La profesora búlgara

Caterina Ivanova (27) sorprendió al lograr dos inéditos oros al frente de la la selección nacional juvenil en los pasados Panamericanos específicos. La tientan las principales potencias americanas, pero quiere dejar escuela aquí.


Caterina Ivanova (27), la entrenadora búlgara que desde 2016 se hizo cargo de la selección juvenil de gimnasia rítmica, no entiende cómo pudo conseguir los dos oros que Chile se colgó hace tres meses en los Panamericanos Junior de la disciplina. No es que desconfíe en el trabajo que lleva realizando con sus dirigidas, ni de su talento y dedicación, pero ante tantas carencias, dice, la hazaña de Medellín fue para poner especial atención.

Primeras en conjunto all around, en conjunto cuerdas y un bronce en conjunto clavas; el desempeño de sus dirigidas hizo que el continente mirara por primera vez al país con sorpresa ante los inéditos podios. Ahí, ella asegura que confiaba en un 90% en que lo conseguirían. “Pero no quise decirles nada”, confiesa.

Para Caterina, todo comenzó como un desafío personal. Una chilena, Lucía Bravo, la invitó a dictar clínicas en distintos clubes del país. Y su conocimiento despertó tanto interés que rápidamente su agenda se copó. “No llegué con la meta de quedarme, pero cada vez fui tomando más y más trabajo”, asegura. Así fue como terminó echando raíces al fin del mundo.

Su amplia sonrisa contrasta con la sacra seriedad con que da instrucciones a sus dirigidas, una verdadera general dictando órdenes a su soldadita. Nadie dice nada. todas confían en ella, mientras a un costado del Gimnasio Municipal de Macul (“por favor no dejes de colocar los agradecimientos al alcalde Gonzalo Montoya, que se ha protado muy bien con nosotras”), los padres de las niñas, seleccionadas desde Antofagasta a Puerto Montt, miran el entrenamiento.

Esa confianza la ganó con esfuerzo propio y resultados. El año pasado, en el Panamericano de Daytona, logró un bronce en conjunto, dando la primera señal de que algo se podía hacer con el grupo. No fue sencillo, tuvo que entregar mucho. “Pienso que de a poco eso irá cambiando. Cuando comenzamos con este proyecto, hace poco más de dos años, no teníamos nada. Ahora tenemos todo lo que puedes ver”, asegura. Lo que tienen, en realidad, son sus implementos, mallas y una alfombra sobre la que entrenan.

Es romántica, por eso es que se resistió a aceptar las ofertas que de inmediato le llegaron. Pese a que no quiere confesar qué potencias buscaban ficharlas a ella junto a su ayudante, la también búlgara Romina Bojilova, se sabe que fue Estados Unidos una. “Me ofrecieron todo lo que no tengo acá, que es una estructura para poder trabajar”. Pero se negó a abandonar el proyecto. “Esto lo sacamos con el esfuerzo de nosotras, de los padres durante dos años. Es algo muy grande, incluso yo no recibo un sueldo, pero confío en que cambiará”, confiesa.

Ahora está en Bulgaria junto a sus niñas, preparándose para el torneo internacional Reina Margarita, donde se enfrentará a las principales potencias europeas, las reinas de este deporte. “Ahora veremos cómo vamos. No hay expectativas, salvo ganar mucha experiencia”.

Santiago 2023 es el desafío con el que buscan mantenerla en Chile, pero queda mucho tiempo. “Desde afuera, ya miran a Chile con otros ojos, pero mi idea es que los propios chilenos crean que hacerlo es posible”, remata.

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