Francisca es el verdadero huracán

Un ciclón tropical en Islas Vírgenes postró a Francisca Mardones en 1999. La deportista, sin embargo, redireccionó su vida hacia el tenis en silla de ruedas y alcanzó brillantes logros para Chile. El año pasado, un nuevo infortunio golpeó su vida, pero no la tumbó, sino que la llevó hacia un nuevo deporte: el lanzamiento de la bala, el disco y la jabalina.


Francisca Mardones nunca se rinde. No lo hizo en 1999, en Islas Vírgenes, cuando un deslizamiento de tierra provocado por el Huracán Lenny le hizo caer, golpearse la espalda y arrastrarse por su vida hacia un bunker donde estuvo encerrada e inmovilizada durante dos días. “Un shock sicológico tremendo”, recuerda ella. Aniquilidor para la mayoría, pero no para quien años después se transformaría en la mejor chilena del tenis paralímpico.

Desde los 5 años, después de ganar una simple carrera en bicicleta, el gen del deporte se desarrolló en Francisca. Pasó por distintas disciplinas, sin decidirse por ninguna hasta que optó por estudiar Educación Física. Un accidente automovilístico, sin embargo, frenó su ímpetu y la condujo a estudiar hotelería, razón por la que se encontraba en Islas Vírgenes durante los días del devastador ciclón tropical.

Después de la tragedia, la santiaguina creyó que no volvería a tener una vida normal. Se sometió a una serie de cirugías debido a dos serias lesiones medulares, pero no pudo revertir la parálisis del lado derecho de su cuerpo. En esos días,pensó que “nunca más sentiría esa adrenalina que se siente al hacer deporte”, recuerda.

Fueron cinco años de rehabilitación desde que salió de la clínica, hasta que en 2005 se le ofreció jugar tenis. “¿Cómo voy a jugar tenis?”, se preguntó Mardones. “Tenis en silla de ruedas”, le respondieron. Ella, al igual que mucha gente en aquella época, no sabía de la existencia de esta disciplina, menos que el circuito era dirigido por la ITF. Fue un incentivo. “Ya me habían dado de alta en la clínica, intoxicada con remedios. Igual después, de puro porfiada, fui creyendo que podía rehabilitarme y así tratando de moverme golpe tras golpe, fui mejorando un montón de cosas”. Aunque lo que más le ha costado de andar en silla de ruedas, es el dolor crónico que sufre “24/7” a raíz de sus operaciones.

Fran rehizo su vida. Se transformó en una potencia mundial del tenis paralímpico femenino. Llegó a ser 11ª en el ranking mundial de singles, 11ª en dobles, y participó en dos Juegos Paralímpicos representando a Chile. Se ha codeado con próceres del tenis como María Sharapova, Pete Sampras, ha ganado más de 100 premios entre copas, medallas y reconocimientos.

También obtuvo la primera medalla de bronce por Chile en los Juegos Parapanamericanos de Río 2007. Estas son sólo algunas de las cosas que le ha dejado este deporte en sus once años de carrera.

Y no sólo compitió dentro de una cancha. Francisca libró una dura batalla para que los deportistas paralímpicos pudieran acceder a la beca Proddar, que aporta dinero a los especialistas nacionales de alto rendimiento. “Veía que todos tenían y me pregunté ¿por qué nosotros no? Reclamé a todas las autoridades pertinentes. Hablé con la presidenta Bachelet y hasta terminé hablando con Don Francisco. Alegué que los deportistas paralímpicos éramos merecedores de esa beca”, relata.

Recuerdos que quedarán en la raqueta que Francisca Mardones ha decidido colgar. Sí, porque un imponderable cambió el rumbo de su vida. Aunque claro, sin tumbarla. El año pasado, un nuevo huracán la sacudió, no el de los fuertes vientos, pero sí igual de infortunado. A dos días de viajar al Mundial específico, estaba cocinando en su casa de Estados Unidos, donde estaba radicada, y al perder un poco el equilibrio, con un cuchillo se hizo un profundo corte en el dedo y terminó en el hospital de urgencia. “Llamé al tiro al comité, para decir que no podía competir, pero tuve que ir igual, ya que era un Mundial por equipos y si yo no iba, Chile no podía presentarse. Al final fui y tenía la mano hinchada, traté de competir y, bueno, en realidad era más para presentarse que otra cosa”, comenta la hoy ex tenista.

No pasar de etapa en un Mundial significa bajar la categoría en la beca Proddar, por lo que Francisca, al volver a Chile, tuvo que luchar para mantenerse en donde siempre había estado. Al final logró justificar que su participación había sido para no generarle un daño mayor a la delegación nacional. “Menos mal me lo solucionaron, pude volver a mi categoría, pero, claro, lamentablemente mi mano no se mejoraba y con las inyecciones que me pusieron me hicieron perder fuerza en los dedos índice y pulgar”.

En el tenis paralímpico, las categorías se dividen según la lesión que se tiene. Francisca competía hace once años en la categoría Open, pero ahora debía pasar a la categoría de cuadripléjicos, que incluyen dificultad en la movilidad de los brazos. “En realidad, no me motiva tanto, porque yo era mucho más rápida hace dos meses. Llegaba a todas las pelotas y ahora me cuesta… Entonces me frustra”, indica.

Hasta hoy, pese a que no ha vuelto a competir, Francisca Mardones se mantiene número 11 en el ranking internacional. Sin embargo, no quedó conforme, pues reconoce que no alcanzó a cumplir su máxima meta: estar entre las 10 mejores del planeta. “Llegué al puesto once, a muy pocos puntos de haber sido top ten y necesitaba ir a Australia a competir para hacerlo, pero no había plata. Y esa fue como una frustración. Fue difícil, pero tenía que entender el contexto en el que estaba”.

Si bien la medallista panamericana también integra la Comisión de los Deportistas Paralímpicos del país, su meta para este año es darle una nueva medalla a Chile en los Juegos Sudamericanos. En otra disciplina, eso sí. “Antes de la lesión, en 2016, un entrenador me venía diciendo hace un rato que el día que dejara de jugar tenis fuera a hacer un lanzamiento porque tenía buen brazo. Entonces, ese año, un día que vine a Chile, fui a probarme… ¡Y tenía la marca de bala, disco y jabalina para clasificar a Río!”.

De colgar la raqueta a hacer lanzamientos. Otro giro de deporte inesperado para Francisca, pero que, según ella, sí tiene similitudes con el tenis. “Los movimientos de lanzar son parecidos. El lanzamiento de bala es muy similar al servicio del tenis y al revés. El gesto lo tengo integrado”.

Mardones volvió definitivamente a Chile, esta vez para quedarse y competir en su nueva rama, en la que ya probó suerte en septiembre del año pasado, cuando en un Campeonato Nacional obtuvo récord en jabalina, bala y disco. “Preferí buscar algo nuevo, para disfrutarlo y no estar quizás un año trabajando en esto. En abril hay un torneo en Brasil, donde me clasifican internacionalmente, y ahí mis marcas quedaría registradas”, aclara.

Si bien el tenis fue lo que la llevó a perseguir su sueño, está entusiasmada con su nuevo desafío, en el que espera seguir entregando medallas a Chile. “Siento que al final mi destino era ser deportista. De verdad me da más satisfacción ser una paralímpica, porque pese a todas las dificultades, lo logré. En el fondo, me ayudó a darme cuenta de que no hay nada imposible”. Es que Francisca Mardones no se rinde. Ella es el verdadero huracán.

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