Diario Impreso

"Ahora les voy a contar cómo fracasé"

<P>Pocas personas están dispuestas a hablar abiertamente de sus fracasos, pero ese es justamente el objetivo de las FuckUp Nights que se realizan los primeros jueves de mes: que la gente hable de sus caídas. Ahí, Jorge Villalón, una de las cabezas detrás de Virtualia, el país digital chileno de principios de los 2000, contó qué salió mal y qué aprendió de esa experiencia.</P>

"Falla rápido, falla a menudo" es una frase que en los últimos años se repite en Silicon Valley. Mientras la mayoría huye del fracaso y evita hablar de esa experiencia, ahí, en la cuna de las empresas tecnológicas, "el fracaso no sólo es invocado, sino que celebrado. Empresarios dan discursos detallando sus fallos. Los académicos destacan la virtud de equivocarse. Failcon, una conferencia sobre 'abrazar el fracaso' inaugurada en San Francisco en 2009, es ahora un evento anual y con versiones en varias otras ciudades", cuenta el diario The Guardian.

La idea es obviamente aprender y mostrar que muchas veces el fracaso es el camino para el éxito. El mismo objetivo está detrás de las FuckUp Nights, una actividad que se realiza los primeros jueves de cada mes en 33 ciudades de 11 países como Australia, Francia, Alemania y Estados Unidos. En todas ellas la gente se reúne a escuchar historias de fracaso (y redención). En Santiago empezaron este año y en su primera versión estuvo el ingeniero de 39 años Jorge Villalón, profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez, consultor y socio de varias prometedoras startups chilenas. En plena euforia puntocom fue uno de los desarrolladores de Virtualia, el país digital chileno de principios de los 2000 que llegó a tener cerca de 250 mil usuarios y que es considerado un precursor del posterior boom de las redes sociales. Fracaso fue la palabra que usó Villalón esa noche para describir su paso por esa empresa:

"Era 1999 y yo tenía 24 años. Con José Pablo Zagal, otro ingeniero civil, jugábamos muchos videojuegos y trabajábamos para una plataforma educativa de Nintendo. Yo estaba terminando un magíster en la Universidad Católica y a él lo acababan de nombrar profesor full time en la UC, pero me dijo que iba a renunciar: 'Me voy a trabajar a Virtualia'. '¿Qué es eso?', le pregunté. 'Todavía no es. Sólo una idea loca'', me respondió y me pidió que me entrevistara con Alfonso Gómez, que era quien tenía la idea hace tiempo. Lo hice y me dijo que me tenía que ir con él como fuera.

Partimos en el verano de 2000. Éramos cuatro personas y nos instalamos en el altillo de una casa antigua, con un calor insoportable y una conexión a internet prestada. No teníamos muy claro qué queríamos hacer, pero sí que tenía que ser algo grande. Ahí se inventó todo el país virtual, desde donde la gente podía acceder a foros, noticias y relacionarse con otros usuarios. En el lanzamiento, en abril de 2001, ya se habían cerrado contratos anuales con grandes empresas y varios bancos. Virtualia era un exitazo a morir.

A los seis meses arrendamos una oficina enorme en el piso 15 del Marriott y empezó la locura. Era tan ridículo… Íbamos de chalas, shorts y unas poleras rotosas de alumno de último año de ingeniería. Ese fue uno de los errores. Todavía me acuerdo de la noche en que fuimos a celebrar los primeros 50 mil virtualianos: nos tomamos hasta el pulso. Teníamos vidas llenas de glamour y aparte de Alfonso, que era el gerente general, probablemente el mayor tenía apenas 28 años. Un día uno llegó con una Harley Davidson. Luego le siguieron dos más con un Audi A3. Todo nos parecía perfecto, pero era un nivel de lujo grotesco. Me sentaba a contratar puros ingenieros civiles de la universidad que me diera la gana para desarrollar lo que quisiera.

A fines del 2001 había que empezar a renovar los contratos anuales y coincidió con el momento en que reventó la burbuja del punto com. Muchas de estas empresas quebraron y comenzó a cuestionarse fuertemente la rentabilidad de la publicidad en los espacios virtuales. Los bancos comenzaron a salirse de Virtualia. Eso fue durísimo. En 2002 vino una vorágine que hoy reconozco como uno de los grandes errores que nos llevó al fracaso: tras la salida de los bancos estábamos desesperados y necesitábamos nuevas maneras de ganar plata. 'Hagamos estudios con los virtualianos', se nos ocurrió, y desarrollamos un sistema de encuestas. Hasta contratamos sociólogos para que las analizaran. No rentabilizó y empezamos a apuntar desesperadamente a nuevos proyectos, cuando sólo teníamos que enfocarnos en la comunidad. Gastábamos como locos y eso aceleró la desesperación. Fue en ese momento cuando asomó la idea de vender.

Nosotros teníamos problemas serios con el flujo de caja. Virtualia podía funcionar con 12 personas y lo hacía con más del triple. Vendimos la empresa y se fue Alfonso. Nos quedamos solos manejando Virtualia, que, a todo esto, seguía aumentando sus usuarios y ganando más dinero. Los nuevos dueños comenzaron a manejar las finanzas y nos quedamos con muy pocas personas. Todo iba viento en popa y por fin estábamos empezando a hacer plata. Pero de un momento a otro simplemente todos nos fuimos. Los cuatro gerentes renunciamos casi al mismo tiempo. Queríamos hacer otras cosas. Yo, puntualmente, quería dedicarme a tiempo completo a ser profesor. Esto fue el 2003; tenía 28 años recién cumplidos. Ya no quería volver y por eso reconozco esta historia como un fracaso. Si pensabas en la gente que teníamos, en los 250 mil virtualianos, en todo lo que habíamos logrado, fue un fracaso dejar que todo eso se evaporara. Es como cuando terminas con tu mujer. No quieres seguir con ella; fracasó tu matrimonio porque te enamoraste de otra. Y si te enamoraste de alguien más es porque no te hiciste cargo de lo que funcionaba mal en tu matrimonio. Durante la vorágine no nos preocupamos de nosotros mismos. Era tal el foco en la pega y el empeño por probar que teníamos la razón, que el proyecto podía resultar, que cuando lo logramos, ya no nos quedaba nada más por lo que seguir trabajando.

Después fue súper difícil. Al principio tú tiendes a mentirte un poco y decirte que no te importa. Después, con el tiempo, te das cuenta de todo lo que perdiste, de todo lo que añoras y comienzas a pensar en lo que hubieras hecho diferente. Creo que pasamos un año de duelo sin darnos cuenta de lo importante que había sido el proyecto para todos nosotros. Siendo tan joven, esta experiencia me marcó para siempre y me enseñó muchísimo. Por eso la comparto. Ahora siempre me preocupo del equipo, de que la gente llegue a trabajar contenta. De fijarme si yo mismo estoy contento con lo que hago.

Además, saqué tres grandes lecciones: la primera es que hay gente impresionantemente creativa, y ese perfil es necesario para pensar un proyecto como Virtualia desde la nada. Ese era Alfonso. Pero hay que separar lo creativo de la gestión. Un gestor ordenado, metódico, nunca nos hubiese dejado irnos al Marriott, nunca hubiésemos llegado a gastar el nivel de dinero que gastamos y, probablemente, con todo el dinero que habíamos hecho al comienzo, hubiéramos podido pasar la crisis y subsistir sin tener que vender la empresa. La segunda: los jóvenes no necesitan que les digan qué hacer, lo van a descubrir por sí mismos. Hay que darles ese espacio para que construyan, como se los dimos nosotros en Virtualia y que es una de las razones por las que nos fue tan bien con la gente de entre 15 y 25 años. La tercera es que los emprendimientos no se sostienen sólo en las ganas de hacer plata. Cuando nosotros lo logramos, nos fuimos. Esto siempre se trata de hacer lo que a uno más le gusta".

Las entradas para cada evento son gratuitas. Más información en www.facebook.com/funstgo.

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