Escondan las guaguas

VOTACION DE IRACÍ HASSLER CANDIDATA ALCALDE POR SANTIAGO ....JUNTO A DANIEL JADUE,KARINA OLIVA,ETC FOTO PEDRO RODRIGUEZ

El Partido Comunista ya se comió a Felipe Alessandri, que todavía debe estar impactado tratando de explicarse de dónde salieron los 60 mil votos nuevos que le arrebataron la municipalidad. De aquí al 18 de julio, Jadue se comerá otra guagüita más sabrosa: Gabriel Boric, y eventualmente al PS, en una primaria que servirá para consolidar el pacto que le permitirá construir la plataforma para llegar a la presidencial.




Ha costado digerir la paliza de las elecciones y encontrar alguna explicación para entender lo que pasó el fin de semana. Muchos culpan al gobierno; otros tantos a los liderazgos de derecha y a la política tradicional. Probablemente todos, en alguna medida, son factores que en conjunto explican la mayoría de los fenómenos que comenzamos a observar y que, producto de nuestra propia estrechez, no habíamos sido capaces de identificar.

Pero quizás el rasgo más distintivo de este resultado es la claridad y contundencia del triunfo del Partido Comunista. No solo logró posicionar a siete constituyentes, elegir a la nueva alcaldesa de Santiago y otros alcaldes, y crecer hasta un 10% en la lista de concejales, sino que, fundamentalmente, logró consolidar la expectativa de que en noviembre, y por primera vez en Chile, un comunista sea elegido para llegar a La Moneda.

¿Qué hacer en este escenario? Por una parte, esconder las guaguas. Daniel Jadue y el Partido Comunista no han hecho campaña ocultando su origen, ideas y vocación comunista. Al contrario, siempre han defendido orgullosos sus ideas marxistas y han declarado a viva voz su interés por destruir y reemplazar el sistema capitalista imperante en Chile. Estuvieron en contra del proceso constituyente, a favor de destituir al Presidente y han salido a la calle, múltiples veces, a protestar activamente y a justificar la violencia como un medio de transformación social. Por cierto, han abrazado causas nuevas y han renunciado a otras que, por el paso del tiempo, devinieron en irrelevantes. Pero en esencia y más allá de los disfraces, el comunista de hoy no es distinto al de hace 30 o 100 años, ni tampoco al que será en las próximas décadas.

El Partido Comunista ya se comió a Felipe Alessandri, que todavía debe estar impactado tratando de explicarse de dónde salieron los 60 mil votos nuevos que le arrebataron la municipalidad. De aquí al 18 de julio, Jadue se comerá otra guagüita más sabrosa: Gabriel Boric, y eventualmente al PS, en una primaria que servirá para consolidar el pacto que le permitirá construir la plataforma para llegar a la presidencial. A fin de año, no tengo dudas, pero tampoco certezas, el Partido Comunista podría lograr su mayor triunfo, porque de manera frontal y directa ha puesto a disposición de la ciudadanía un proyecto populista y utópico que no ha funcionado en ninguna parte del mundo, pero que en Chile, producto de la confusión y el transformismo de la derecha, nadie ha sido capaz de contestar y contrastar.

En contraposición, la gran derrotada es la derecha confusa y cobarde, la que tiene la mayor responsabilidad. Si sigue haciendo las mismas cosas, tendrá los mismos resultados. El 40% de los chilenos que votó en las elecciones dijo claramente que a la derecha no la consideran una opción, y el 60% de los que se marginaron mostraron con su abstención que los liderazgos transformistas no los representan y sus discursos camuflados jamás los van a convocar. La gente no quiere la copia, quiere el original.

La llegada del Partido Comunista no es una amenaza, es una realidad. Todos los fenómenos laterales, como el Frente Amplio, la tía Pikachu o la izquierda radical serán fagocitados por una doctrina disciplinada e irreductible que no es el resultado de una elección sorpresiva, sino de una planificación de profundas raíces históricas y de naturaleza atemporal. Para la derecha, queda el desafío de reconstruirse desde los orígenes y volver a redefinir las ideas, proyectos e identidad que lo distinguen de su patética presentación actual.

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