por su capacidad vocal.

Sabrina Carpenter también intenta arrojarse en términos visuales. En particular, es reconocida por algunas fans como una de las “herederas de Taylor Swift”; fan de esta última desde pequeña, ha seguido varias de las estrategias de difusión de su referente. Eso sí, ha jugado con la idea tan manida dentro del mercado musical de la sensualidad femenina como histórico objeto de deseo masculino y lo ha convertido en un acto de independencia y rebeldía frente a los estereotipos.

El imaginario que creó Carpenter, desde los sugerentes trajes brillantes hasta las gigantescas escenografías, pasando por los videoclips cinematográficos, no está tan dirigido al consumo masculino; es una girlie que se dirige a sus girls.

Así también lo ve Tuirán: “Estas artistas son un reflejo de los tiempos actuales. Cada una establece una identidad muy clara, definida y segmentada a propósito. Últimamente las pop girlies han sabido manejar las dificultades del algoritmo tecnológico muy bien, específicamente Sabrina y Olivia Rodrigo, para dar ejemplos concretos. Ambas crean un storytelling en sus álbumes que mantiene una conexión emocional de inicio a fin y no solo desde las líricas y la composición: todo esto se extrapola a lo visual con sus ropas, sus fotos, incluso con sus conciertos, que tienen un target muy definido”.

Suma esas palabras a la intérprete de The subway: “Chappell Roan rompe con cualquier paradigma del pop. Tiene una identidad y audiencia queer que no se ha visto de manera tan masiva y genuina desde hace décadas”. Esto último haciendo referencia también al récord histórico de público en Lollapalooza Chicago de 2024 que reunió a más de 110 mil personas, según los organizadores.

En ese sentido, el storytelling ha sido fundamental para esta nueva generación, además de las letras. Históricamente las canciones pop eran consideradas envasadas y evasivas; ritmos y letras creadas por negociantes que después eran interpretadas por cantantes que movían masas. Ahora, se apunta a que el origen de líricas más personalistas viene de artistas como Ariana Grande y Taylor Swift, quienes se enorgullecen de haber escrito o coescrito la totalidad de su discografía.

“Las canciones hablan de sus experiencias, de sus sentimientos, de sus vidas y eso es algo que no necesariamente estaba antes; el pop era muy maqueteado desde todos los ángulos, ahora sus discos son como sus diarios de vida. Aunque no hay que olvidar que es uno de los juegos del marketing actual, buscando la representación y la empatía con las oyentes desde las anécdotas narradas”, asegura Tuirán.

No todo es brillo y reflectores

Pero la fama no está exenta de críticas. En 2024 se desató una polémica digital debido a un video que compartió Roan respecto a los límites entre fans y cantantes en los espacios públicos, opinando que muchas veces esas interacciones eran derechamente acoso.

A ello se sumó otro registro visual de los MTV de ese año, en donde le grita a un camarógrafo, lo que le valió para ser catalogada como una persona conflictiva con la fama y sus consecuencias.

Para Carpenter estos cuestionamientos son aún más recientes. Este viernes 29 de agosto lanzó su séptimo álbum, Man’s best friend, una sátira de los estereotipos de género y al cómo se mira a la mujer en la industria del espectáculo.

El problema fue la portada, una cuestionada imagen que la muestra de rodillas mientras una figura masculina le coge el cabello de manera provocativa. Algunos colectivos feministas y columnistas la criticaron. Pero Carpenter sorteó los dardos: aprovechó que todo el mundo hablaba de ella para posicionar su imagen y lanzó una serie de nuevas portadas que, según destaca su Instagram, “son aprobadas por Dios”.

En parte, eso es lo que veremos el próximo año en Lollapalooza. El pop en toda sus caras. No sólo música. Es la renovación del género, aunque con una mirada retrospectiva: ambas son figuras camaleónicas y con un pie en los ritmos burbujeantes y coloridos de los años 80. Pero el asunto también va más allá; es comunidad, sentimientos, vulnerabilidad y, en este caso, mucho poder femenino.

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