Leonardo Véliz

Leonardo Véliz

Ex futbolista y entrenador. Panelista habitual de El Deportivo.

El Deportivo

Un ajedrez sin rey

Foto: AFP.

¿Qué significa un jugador exitoso? Es aquel que conjuga la ecuación de esfuerzo, talento y conducción, que podemos traducir en trabajo, habilidad y liderazgo. Muchos abusan con la profesión en todas sus facetas que implica un modelo de comportamiento acorde en donde se encuentre.

Sobran los chilenos, irritados por el destierro de la titularidad de Arturo Vidal en el Barcelona. Veo desazón con visos de luto, de afrenta, en muchos hinchas por el trato indiferente hacia el todoterreno.

No se han preguntado ¿Porqué será que el chileno no es considerado un jugador fundamental?

Porque carece de lo esencial que es pensar, aparte de habilidad y liderazgo fuera del campo. Y no hablo de inteligencia. Son palabras mayores.

Vidal y sus asesores ¿No se percataron que terreno iba a pisar?

Llegó a un Imperio, donde no permiten reinados ni menos principados. No los toleran porque simplemente tienen un emperador, sin alabarlo como tal y se llama Lionel Messi.

En ese tablero de ajedrez, no existe un rey. Abundan los peones. Si el fútbol es un juego, en esa tienda de entretención y juguetes que es el Barcelona, Messi es el evidente guaripola siempre en vitrina, los demás son soldaditos de plomo tras el escaparate y listos para marchar a los sones tamboriles de una Pulga.

A los de la Masía y a los foráneos, les enseñan que sin humildad no hay crecimiento. Y en eso, Arturo es enano. De creerse imprescindible, sufre la suplencia ante el fútbol cerebral de Busquet, Rakitic y Arthur. Es cierto, a él lo sostiene solo el sudor y la lucha.

Messi y Cía. son pilotos de Fórmula 1 que saben su recorrido, mientras el King se acostumbró a transitar por atajos, baches y recovecos como en las dunas de un Dakar.

Está enfadado y su egocentrismo le tortura. Los catalanes no toleran rebeldías ni pendejadas que atenten contra el Barza que “es más que un club” El que siembra vientos cosecha tempestades. Ya sucedió con Ibrahimovich y otros sublevados.

¿Cuándo entenderá que debe estar presto para la lucha y no para provocar una peste con sus gestos y arrebatos en trincheras digitales?

¿Hay algo más peligroso que un “dios” descontento e imprudente, que ignora dónde posa sus pies de barro?

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