Reyes de Copas
En vísperas de una nueva final de la Copa Chile, La Tercera repasa de la mano de sus protagonistas las definiciones coperas más recordadas. Un viaje junto a los héroes nacionales y extranjeros de un torneo que se juega en todo el mundo, pero que en Chile ha perdido la memoria.

Dilapidada por su intermitencia y sus continuos cambios de formato; desvirtuada por su falta de virtuosismo a la hora de reinventarse; desdeñada durante largos períodos por los dueños del fútbol y por los equipos grandes; y devaluada a fuerza de no saber valorarse; la Copa Chile asistirá esta tarde al desenlace de su trigesimoctava edición convertida en un torneo difícil de entender, y de explicarse.
Una competencia, la segunda en importancia dentro del calendario futbolístico chileno, que luce hoy como un trofeo con historia, pero sin tradición. Plagado de incentivos, pero carente de alma. Irreconocible para aquellos que la conocieron -y la encumbraron- en sus épocas de mayor esplendor; atractiva por la sencilla razón de que otorga hoy cupos para torneos internacionales; y casi siempre indescifrable; la única forma posible de entender y dimensionar la Copa de los mil nombres y los mil avatares, es a través del testimonio de quienes le pusieron rostro, aquellos que la ganaron.
Celebrada por primera vez en 1958, pero olvidada en algún cajón de algún escritorio entre 1963 y 1973, en el 76, el 78, el 97, el 99 y los años comprendidos entre 2001 y 2008, si hay un rasgo que ha marcado siempre el devenir del torneo, ése es, sin duda, el de la inconsistencia.
Porque ha fluctuado tanto la celebración de la Copa como sus múltiples designaciones (siete en total, desde la versión original y su sucesora Copa Preparación, hasta la actual MTS), y también el interés suscitado. Con aforos en los encuentros de definición que han oscilado desde los 76.909 espectadores de la final del 92 a los apenas 2.124 que presenciaron en directo el desenlace de 2010, cuesta verdadero esfuerzo hablar de la Copa Chile como de un torneo unitario. Y es que poco parecen tener en común la competencia de hoy y las de antaño, salvo, tal vez, sus héroes. Célebres y anónimos. Pequeños y gigantes en todos los casos.
Como Don Elías Figueroa, responsable con un autoritario cabezazo en el minuto 112 de la prórroga del título de Palestino el 9 de abril de 1977. La segunda Copa Chile para el cuadro tetracolor. Su primera corona en suelo patrio. "Palestino fue el club que me trajo de vuelta a Chile haciendo un gran sacrificio económico y yo quería devolverles con títulos lo que habían hecho. Y salimos campeones con un gol mío en el alargue. Yo siempre hice goles porque siempre iba a los ataques, y ese día, contra Unión, fui una vez más", rememora hoy, 40 años después, el inmortal zaguero, quien terminó decretando con la testa el agónico triunfo árabe por 4-3 en una de las finales de Copa más atractivas que se recuerdan. "Fue una cosa muy linda porque fue mi primer título en mi país y porque estaban mis padres, que todavía vivían. Yo no sé qué ha pasado pero como que ahora no es esa misma Copa Chile que era antes, que todos queríamos ganarla", sentencia. Y eso que hasta el año 2009 (con algunas excepciones puntuales) el torneo no entregaba cupos a competencias internacionales.
Fue precisamente una de esas ediciones anómalas, excepcionales, la que terminó encumbrando a otro jugador de excepción, Jorge Aravena. "Era mi primera final en el fútbol profesional y hacía 17 años que la Católica no era campeón. Aunque después salí campeón en México, varias veces, y también en Católica, aquel título ocupa un primerísimo lugar en mi memoria", comienza a relatar el Mortero, quien en el minuto 86 del último encuentro de la liguilla final de aquella Copa Chile (rebautizada como Copa Polla Gol en ese tiempo) rubricó el triunfo por 2-1 de la escuadra cruzada sobre Palestino. "Le robé la pelota a Leonardo Montenegro, me fui en velocidad hacia el arco, eludí a Cornez y anoté el gol", prosigue, con todo lujo de detalles, el hoy técnico de Deportes Valdivia, como si al contarlo regresara por un instante a aquella tarde del 10 de julio de 1983 en el Estadio Nacional.
Aquel que terminó poniendo fin a la larga sequía de la UC fue además el gol número 23 de Aravena en el torneo. En 23 partidos. Una marca que nadie ha sido capaz de emular desde entonces. Los tiempos, reconoce el zurdo ex centrocampista, han cambiado mucho para la Copa Chile. "Hoy hay equipos que juegan con plantel alternativo, incluso con juveniles, y se ha ido perdiendo esa emoción de jugar a mitad de semana. El cambio de formato y los largos recesos tampoco han ayudado, pero es increíble y sorprendente que habiendo premios relacionados a participaciones en torneos internacionales los equipos igual sigan dándole poca importancia a la Copa Chile". Aquel año, como sucederá también ahora, el campeón y el subcampeón del torneo sacaron pasajes para la Libertadores.
Pero si hay un nombre grabado a fuego en la historia de la Copa Chile, ése es el de Marcelo Vega. No en vano el exquisito ex delantero de Unión Española y Colo Colo es el máximo goleador histórico criollo en finales coperas. Sus cinco goles repartidos en tres definiciones consecutivas de Copa Chile valieron tres títulos. Y a dos equipos diferentes. La primera, la de 1992, fue la que registró la mayor afluencia de público de la historia del torneo. Unión se quedó el trofeo tras derrotar por 3-1 a Colo Colo con tres tantos de Vega. "No era la primera vez que hacía tres goles, pero creo que aquel fue uno de los mejores partidos de mi carrera. Jugábamos con un Colo Colo que acababa de ganar una copa en Japón y venía con todas sus figuras. Había 76.000 personas contadas en el estadio. Y quedaron otras 20.000 afuera", explica el ex seleccionado chileno, mundialista en Francia 98.
Un año más tarde, en 1993, el cuadro hispano volvió a adjudicarse la competencia luego de derrotar a Cobreloa en la final por un marcador idéntico. Y con otro tanto del Toby Vega, quien en 1994 (siendo ya jugador de Colo Colo), completó su histórica proeza firmando el único tanto de su equipo en un partido de definición ante O'Higgins que los albos se terminaron llevando en la tanda de penales. "Fueron tres finales que ganamos y tres finales marcando. Podría ser el rey de Copas, de la Copa Chile", reconoce el ex ariete. Y después apunta, a modo de reflexión histórica: "Creo que la Copa Chile ha vuelto a ganar un poco de interés en los últimos años, ha remontado un poco, porque tiene el valor agregado de los cupos internacionales. Es la única motivación. Pero estamos muy lejos de torneos como la FA Cup inglesa o la Copa del Rey de España, que son tradicionales. Ya se intentó hacer algo parecido y fue imposible. Aquí tienen que jugar los equipos de Primera A y Primera B, porque ir a jugar a Isla de Pascua, por ejemplo, como hicieron un tiempo, me parece una pérdida de tiempo y de plata".
Pero no sólo a base de goles se ha ido escribiendo la historia de la Copa Chile. Numerosos arqueros han escrito también sus nombres en los anales del torneo en definiciones de infarto desde los doce pasos. Como Rambo Ramírez, que en la consignada final del 94 terminó coronando campeón a Colo Colo tras detener tres penas máximas en la tanda de penales. O Cristián Limenza, héroe por sorpresa del título copero de Iquique en 2010. "Fue un partido muy especial porque no empecé jugando. De hecho salí a entrenar en la mañana el día de la final porque tenía en mente que no iba a jugar. Fue un poco irresponsable porque se lesionó Naranjo y me tocó entrar. El partido terminó empatado (1-1), pero yo tenía mucha confianza en la definición a penales", reconstruye el arquero paraguayo de 40 años, en la disciplina hoy de Deportes Puerto Montt. Y así fue. Limenza adivinó la intención del zaguero de Deportes Concepción Alexis Salazar en el quinto penal. Y los Dragones Celestes se llevaron la Copa Chile. También 80 millones de pesos, confiesa el guardameta, y un boleto a la Copa Sudamericana: "Pude tapar el último penal para dar la vuelta olímpica. En Iquique todavía me recuerdan por eso. Fue un partido que marcó mi carrera", sentencia.
Espíritu
Basta con echar un rápido vistazo al panorama del balompié mundial para darse cuenta de que son muy pocos los países fuertemente futbolizados que no cuentan hoy en día con una competencia similar a la Copa Chile como complemento de sus respectivos campeonatos nacionales. Pero pocos son también, comparativamente, los lugares donde este torneo ha perdido, con el tiempo, tanto espacio. El éxito de la FA Cup, por ejemplo, radica en su extraordinaria tradición (145 años), pero ni siquiera la Copa de la Liga inglesa (57) que cuenta con una edad similar a su homóloga chilena, puede compararse con ésta en términos de interés, respeto o importancia. Y no hace falta irse tan lejos para entender tamaño desfase, pues en Argentina, que recuperó su Copa en 2011, luego de más de 40 años de abandono, la pasión copera se respira cada año. El torneo lo disputan casi un centenar de equipos, entre amateurs y profesionales, como en Inglaterra o en España, por ejemplo, y no los 32 que dieron forma a la Copa Chile este año. Al tradicional espíritu copero, ése que pasa por dar representación a todos, por integrarlos, en Chile le falta algo.
Centenaria es también la Copa del Rey española, un torneo que ha encumbrado a futbolistas y ha sido testigo de partidos y equipos memorables. Pero hay un hombre que sabe más de esa Copa que Messi o Cristiano. Se llama Alfredo Santaelena (50) y empezó a jugar al fútbol en un humilde barrio de Madrid, Vicálvaro. "Recuerdo que en 1982 jugaba en un equipo que se llamaba CD Pegaso, en infantiles. Yo tenía 15 años cuando se jugó la final de la Copa del Mundo del 82 en el Bernabéu. Y me acuerdo que metió un gol Tardelli, que tenía así melenita, como siempre tuve yo, en la final entre Italia y Alemania y que yo les dije a mis amigos: 'Algún día meto yo un gol como ése'. Y con los años el deseo se cumplió", explica a La Tercera el ex futbolista, que en 1991 regaló al Atlético de Madrid con un gol en el minuto 114, en el Santiago Bernabéu (como Tardelli) y ante el Mallorca, el primer título de la Era Gil. Y que cuatro años más tarde, en 1995, volvió a disfrazarse de héroe en un final que duró cuatro días porque debió suspenderse a causa de la lluvia. "Yo soy madrileño y nunca había visto llover así, con esas piedras que caían del cielo. Pero nos vino bien. Los diez minutos que faltaban por jugarse los jugamos tres días más tarde. Ahí llegó el gol", recuerda. Otra vez saliendo desde la banca (como en el 91), con otro gol postrero (sin ser un goleador nato) y de cabeza (pese a no ser tampoco un gigante), Alfredo Santaelena entregó al Deportivo de la Coruña la primera corona de toda su historia. "Supongo que estaba en el momento adecuado en el lugar idóneo. Y que tuve ese duende", reflexiona, para después sentenciar: "El torneo del KO, como le llamamos a la Copa en España, es el torneo más bonito de jugar. Y no se devalúa nunca. Una prueba de ello es que el equipo que más veces la ha ganado es el Barcelona, un equipo acostumbrado a pelear por la Champions".
Hoy, en Concepción, la Copa Chile volverá a brillar como antes, porque una final resiste siempre al paso de los años. Y si no, que se lo pregunten a Elías, Jorge, Marcelo, Cristián o Alfredo.Reyes de Copas. Inmortales.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
3.
4.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
CYBER 50% Plan Digital+$5.990 al mes SUSCRÍBETE

















