Los secretos de Marcelo Ríos para elevar a Juncheng Shang: “Es el único jugador aparte de Alcaraz que tiene un entrenador que ha sido número uno del mundo y partió en challengers”

Marcelo Ríos, junto a Juncheng Shang, tras ganar el Challenger de Lexington. Foto: Instagram.

El extenista chileno anuncia que trabajará por al menos un año con la promesa china. Cuenta detalles de su forma de entrenamiento y que ha recurrido a diversos elementos, como videos de su época de jugador y de las prácticas de Rafa Nadal, que se los solicitó al propio Carlos Moyá, técnico de la leyenda española.



Son las 4 de la mañana del martes 30 de agosto en Sarasota. Marcelo Ríos no puede dormir. Le cuesta hacerlo tras recuperarse de una compleja cirugía en la cadera a la que se sometió un par de semanas antes. El insomnio no será en vano. Su vida cambió radicalmente y hoy sus pensamientos están dirigidos a Juncheng Shang, la gran promesa del tenis chino de 17 años, que comienza a estar en boca de todos en el circuito. “Me desperté a esa hora y escribí todas la hueás que necesito entrenar con él. También quiero que me diga qué otras cosas quiere que veamos. En este minuto tengo otro hijo más y me encanta, porque sé que puede mejorar mucho más. Cada entrenamiento es una mejora”, confiesa.

Cuando todo comenzó, el 22 de julio, el asiático se encontraba en el puesto 362 del ranking ATP. El ex número uno del mundo decidió embarcarse en un proyecto inédito para él. Quería probar qué tal se sentía y por eso fijaron un periodo de prueba. “Por mi parte, fue súper bueno. Haber tomado la decisión de ayudarlo me costó, pero al verlo jugar, al ver las ganas que tiene y que, con haberle cambiado tres cositas, haya llegado a dos finales es motivante”, señala.

“Martín (Alund, su ayudante), que ha viajado con él seis meses, me dice que, con lo que ha hecho conmigo en esos seis días y en las horas que estuvimos juntos, él tipo ha cambiado en todo aspecto: tenístico, mental… Es otro hueón, ya no anda todo pajero, no se basa solo en el talento... El tipo me ha hecho caso en muchas cosas y verme ahí lo motiva. Nunca había pasado a cuartos de un challenger, y para él estas dos finales son cosas muy grandes”, apunta. Y, en efecto, tras ganar el título en Lexington y haber alcanzado la final en Granby, Jerry, como es conocido en su círculo, dio un espectacular salto al puesto 202.

Marcelo Ríos junto a Jerry Shang, durante un entrenamiento de este último el año pasado.

Es por todos estos factores que Ríos ya tomó una determinación. “Decidí estar tiempo completo con él, porque seis meses es una mentira y no voy a lograr lo que quiero. Decidí estar un año y planificar. Ahora tiene seis torneos más en Estados Unidos y para fin de año veremos si vamos a Europa. A ver si hace un par de finales y meterlo 150 o mejor. Todo ha ido bien, ni él se imaginaba hacer dos finales y ganarles a tipos como (Jordan) Thompson”, destaca.

Por otra parte, está contento por una condición que fijó. “Puedo ir con mi familia. A los próximos dos torneos pienso ir con Marcelito, aprovechando que los niños este año van a hacer Home School. Quiero estar más acompañado y él está feliz de poder ir conmigo”, comenta.

Su esposa, Paula Pavic, fue quien lo alentó. “Ella fue una de las que me ayudó a tomar la decisión. Me dijo que lo hiciera, con la condición de que el contrato fuera por un año, renovable, y tuviera la posibilidad de salirme si no me gustaba. Me dijo ‘te apoyo cien por ciento, aunque sea un año, para que veas qué pasa. Capaz que te guste’. Ella sigue y le gusta ver los partidos del chino. Aparte, nos ha servido. Mi señora está trabajando y tiene su espacio, pero a mí también me encanta estar con mis hijos. Hasta ahora no me he sentido mal ni solo, a pesar de que estoy en hoteles hechos mierda. Ha sido entretenido. Todavía no nos ha pasado que pierda en primera ronda, aunque eso va a pasar”, confidencia. “Jerry tiene 17 años y, si juega hasta los 40, no me veo viajando 23 años con con él. Si lo meto entre los 10 o 20 mejores, yo creo que ahí le digo ‘aquí te dejo’”, admite.

Cadera nueva

Marcelo Ríos se ha preocupado de mostrarle a Juncheng el valor del sacrificio. Y su mensaje más elocuente fue todo lo que sucedió después de su propia cirugía. “De repente me dice ‘me duele aquí o acá’, y él ni sabe lo que duele la cadera. Yo me operé y le quise demostrar que a pesar de la operación estaba ahí. Martín me dice que el verme a los 10 días de operado, con los puntos puestos y cojeando le tiene que generar algo. Que vea y diga ‘este hueón está realmente conmigo, realmente cree en mí'. Yo, por mi parte, no quiero perder tiempo y me dan ganas de estar ahí, ayudándolo”, confidencia.

El procedimiento fue planificado en función de esta nueva tarea del chileno como entrenador. “Me operé porque era el tiempo que tenía, pero igual no me daba. Había hablado con el doctor que iba a Chile por tres semanas. Entonces, llegué y le dije que me podía quedar 10 días. Estaba la raja, empecé a caminar rápido y aquí los pasos eran: la primera semana en cama, y yo me quedé un día, que fue el de la clínica, y luego eran tres semanas con dos muletas para tratar de no cagar otros músculos, pero a los 10 días me fui de Chile a Estados Unidos. Llegué a las 2 de la mañana y viajé a Canadá a las 7 de la mañana del otro día, con una muleta. Lo pasé como el loly en el avión. No he descansado nada”, apunta sobre su recuperación.

“Ahora tengo que seguir en la rehabilitación, que es musculación y bicicleta. Me siento la raja, pero no duermo nada. Duermo cuatro horas, porque llega un momento en que no sé cómo ponerme y me empieza a molestar y a doler un poco. Todas estas hueás que te dan para el dolor no te sirven de nada”, lamenta. Esto repercute directamente en la exhibición que iba a disputar frente a Álex Corretja, el 14 de octubre en Gran Arena Monticello. El evento quedó reprogramado para el 17 de marzo y las entradas ya adquiridas se pueden utilizar sin necesidad de cambio. La venta continúa por el sistema Top Ticket.

Vida de challenger

La estadía en Canadá no fue fácil, pero se acostumbra. “Me ha costado, no te miento. El hotel donde nos quedamos era como de película de terror, de esos hoteles que se pillan en la carretera. Pero es lo que hay. Y Jerry se preocupa de cómo estoy, pero le digo que me da lo mismo la pieza. Si yo voy a jugar tenis... Yo le digo que hay que pasar esta etapa rápido nomás y empezar a jugar en torneos grandes, que es otro mundo. No hay ni qué comer, no hay gimnasio, las duchas son como el hoyo.... Podlipnik decía que ganó 50 torneos, pero puta que la sufrió. El hueón por eso está desnutrido y no se baña”, dice, entre risas.

Esta nueva vida como entrenador ha generado algunos cambios en Ríos. Él mismo se sorprende de algunas cosas: “Yo me siento como raro, nunca pensé que iba a volver al tenis. Para mí el tenis había quedado atrás, ni siquiera iba a jugar ni lo veía. Esto me pilló de sorpresa y me ha llamado la atención. Es más desgastador que la chucha. Ya no eres el piloto, ahora eres el copiloto. Estái afuera de la cancha y vai cagado de miedo porque no sabís qué va a hacer el piloto. Pero le leo harto el juego”.

Marcelo Ríos y Juncheng Shang, durante uno de los entrenamientos.

También pasó a volver a ser reconocido en los torneos. “En Canadá al principio me pedían pocas fotos, pero después te diré que fueron hartas, porque la gente me cachaba. Y me las saqué. Ahora estoy en otra, estoy con el chino y no voy a ser pesado. También llegaban periodistas y me pedían entrevistas, pero les dije que no, porque Jerry es la figura”, explica.

El hecho de tener a un ex número uno en la banca ha sido un tema importante. “Lo hablé con él y siente que verme en la tribuna entre que le da confianza y como que trata de pensar qué es lo que estoy pensando yo ahí. Me ha dicho que cree que estoy aburrido en un challenger, pero yo le respondo que yo decidí estar y que sabía a lo que iba. ‘Entonces, lo que estás hablando es una imbecilidad. Si yo estoy aquí, es porque yo quiero estar y quiero que tú seas bueno y si tú ganas, gano yo. Ganamos los dos’”, sentencia.

“Además, yo creo que es el único jugador aparte de Alcaraz que tiene un entrenador que ha sido número uno del mundo. En todo caso, yo sé que Ferrero no iba a los challengers, porque tiene una academia y viajaban otros hueones. Después empezó a aparecer en los Grand Slams. Y que yo empiece en los challengers con él y sacándome la chucha debe ser único”, reflexiona.

Disciplina y diversión

A pesar del talento natural de Shang, el zurdo de Vitacura sabe que hay bastante trabajo: “Tengo miles de hueás que mejorarle, porque él juega hasta ahora con lo que sabe. Le falta abrir ángulos como zurdo, le falta variar el saque y la devolución, porque devuelve dentro de la cancha como yo, pero se tira para atrás. A Thompson lo cagó a palos, cuando se metió. Ha mejorado harto y está con ganas de que le vaya bien. Además, es muy profesional. Todo el día anda con su botellita de agua y ni siquiera toma bebidas”.

Un aspecto que Ríos se ha encargado de trabajar con su joven pupilo es la movilidad. “De repente, se queda muy parado porque juega mucho con las manos. Entonces, estoy tratando de que se acomode a su derecha. Y justo encontré un video mío contra (Fabrice) Santoro, quien jugaba lento y el que tenía que mandar era yo. Así que le mostré cómo me movía y me acomodaba hacia la derecha. Él lo vio y lo ocupó al otro día contra Thompson y la cagó lo bien que le salió. Se dio cuenta de que era una cosa de moverse y pegarle, porque él pega plano, igual que yo, pero estoy tratando de que la cierre al final como lo hace Nadal, que juega esa derecha pesada”, establece.

Y para que su dirigido lo entendiera de mejor manera se le ocurrió una idea. “Ayer (lunes) hablé con (Carlos) Moyá. ‘No sé si como entrenadores se puede hacer, pero te lo pido como amigo: ¿me puedes mandar unos videos de Rafa entrenando?’, le pregunté. Y me mandó como cinco. En los videos se ve a Nadal entrenando como si estuviera jugando Roland Garros. Y eso es lo que busco con Jerry; que entrene como si fuera a jugar un partido. Esa es la única manera de aprender, de estar siempre atento. Es lo que he estado tratando de meterle en la cabeza, porque de repente se pone medio pajerito”, desclasifica.

Marcelo Ríos, trabajando con el argentino Martín Alund, durante sus entrenamientos en Bradenton. Foto: Instagram J Yan.

En ese sentido, es estricto, como lo describe en una anécdota: “Le dije, en serio, que conmigo no se hiciera el cool boy o el niñito lindo; que eso no va conmigo. Yo vengo de vuelta. Lo que pasa es que de repente empieza a huevear con una mano y lo peor es que le pega la raja, hace cortitas y me queda mirando. Y yo le digo ‘qué mirái’. Como que me trata de impresionar. ‘Todavía no existe un jugador que me haya impresionado. Tú me vas a impresionar el día que ganemos algo importante, pero no me vas a impresionar porque le pegues con la derecha así. No. Esa hueá te la hago 10 veces ahora con la muleta’, le respondí. Me acuerdo de que sacó fuerte y recibí con la muleta en la mano derecha y la metí. Lo quedé mirando fijo y el hueón cagado de la risa. Me dijo ‘no lo puedo creer’”.

“Es demasiado buenito todavía. Si pega en la net es casi como que mató a alguien. Tengo que hacerlo un poquito más malo en buena manera, no que sea un irrespetuoso de mierda como era yo”, piensa.

Chilenismos

Los entrenamientos se llevan en inglés y en español ante el interés de Juncheng por aprender el idioma de su técnico. Es por eso que tienen algunos códigos para entenderse mejor. “Yo le digo que cuando lo trato de hueón significa amigo y cuando le diga ‘ándate a la chucha’ es porque estoy enojado”, revela.

Justamente, un episodio ocurrido en las semifinales del Challenger de Granby retrata la disciplina que el zurdo le está tratando de inculcar a su dirigido. “Él me veía más como un tipo rudo y concentrado en lo que hacía. Se dio cuenta de que soy muy directo y no me guardo cosas. Por ejemplo, en el partido de la semi empezó a pegarle a una mano, tiró una pelota a la chucha.... Martín pensó que me iba a ir. Y al terminar el partido, salió cancherito. Antes de felicitarlo, le dije ‘¿puedo hablar contigo?’ Y lo puteé. Le dije ‘mira hueón, yo te pedí una hueá, porque ya hice mi carrera y sé... Te pedí que cerraras los partidos, después si quieres entrenamos y hueveamos. Pero ¿qué pasa si te quiebran y se va todo a la chucha y perdís por hueón?’. Después, el otro partido, que si bien perdió, lo luchó. Igual, yo quiero que se divierta y que se entretenga porque tiene 17 años. Le digo que aprenda a disfrutar los momentos y que lo pase bien”.

Por ese lado, el chileno recuerda su experiencia. “Yo tiré partidos. Una vez perdí 6-0 y 6-3 en Canadá contra (Todd) Woodbridge (semifinal de Toronto 1996) y decía que era casi imposible ganar, también perdí una final con (Magnus) Norman teniendo match point (Shangái 1999). Le digo ‘te falta tanto todavía, pero hay que saber llevarlo y es difícil, pero tienes que estar preparado’”.

En esa línea, Ríos se sincera. “Si un día viene y me dice que está cansado y quiere ir a jugar bowling, perfecto. Quiero que no me vea como un monstruo, porque no. También tengo que entender que el hueón es un niño, pero por otro lado Becker ganó a los 17 años, Chang, a los 16, y es la edad en que los hueones están ganando. Entonces, si estás en un deporte donde a los 17 o a los 20 están metidos, también tengo que apurarlo y no lo puedo tratar como un pendejo de 17 años en la cancha, si quiere ser bueno”, plantea.

El buen comienzo que ha tenido le está demostrando que su camino como técnico puede ser muy exitoso. Sin embargo, su respuesta es clara: “Si la ATP algún día me da un premio, no me interesa. No tengo nada que ver con ellos. Si me los dan, que lo vaya a buscar otro. No me interesa la ATP, porque me trataron mal como sudamericano. No quiero que me reconozcan como entrenador”.

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