"Busqué las fuentes de Hamlet y le puse mitos chilotes"
<P>R En el Festival Santiago a Mil, el cineasta radicado en Francia estrenará <I>Amledi, el tonto</I>, su particular versión de la leyenda que inspiró a Shakespeare.</P>

Camina lento. Está flaco. Parece la mitad de lo que era antes del trasplante de hígado. Eso fue en marzo. Durante la convalescencia, Raúl Ruiz se cayó de la cama y se quebró una pierna. Aún usa muletas. El asegura que está bien. Y recurre a una imagen etílica para graficarlo: "Salí del hospital muy débil. Para decirlo en chileno, salí como si tuviera una media botella de whisky en el cuerpo. Tambaleándome. Ahora he mejorado: estoy como con seis piscos sours", dice.
Estuvo con cáncer, se sometió a una operación complicada y se rompió una pierna, pero mantiene el humor intacto. Dice que le está sacando provecho a su órgano nuevo: "Me acabo de comer una chorrillana, un anticucho y unas papas a la huancaína. Tengo un hígado de una persona al parecer con mucha hambre".
Es la hora de la siesta. El cineasta radicado en Francia está en el living de su casa materna, en calle Huelén. Copa, un gato blanco y gordo, entra de repente y se pasea entre los sillones. Ruiz lo mira de reojo. Copa se mueve con la confianza de un rey en su feudo. Por la mañana, Ruiz estuvo en el Teatro Municipal de Las Condes, donde ensaya Amledi, el tonto, obra que escribió y dirige para el Festival Santiago a Mil, el que es presentado por Minera Escondida (operada por BHP Billiton) y Fundación Teatro a Mil. Basada en la leyenda de Amleth, que inspiró Hamlet de Shakespeare, debutará el 4 de enero.
El cineasta que ha dirigido a Catherine Deneuve, Marcelo Mastroiani e Isabelle Huppert, trabaja ahora con un elenco encabezado por Rodrigo Soto, Pedro Villagra, Héctor Aguilar y un reparto de figuras de la TV, entre ellas Claudia di Girólamo, Francisco Reyes y Daniel Alcaíno.
Amledi, el tonto es su regreso a los escenarios chilenos después de cuatro años. En 2006 dirigió Infamante Electra, de Benjamín Galemiri. Y es también su regreso al medio donde comenzó su trayectoria artística, a principios de los 60. Nacido en Puerto Montt en 1941, a los 16 años estrenó su primera obra, La estatua. A los 21, Víctor Jara montó Dúo, que reunía sus obras La maleta y Cambio de guardia, con la actuación de la compañía Los Cuatro (Héctor, Carlos y Humberto Duvauchelle, más Orietta Escámez). Ya entonces sorprendió al público, a la crítica y a los mismos actores. "Algunas de las cosas de esas obras son casi iguales a las que hago ahora. Tenían que ver con el teatro del absurdo de esa época, pero chilenizado. Y sigo jugando con eso", dice.
Amledi no es la excepción. Se basa en la leyenda nórdica, hace referencia a los mitos escandinavos, pero se cruza con mitos y cuentos chilotes. Y va de la tragedia a la comedia.
Un santo para la cazuela
El proyecto original de Ruiz era La invención de Chile. Un gran montaje sobre la historia del país desde la visión de los indígenas. "En Sicilia hace 10 años hice la conquista de América vista por los dramaturgos españoles: Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina. Pensábamos hacer algo parecido en el norte, pero era casi como hacer la conquista de nuevo".
Pensó entonces en Hamlet, el vikingo. Hace tiempo lo tenía en mente. "Es una mezcla de varios personajes de la antigüedad, mitad mito, pero aparentemente hubo alguien que se llamaba Hamlet. En el idioma vikingo, Amledi es el tonto, como si el bufón de la corte fuera el rey", cuenta.
La leyenda de Amleth es la historia de una traición: Horwendill, rey de Dinamarca, es asesinado por su hermano Fengo. Enfermo de envidia, también le arrebata a su esposa Gertruda y la obliga a casarse con él. Para salvarse, Amleth (hijo de Horwendill) se hace el loco. Y busca vengar a su padre. Saxo Grammatico fue el primero en registrarla en el siglo XII, en la Historia danesa. Ruiz se basa en ella, pero solo como punto de partida."Hay muchas fuentes. Están también las leyendas normandas, el Kalevala finlandés. Yo las busqué todas, las mezclé y le puse leyendas chilotas. Y quedó un cóctel más o menos".
¿Cómo logra juntarlos?
Hay un barco fantasma, por ejemplo. El barco de los muertos existe en Bretaña y en Chiloé. La multiplicidad de las almas, o sea que hay varias almas, no una sola, está también entre los huilliches. Pero esto no está hecho como profesor, son cosas que me vienen desde chico, por lo tanto están tomadas con el humor que lo toman los que las cuentan.
No es nada solemne...
Estamos más cerca del teatro de revistas que de Calderón de la Barca.
Quien conoce Hamlet, de Shakespeare, ¿con qué se va a encontrar?
Se va a entretener más, porque van a ver que el padre trágico de Hamlet es un fantasma. Se aparece en las estrellas y es copuchento. Crea insidia: anda pidiendo que maten a alguien. El usurpador no es tan malo, al revés, trata de protegerlo. Y Hamlet no está loco ni es tonto. Se hace el tonto para que no lo maten. A los tontos no se les puede matar, porque los dioses hablan a través de ellos. Son sagrados.
¿Es un Hamlet más salvaje?
El personaje no es muy elegante. En el Hamlet original Ofelia es una prostituta, que se la mandan para que se excite, porque si se excita no está loco y lo pueden matar. El se da cuenta, la mata, la corta en pedazos y hace una cazuela. Acá lo hace con San Brandán (monje viajero del siglo VI) que anda por ahí buscando el paraíso en la tierra, estaba seguro de que estaba acá y quería irse a pie antes de morir. Y a él se lo come Hamlet.
Ruiz vuelve a Chile luego de ganar la Concha de Plata al mejor director en el Festival de San Sebastián por Los misterios de Lisboa. Basado en la novela de Camilo Castelo Branco, el filme es un maratónico folletín histórico. "Es una especie de telenovela, con enredos, crímenes, intrigas y amores", cuenta. El premio lo sorprendió, dice, así como la buena recepción en Francia. "Por alguna razón, tal vez por el mismo aspecto de telenovela brasileña, está teniendo éxito de público. Dura cuatro horas y media y lleva siete semanas en París. Y va a seguir".
Y él también va a seguir. Ya tiene nuevos proyectos: La venganza de una huérfana rusa, una obra del pintor Rousseau el Aduanero; un nuevo filme en Portugal, también basado en Castelo Branco, y su proyecto más ambicioso: todo Blest Gana en un solo filme. "Es la historia del siglo XIX chileno, concretamente en torno a la formación de la aristocracia, desde el momento en que se produce la ruptura de clases. En todos los países se produce ese quiebre. En Chile se demora 60 años. Las novelas de Blest Gana dan cuenta de eso. Y es algo que dura hasta hoy".
Después de ganar el Premio Nacional, Ruiz dijo que se sentía en deuda con Chile. ¿Está pagando esa deuda? "Un poco, pero la estoy pagando con ganas", afirma. ¿Ha visto cine chileno actual, Post Mortem por ejemplo? "No. Me la contaron ya... No tengo contacto con cineastas chilenos. El que me gusta más es (José Luis) Sepúlveda, el del Pejesapo. Esa película me conmovió", afirma, mientras Copa, el gato, posa para las fotos.
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