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¿Entrenarías con IA a un clon tuyo para que te reemplace en reuniones? Mark Zuckerberg lo está haciendo

La meta de la firma estadounidense es lograr “presencia a escala” en una empresa con cerca de 79.000 empleados.

¿Entrenarías con IA a un clon tuyo para que te reemplace en reuniones? Mark Zuckerberg lo está haciendo Manuel Orbegozo

La fatiga de las videollamadas, las agendas corporativas saturadas y, sobre todo, la burocracia interminable de las grandes empresas han empujado a la industria tecnológica a buscar soluciones que, hasta hace poco, pertenecían a otros terrenos.

La premisa es seductora: si un algoritmo ya es capaz de redactar correos, resumir documentos y programar código, ¿podría también asistir a una reunión en tu lugar o hacer el trabajo sucio por ti?

Para Mark Zuckerberg, ya es un proyecto en pleno desarrollo.

Según un reporte de The Wall Street Journal que complementa lo que ya venía asomando en la industria, el fundador y CEO de Meta está construyendo un agente de Inteligencia Artificial personal diseñado específicamente para ayudarlo a dirigir la compañía.

El objetivo de este “clon digital” es una herramienta corporativa funcional que busca redefinir lo que significa ser el líder de un gigante tecnológico.

El proyecto “Zuckerberg 2.0” y el fin del teléfono descompuesto

¿Entrenarías con IA a un clon tuyo para que te reemplace en reuniones? Mark Zuckerberg lo está haciendo

Desarrollar una versión sintética de un director ejecutivo requiere algo más que una fotografía y un clonador de voz. Para que sea verdaderamente útil, la IA debe entender cómo piensa su modelo original y, más importante aún, procesar sus datos.

El problema central que Zuckerberg intenta resolver con su agente es destrabar el flujo de información. En una empresa con cerca de 78.000 empleados, el peor enemigo de un CEO es la burocracia.

Por lo general, cuando un dato crítico sale de la primera línea de desarrolladores y logra escalar hasta la oficina principal, ya pasó por múltiples capas de jefaturas donde fue resumido, filtrado o derechamente “maquillado” para no molestar a los jefes.

El agente de Zuckerberg, que sigue en fase de prueba, está diseñado precisamente para saltarse esos intermediarios. Le permite recuperar información en bruto de las bases de la empresa a una velocidad inmediata, entregándole respuestas claras para las que normalmente tendría que convocar a varias reuniones con distintos mandos medios.

“Segundo cerebro” y la empresa nativa de IA

Zuckerberg no está solo en este experimento, pero ha decidido ser el “paciente cero”. Su ambición a largo plazo es que cada persona, dentro y fuera de Meta, tenga eventualmente su propio agente personal que lo represente y asista.

De hecho, a nivel interno ya está ganando tracción una herramienta de IA bautizada entre los empleados como Second Brain (Segundo Cerebro), que funciona a medio camino entre un chatbot y un agente virtual para agilizar procesos.

Todo esto responde a una estrategia de supervivencia: competir con la agilidad de las nuevas startups de inteligencia artificial. En su cruzada por transformar a Meta en una organización “nativa de IA”, Zuckerberg busca aplanar la estructura de la empresa.

La lógica es simple: al eliminar gerencias intermedias y apoyar a los trabajadores individuales con herramientas de inteligencia artificial, la compañía se vuelve más rápida.

Entrenar a un avatar para que tome decisiones rutinarias o represente tu filosofía en una reunión virtual es el siguiente paso evolutivo de ese plan.

El dilema de la autenticidad corporativa

¿Entrenarías con IA a un clon tuyo para que te reemplace en reuniones? Mark Zuckerberg lo está haciendo Manuel Orbegozo

Desde un punto de vista puramente técnico, el “agente CEO” de Meta es un hito fascinante. Sin embargo, desde la cultura organizacional, abre una caja de Pandora.

La idea de interactuar con el bot del jefe plantea preguntas difíciles. Si un empleado presenta un proyecto y el agente de Zuckerberg lo aprueba basándose en los patrones del fundador, ¿es una decisión vinculante? Más allá de la logística, hay un problema de percepción.

El liderazgo humano se basa, en gran medida, en la empatía, el criterio y la lectura del ambiente. Recibir una instrucción crítica o una felicitación automatizada de un modelo de lenguaje que imita a tu superior corre el riesgo de generar un entorno laboral frío y profundamente desconectado. La confianza se resiente cuando sabes que al otro lado de la pantalla solo hay código.

La tecnología para clonarnos ya está sobre la mesa, pero las reglas de etiqueta sobre cuándo y cómo es aceptable usarla en el mundo profesional ni siquiera se han empezado a escribir.

Por ahora, mientras Zuckerberg entrena a su asistente perfecto para esquivar la burocracia y las reuniones innecesarias, el resto seguiremos teniendo que encender la cámara y decir: “Perdón, creo que estaba en silencio”.

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