Los negocios de un "romántico viajero"
<P>Daniel Schapira, el nuevo socio de Azul Azul, tiene inversiones en el rubro inmobiliario, informático, deportivo y hotelero. El miércoles cumplirá su anhelo de tener voz en el directorio, donde lo representaría su hijo Andrés.</P>

DANIEL Schapira no quiere dejar de disfrutar el fútbol tras haber comprado el 14,8% de Azul Azul, la concesionaria que maneja el Club Deportivo de la Universidad de Chile. Prefiere no estar en el palco junto a los demás hombres influyentes de la "U", para seguir sentándose con sus hijos en las butacas que tiene reservadas en el Estadio Nacional. Tampoco tiene miedo de ser reconocido por los hinchas, porque él es, según dice, un fanático más.
Para este ingeniero civil industrial de la Universidad de Chile, muchas cosas de su vida giran en torno al club. Las reuniones familiares, por ejemplo, se realizan en sábado o en domingo, dependiendo de qué día haya partido. Su pasión, iniciada de niño, también es la de sus hijos, a excepción de la mayor, Carolina. Pero con Eduardo, Andrés y Alejandro ha recorrido varios países y ciudades de Chile siguiendo al plantel.
Junto a ellos, hace tiempo que buscaba el momento para entrar a Azul Azul, pero con una condición: tomar un porcentaje suficiente para tener un director. Con esa definición clara, dio un mandato a LarrainVial hace un par de semanas. "Todo fue muy rápido. Los contactamos y surgió la posibilidad de comprar en cosa de 10 días. Queríamos menos acciones, pero se vendía el paquete completo o nada. Así que tomamos el 14,8%", cuenta.
La oportunidad apareció cuando estaba en Miami. Por eso volvió a Chile y en una reunión con Carlos Alberto Délano acordó el pago de US$ 12 millones por el paquete. Tras la compra, que financió con recursos propios y créditos, vino una cena para celebrar junto a su familia y largas conversaciones con sus hijos para decidir cómo se instalarán en la mesa que rige los destinos del club.
En principio, hay consenso entre padre e hijos en que sea Andrés (periodista e ingeniero comercial, de 29 años) quien entre al directorio, porque tiene más tiempo para dedicar al club. Otro punto que no discuten es el rol que cumplirán en Azul Azul: "Somos independientes, venimos a trabajar y a apoyar las ideas que aporten. Si nos parece que una idea es buena y viene de Heller, la vamos a apoyar, igual que si viene del otro bando. Así también esperamos que nos apoyen cuando nosotros tengamos buenas ideas", advierte el empresario. Su visión y la de su hijo Eduardo es que en la sociedad no existen grupos antagónicos y que el trabajo que se está haciendo para formar jugadores en el Centro Deportivo Azul (CDA), en La Cisterna, es "de lujo". Eduardo, que esta semana visitó el lugar junto a su padre, guiado por el presidente del club, José Yuraszeck, cree que se ve una labor muy profesional. "El año pasado se probaron 19 mil jugadores en esas instalaciones", comenta.
Schapira aclara que así como no conocía a Délano antes de la compra, tampoco es cercano a Carlos Heller. "En una oportunidad trabajamos juntos en una lista por la Corfuch, pero había muchos otros también. No soy su amigo y tampoco de Yuraszeck". Sí conoce a Mario Conca, con quien coincidió algunos años en la universidad.
Edificios y softwares
La principal ocupación de Schapira es la inmobiliaria DSE (por Daniel Schapira Eskenazi), sucesora de un negocio que comenzaron sus padres en los 50. Ellos se conocieron estudiando arquitectura y luego crearon la empresa Schapira Eskenazi, autora de emblemáticos edificios de departamentos en Viña del Mar. Las torres Montecarlo, Hangaroa, Atalaya y Acapulco fueron proyectadas y construidas por sus padres, reconocidos como precursores del turismo de segunda vivienda en la Ciudad Jardín.
Schapira Eskenazi se expandió luego a la Región Metropolitana, posicionándose en comunas como Las Condes, La Reina y Providencia. De los tres hijos del matrimonio, sólo Daniel y su hermano Leonardo (hincha de Colo-Colo) siguieron en el negocio. Con el paso de los años, decidieron separar aguas y en 2000 Daniel creó DSE, que construye y vende viviendas de entre 3.500 y 9.000 UF y oficinas de alta gama y que, además, se dedica a las rentas de propiedades.
Hoy la compañía, donde lo acompaña su hijo Eduardo, vende cada año cerca de 1 millón de UF (más de US$ 44 millones) y está afinando su cartera de proyectos para 2014. Entre éstos, un edificio de departamentos en Las Condes y otro de oficinas en Camino El Alba, en la misma comuna. Además, hay otro edificio aún sujeto a evaluación en Providencia.
Pero la obra más relevante para Schapira es Factoría Italia, donde está asociado con su amigo Jack Arama en proporciones de 70% y 30%, respectivamente. Allí invertirán cerca de 1 millón de UF en tres años para desarrollar un espacio que combina zonas comerciales, oficinas, gastronomía y cultura con el rescate patrimonial. La construcción partirá en marzo y se irá inaugurando por etapas.
Otra de sus empresas es Info Chile, una firma de tecnologías de la información que creó hace más de 20 años para dar servicio a las constructoras. Luego tuvo demanda de clientes de otros rubros y hoy trabaja con un equipo de más de 30 personas. Allí obtiene cada año ingresos por $ 1.200 millones.
El tenis, una de sus aficiones, lo llevó a realizar otra de sus inversiones: Mi Club, en Ñuñoa, un centro deportivo de unos 9 mil metros cuadrados, frente al Parque Padre Hurtado, que empezó a crear hace unos 25 años y que hoy tiene canchas de futbolito, tenis, piscina temperada y gimnasio.
Otra de sus inversiones es el Motel Cozumel, donde comparte la propiedad con otros dos socios, desde hace 12 años. "Es un negocio muy profesional, que tiene dos sedes en Santiago y planeamos expandir", explica.
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