Felipe Bianchi

Felipe Bianchi

Periodista, comentarista deportivo de radio y televisión, y presentador de televisión chileno. El año 2006 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

El Deportivo

El suelo que pisamos


Llama la atención la certeza con que algunos pretenden explicar lo que suele ser inexplicable. Y como a partir de eso nos llenan la cabeza de supuestos “paradigmas”. Digo: en Rusia pudo perfectamente ser campeón Bélgica, con su línea de tres, su presión más alta y su posesión… y hoy estaríamos hablando de otra cosa. Pero ganó Francia, y como ganó, muchos han sacado conclusiones fáciles y “definitivas”.

Partamos por decir, con total honestidad y rigor, que casi nada de lo ocurrido en este torneo fue sorpresivo. Rusia y Croacia llegaron más arriba de los esperado, cierto. A lo mejor Suecia. Y sería. Cualquiera más o menos enterado sabía bien que franceses, belgas e ingleses debían tener un gran mundial. Y que no podía irles bien a Alemania y Portugal, porque ya estaban muy gastados. Tampoco a Argentina y a España, que llegaban con feroces incendios internos y marcados por el evidente decaimiento en planteles que alguna vez fueron exitosos. O que Brasil (Neymar-dependiente) era una opción abierta que se podía caer para uno u otro lado de la pandereta. Así no más ocurrió. Cero sorpresa.

Acertaba el filósofo griego Heráclito, muchos años atrás, cuando decía que la mayoría de los seres humanos carecía del llamado “entendimiento profundo”. En buenas cuentas, creía que, aunque la experiencia sensorial era necesaria para la comprensión, si no se manejaba el “idioma correcto” no había manera de interpretar bien la información que proporcionan los sentidos.

Siguiendo esa lógica, habrá que decir, una vez más, que no hay nada más voluble, cambiante, barrero, poco orgánico y contradictorio que el juicio de los llamados graciosamente “expertos”. Al menos de los futboleros. Desde luego, se trata de un cartel que suele ser muy dudoso ¿Quién es experto en fútbol? ¿El que lo jugó profesionalmente? No. Hay demasiados ejemplos en contrario. Jugadores, técnicos y especialistas que pasaron años con una pelota al lado, que entregaron años de su vida en una cancha, que incluso fueron muy buenos exponentes… son incapaces de racionalizar correctamente el juego. Nunca entendieron de qué se trataba y por ende no alcanzan a sistematizarlo, normalizarlo o llevarlo al plano de los argumentos lógicos.

No debiera sorprendernos, pues, la cantidad de leseras y lugares comunes que se han escuchado en los últimos días como resumen de lo que fue el pasado Mundial.

Ejemplos: decir que la apuesta estética actual “no dejó espacio al vértigo” es dantesco. Entregar la posesión no es sinónimo de freno o de inmovilidad. De hecho, quienes hicieron eco de los nuevos tiempos (esperar algunos metros más atrás, entregar el control y salir lo más rápido posible con transiciones rapidísimas en busca del arco rival) aumentaron de manera feroz los grados de explosión del juego… y por ende el vértigo. Puro vértigo, eso fue el Mundial de Rusia. Pero con exigencias mayores: buen pie en velocidad, no reventar jamás la pelotita, organizarse a la espera de los espacios y el contraataque, trabajar mucho la pizarra (los movimientos y las jugadas de pelota detenida) y, claro, tener altísimas cuotas de efectividad ofensiva.

Se dice, en esos marcos, que Francia dejó contenta a todo el mundo. Ya, pero si somos justos, no hizo nada muy novedoso. Es lo mismo que hacía Italia el 2006. Claro que, como eran italianos y no franceses, ahí el lugar común era calificar a la azurra de catenaccio, de “fútbol ultra defensivo y ríspido”. Tonteras. Los mismos que hoy babean con Francia, no fueron capaces de notar igual equilibrio, capacidad y brillantez en el campeón… de hace 10 años, que tenía en cancha a jugadores tan extraordinarios como Mbappé, Griezmann, Pogba o Kanté. ¿O ya no se acuerda de Pirlo, de Gatusso, de Totti, de Del Piero? ¿No eran también brillantes y efectivos De Rossi, Camoranesi, Alessandro Nesta o Filippo Inzaghi? ¿No era casi igual, y mejor, Luca Toni que Giroud? ¿No fueron fenomenales el lateral Fabio Grosso (más que Hernández y Pavard juntos) o el grandísimo Buffon, que apenas recibió dos goles en todos los partidos, o el extraordinario central Cannavaro, elegido el mejor jugador del torneo?

Lo mismo, pero sin los fuegos artificiales de hoy. Sin la moda. Otra: hoy Francia es “inteligente y moderna” porque espera al rival en su campo, juega sólo con uno arriba y sale salvajemente en contragolpe. Hace pocos meses, cuando Pablo Guede hacía lo mismo en Colo Colo, pero exactamente lo mismo, los “expertos locales” decían que su juego era “antiguo, defensivo y cobarde”. ¿Ve? A eso me refiero.

Algunos miran, hablan, comentan, dan lecciones. Pero la verdad es que son poquitos los que VEN. Cada cuatro años tenemos una oportunidad fenomenal: asistir, aunque sea desde Santiago, al mejor fútbol del mundo. Pero también nos llega, de rebote, la notable opción de redescubrir la simpleza en la lectura y la improvisación brutal de buena parte de nuestros “expertos”. Y entonces recordamos, mejor que nunca, el suelo que estamos pisando.

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