Por Pablo Retamal N.“Soy meme, adoré”: la historia real del arresto de Moria Casán en Paraguay que recrea Netflix
Detenida en Paraguay por el supuesto robo de unas joyas, la diva transformó el penal Buen Pastor en su propio escenario. El insólito episodio de 2015 es repasado por la ficción de la "Gran N".

Si hay personaje con una vida acontecida, ese es Moria Casán. Cada polémica, cada giro inesperado y cada momento de vulnerabilidad se convierten, con el tiempo, en parte del mito. Uno de los más recordados -y ahora recreados en la reciente serie Moria de Netflix- ocurrió en diciembre de 2015. El hecho se recrea en el último episodio de la producción, en el que la célebre actriz es interpretada por Cecilia Roth.
Para entonces, Moria contaba 69 años. Había pasado por sus años más célebres, en el teatro y la TV, y se mantenía más bien en las tablas y como una figura de la farándula. Todo se originó el viernes 27 de julio de 2012. Moria viajó a Paraguay para encabezar el Moria Fashion Show en el Centro de Convenciones de la Conmebol, en Luque. Esa noche lució una gargantilla y aros de brillantes con zafiros, prestados por el joyero paraguayo Armando Benítez. Hasta ahí, todo claro.
Pero acá es donde la historia se tuerce, porque según el empresario, el acuerdo incluía un pago por el uso de las piezas; sin embargo, según Casán, se trataba de una colaboración artística sin contraprestación económica. Al finalizar el evento, las alhajas desaparecieron. Su asistente, Aldo “Galo” Soto, explicó que se las quitó a la vedette porque le generaban alergia y las guardó en una caja roja. Tras la función, nadie volvió a verlas.

Benítez buscó las joyas en el camarín sin éxito. Ante eso, presentó la denuncia al día siguiente. La fiscal Celeste Campos Ross ordenó la detención de Moria cuando ya se encontraba en el aeropuerto, lista para regresar a Buenos Aires. La llevaron a la Comisaría Metropolitana de Mujeres, donde pasó la noche. Declaró, no se formalizó una imputación inmediata y regresó a la Argentina. La causa, sin embargo, quedó abierta.
Durante los años siguientes, la vida de Moria continuó con su habitual intensidad mediática, respondiéndole a los que hablaban de ella. Pero la sombra de la denuncia se alargó cuando, desde Paraguay se activó un pedido de extradición. Sus abogados argentinos, Víctor Stinfale y Matías Morla, lograron que la Justicia local declarara la no extradición. Hasta ahí, todo iba bien.
Pero Moria siempre es Moria. Ahí demostró por qué es la Diva, “la One”. Sorpresivamente, decidió viajar voluntariamente a Asunción para enfrentar el proceso y limpiar su nombre. “Quiero ir con mi nieta y mi hija a Disney y no puedo. Vayamos a Asunción, me la banco…Que digan lo que quieran, soy una mujer fuerte”, expresó entonces.

El lunes 14 de diciembre de 2015, Moria aterrizó en el aeropuerto Silvio Pettirossi, de Asunción. De inmediato, fue detenida de inmediato por el Departamento de Investigación de Delitos. La trasladaron primero al Hospital de Policía para los controles médicos y luego a la Comisaría de Mujeres, donde pasó la noche a la espera de la audiencia con la jueza Dina Marchuk.
Su abogada paraguaya, Miriam Areco Amaral, solicitó la prisión domiciliaria y ofreció una fianza de 210.000 dólares. Pero la magistrada no quiso saber nada: rechazó el pedido. Argumentó que la imputada no tenía arraigo en el país y dispuso su traslado al penal del Buen Pastor. Era el souvenir perfecto para las cámaras y el comidillo de los programas de farándula.
El martes 15 de diciembre, Moria ingresó a la prisión. Si tuvo miedo, se le esfumó de inmediato cuando las internas la recibieron con aplausos y gritos de “¡Moria, te queremos!” y “¡Te amamos!”. Le asignaron el número 453. El contraste entre el glamour de la diva y la crudeza de una cárcel antigua, superpoblada y con pabellones precarios generó titulares en ambos países.

Pero Casán no perdió la sonrisa ni su brillo característico. El penal del Buen Pastor —hoy transformado en escuela de formación para agentes penitenciarios— contaba con talleres de tejido y peluquería, sectores para madres con bebés, un patio compartido rodeado de galerías y arboledas, y una capilla con la imagen de la Virgen Rosa Mística. Moria se adaptó a la rutina, desayunó chipá con mate cocido, como cualquier presa paraguaya, e incluso sus compañeras la atendieron en cuestiones estéticas.
“Me hicieron las manos, los pies, me peinaron, se portaron como unas reinas”, contó después. Compartió charlas, risas y hasta sesiones improvisadas de terapia grupal. Ayudó a dos mujeres a reconocer su amor mutuo y prometió ser madrina de su casamiento. Incluso, acompañó a otra para que pudiera visitar a su marido preso. “Hacía terapia grupal en la cárcel. Venían a charlar conmigo. Yo decía: ‘Vos estás enamorada de ella, ¿por qué están peleadas?’ Las hacía amigar”, relató. “Estoy muy bien atendida. Es toda una experiencia. Me hace acordar a cuando hacía películas”, dijo a la prensa.
Y como no podía ser de otra forma, los medios no cesaron de hablar de ella. Incluso, durante los primeros días, se hizo viral una foto suya -tomada a mansalva- de la diva en su catre de la cárcel, sin maquillaje ni peluca, a cara lavada y con anteojos. Las reclusas reaccionaron indignadas por la difusión de la imagen. Sin embargo, con un gran sentido del espectáculo y con un ojo afinado para lo mediático, Moria miró el televisor, se dio vuelta y sentenció: “Soy yo, chicas, soy meme. Adoré”. El pabellón estalló en ovaciones. Incluso bromeaba con los policías: “No me tape las esposas, mi amor”.

Pero el cariño de las reclusas y su hábil manejo de los medios no bastaban para que saliera rápido de ahí. Durante su detención se le abrió una causa paralela. Resulta que en un procedimiento hallaron una pequeña cantidad de cocaína entre sus pertenencias, por lo que se inició una investigación por tenencia de estupefacientes. La cosa se ponía fea y su estadía en prisión podía alargarse. Ante ello, Casán reconoció públicamente su consumo y habló de sus adicciones, sumando otra capa de repercusión mediática al episodio.
Afuera, familiares, colegas y admiradores pedían por su libertad. Dentro, se integró como una más, sin pedir privilegios. “Me considero una ciudadana común. Las reclusas son lo más. Voy a volver a visitarlas”, prometió. Claro que para eso, primero tenía que salir en libertad.
La estrategia legal avanzaba contrarreloj. El objetivo era conseguir la libertad antes de las Fiestas. Matías Morla recordó tiempo después: “Había que intervenir respetando las leyes de otro país, atender las urgencias de la imputada y hacerlo todo contrarreloj. Estar detenida no es fácil para nadie, y menos siendo extranjero”. La actitud de Moria fue clave: se sometió a cada exigencia sin apuros ni privilegios.

Camino al juzgado para una audiencia, Moria no desaprovechó la oportunidad de las cámaras y micrófonos y habló: “Agradezco a todos los que se sumaron a la marcha pidiendo por mi libertad. No me hago la superada: tengo ganas de volver”. Y, mostrando su buen humor, señaló: “Miren qué bijouterie tengo” –con referencia a las esposas que podían verse en sus muñecas–. Helena (su nieta) me dice: ‘Te amo, te extraño... ¿Podrás venir para las Fiestas?’. Yo le contesto que no sé. Esto lo estoy viviendo como un reality. Soy muy desdramatizadora de las situaciones. Siempre estuve fuerte, nunca triste ni con temor a nada. Si me tengo que quedar un mes, sólo les pediré a mi nieta y a mi hija que me vengan a visitar: las extraño mucho”.
Finalmente, su prisión terminó el 23 de diciembre de 2015. Tras nueve días, recuperó la libertad y volvió a la Argentina justo a tiempo para celebrar con su familia. Pero la causa no terminó de inmediato. Hubo presentaciones, escritos y nuevas audiencias. Tres años después, en febrero de 2018, la defensa logró el sobreseimiento definitivo.
Moria quedó libre de toda restricción. Judicialmente, ya no tenía problemas. Pero en lo mediático, se había anotado un hito. Además, cumplió su promesa: tiempo después regresó al penal con regalos para las seis compañeras con las que había compartido pabellón. Es que “la One” cumple lo que promete.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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