Los mejores primos de Chile

Autor: Ignacio Leal

Foto: Richard Ulloa

Dicen estar maduros, tanto que uno incluso se va a casar. Marco y Esteban Grimalt alcanzaron una hazaña inédita, al conseguir el 9° puesto en el ranking mundial de la FIVB. Tokio 2020 es su objetivo.


En la arena del CAR del Estadio Nacional, donde entrena el vóley playa, los primos Grimalt (Marco, de 29 años; Esteban, 28) pasan desapercibidos. Son unos más. Es mediodía y mientras el equipo técnico de Paul McCartney prepara el show que en unas horas más llenará de melancolía a Santiago, ellos saludan, bromean y se ríen junto al resto de los seleccionados nacionales de la disciplina, sus compañeros de toda la vida, con quienes aprendieron a remachar sus primeros balones. “Ellos son los primeros que te escriben para felicitarte, se levantaban a las cuatro de la mañana para ver nuestros partidos”, confiesa Marcos, el mayor de los primos.

La dupla más exitosa del beach voley nacional regresó hace un par de días a Chile cargada de oros. Arribaron el lunes desde Qatar, tras coronarse como campeones por primera vez en un torneo de cuatro estrellas en el Circuito Mundial. Su éxito, sumado al de la fecha en Sídney y el circuito Sudamericano, les valió para haber aparecido la semana pasada como novenos del mundo, su mejor ranking oficial, dicen, pese a que hace algunos años ya fueron Top 1° del mundo. “Fue solo porque habíamos jugado el circuito sudamericano y los europeos no habían jugado nada”, transparenta Marco, el primo con barba. Ahora es distinto.

Si a los Grimalt les hubieran dicho que este sería su inicio de temporada, es probable que no hubiesen dado suficiente crédito. Más allá de imponerse en las fechas disputadas en el Circuito Sudamericano y nacional, los oros que se colgaron en Sídney y Doha, en las últimas dos fechas del calendario mundial (y en apenas una semana de diferencia), los Grimalt están alcanzando lo que siempre buscaron: la fortaleza para revertir los malos momentos por los que se pasan durante un partido.

Esteban es claro en entregar su análisis: “Jugamos 14 partidos en las últimas dos semanas y apenas perdimos uno, el primero de la fase de grupos en Qatar. Han sido torneos increíbles. En Qatar hicimos un torneo soñado también, pasando de la ronda de grupos, tuvimos siempre partidos a tres sets, donde siempre comenzábamos perdiendo el primero, pero lográbamos sacarlo adelante. Sacamos muchas cosas positivas de estas dos medallas de oro”. Sus últimos partidos, disputados bajo la exigencia de tener que revertir el marcador, los ha hecho encontrar un nuevo punto fuerte en su juego. “Eso te da confianza, porque además de estar jugando bien, te demuestra que cuando entras en uno de esos hoyos en los que se te va la cabeza puedes salir, y que el partido es mucho más largo y lo puedes revertir”, profundiza Esteban.

La meta se fija en Tokio

Vivir al ritmo de los primos no es tarea sencilla. Marco, por ejemplo, ha debido dividirse entre los preparativos para su matrimonio y la temporada que recién inicia. Viajes, partidos todos los días, dolencias, recuperaciones y victorias… Ese ha sido el ciclo de vida de los Grimalt, una rutina ya tatuada en los huesos. “Llevamos 10 años dedicados cien por ciento al deporte y ahora se está plasmando nuestra madurez deportiva, nuestra unión como equipo y conseguimos hacer de Chile un país reconocido en el Circuito Mundial”, dice Marco.

Para este año, los pasaportes de los Grimalt recibirán más timbres que de costumbre. Tras conseguir la ansiada clasificación a Río 2016, ahora la meta está puesta en Tokio 2020. Y allí, dicen, esperan ingresar a través del ranking mundial, por lo que este año estará cargado de torneos de alta exigencia. “La verdad es que tenemos una cantidad bien alta de torneos, será muy agotador, pero es lo que todos están haciendo para clasificar a Tokio”, adelanta Esteban.

Confían en lograrlo, pues, aseguran, el trabajo realizado junto a Paulo Roberto Moreira da Costa -o más bien Paulão, multicampeón brasileño como jugador y entrenador- los está encumbrando un poco más. “Hemos mejorado el estudio y preparación de los rivales. Junto a Paulão hemos estado muy coordinados en ese sentido. La estrategia de juego ha funcionado y eso nos tranquilizó. También está la parte física. Ahí estamos trabajando con Tomás Landerer, que nos tiene muy bien”, confiesa Marco.

Y en ese camino olímpico, afectados por la situación que vive Chile en materia de dopaje, los Grimalt también sacan la voz. Saben que el alto rendimiento se vive al límite: “Siempre hay personas que para bien o para mal quieren participar de tu proceso. Nuestro deporte, en todo caso, no se caracteriza por consumir sustancias anexas y nuestro equipo siempre se actualiza para no tener un problema con alguna sustancia prohibida”, reconoce Marco.

De hecho, a ambos les golpeó la sanción de tres años por dopaje que recibió Natalia Duco. Pese a que no se han interiorizado en el caso, sienten que la mejor atleta chilena de las últimas décadas puede demostrar su inocencia. La apoyan, pese a su condena. “Para nosotros, Natalia es una excelente deportista. Es súper cercana y todo lo que ha hecho es admirable. Es una gran mujer, ha roto varias barreras, no solo las deportivas. Para mí, es un ejemplo muy positivo. No tengo conocimiento de su caso, no sabemos circunstancias, pero podemos dar fe que la vida de un deportista es siempre al límite. Esperamos que pueda volver lo antes posible al deporte (…) Si ella dice que su dopaje fue algo involuntario, yo le creo. Es mi opinión, siempre habrán distintas, pero creo que Natalia es una excelente persona y desde ahí puedo juzgarla”, se confiesa Esteban, afectado por el presente de su colega.

Así, viviendo al límite, ellos también deberán ahora preparar sus próximos torneos. Con su nuevo estatus, están rearmando el calendario con los campeonatos más importantes, de cuatro y cinco estrellas. Saben que el top ten logrado es sólo un buen inicio, pero que a lo largo del calendario todo cambiará. Ahí es donde los primos confían en que podrán conseguir nuevas finales.

Seguir leyendo