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Catorce años: Qué sucede a la edad clave que otra vez se toma el debate

No son palomas de ningún color. A la edad que el gobierno quiere rebajar el control preventivo de identidad son jóvenes -explican una psiquiatra y una sicóloga- que están en pleno desarrollo cerebral, que "sienten que nada les va a pasar" y cuya conducta depende, además, de otros factores.


Está bastante lejos de ser tan simple como llegar y afirmar por Twitter -como lo hizo el diputado de RN Gonzalo Fuenzalida- que “no todos los menores son blancas palomas”. De partida, no son palomas a los catorce años, edad a la que el gobierno quiere rebajar el control preventivo de identidad. Antes de que arranque la contienda política y legislativa, una siquiatra y una sicóloga explican en detalle a La Tercera PM qué pasa por la cabeza de los jóvenes chilenos cuando llegan al umbral que les permite ir a ver filmes como El Repostero de Berlín, o solicitar que les sea rectificado su nombre y su sexo registral (aunque bajo un procedimiento que les obliga a estar acompañados de un representante legal).

Además, pueden solicitar la píldora del día después, y como en ese rango uno se encuentra alrededor de Primero Medio, sus notas entran al NEM (Enseñanza Media), ítem que se pondera junto con la PSU para ingresar a la educación superior. Pero también, según el Código Penal, se considera estupro cuando hay “acceso carnal” a un menor de edad pero que es mayor de 14 años y hay un aprovechamiento de “un estado mental perturbado, abusando de alguna posición de autoridad (jefe, tutor o encargado de su cuidado), aprovechando el desamparo de la víctima o su inexperiencia o ignorancia sexual”.

Los catorce son una especie de demarcación o frontera entre lo que se puede, debe (o no hacer),  las consecuencias a las que uno está sujeto, así como ciertas normas y reglas.

Antes, una aclaración. La tendencia a bajar de los 18 a los 14 años para efectos jurídicos o penales es algo que deriva, según recuerda el abogado de la UDD Mauricio Duce, de un giro cuando “se dictó a nivel internacional y se aprobó la Convención de los Derechos del Niño, alrededor del año 2000, que cambió el paradigma de aproximación a los jóvenes. Se pasó del de protección, al de responsabilidad: son titulares de derechos, pero también responsables”.

Explica que “antes de que se implementara la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente (2007), la regla era que los menores de 18 eran inimputables, a menos que una franja de entre 16 y 17 años pasaran por un examen sicológico: si el discernimiento era positivo, sí podían responder penalmente como adultos”.

Hoy en Chile, “entre los 14 y 17 un joven puede ser perseguido penalmente, pero con un procedimiento especial: debe ser interrogado asistido por un abogado, porque se asume que a esa edad se encuentra en desventaja ante la policía “y necesita más protección”. Y aclara : “Un adulto puede prestar declaración válida por sí mismo. Pero toda la evidencia indica que los jóvenes tienen mucha menos resistencia a la autoridad, tienden a sentirse presionados muy rápidamente, y necesitan un abogado. Es lo que establece la Ley de Responsabilidad Adolescente”.

El cerebro sigue cambiando

Volviendo a la masa encefálica adolescente chilena, la situación es la siguiente. “Hay una autonomía progresiva”, parte detallando Vania Martínez, psiquiatra de la Universidad de Chile. Y eso se cruza, dice, con “hitos legales derivados de que se han puesto de acuerdo ciertas personas -puede que no todos lo estemos-, que definen la edad de consentimiento para la actividad sexual, cuál es la edad para poder votar, o para ser responsable en lo penal”.

Pero, pero, “lo que pasa en el desarrollo del cerebro de un adolescente no termina a los 18 años; hay cambios en su desarrollo biológico y social que ocurren más tarde” cuenta. Eso tiene que ver con que los 14 años caen dentro de lo que lo que se califica como adolescencia mediana o media, sigue Díaz: “Desde la ética, uno esperaría que a los 14 años uno sepa qué corresponde y qué no, pero hay elementos que tienen que ver -por ejemplo- con la impulsividad, validarse ante sus pares, que pueden hacerlos incurrir en situaciones de riesgo, incluso para ellos”.

La psiquiatra advierte que en las decisiones que se toman a esa edad influyen otros elementos, “como el apoyo familiar, qué ven en las redes sociales y medios de comunicación, qué fortalezas tienen, su autoestima”.

Considerando esto, Díaz cree que “poner el foco en esta edad para disminuir la delincuencia en Chile es estigmatizarlos, es una medida restrictiva”.

No nos va a pasar nada

Pero uno de los puntos cruciales es que en torno a la edad de la controversia, “la toma de decisiones es más impulsiva, porque el cerebro aún está en desarrollo”, y “porque los adolescentes, a esa edad, se sienten invulnerables, creen que nada les va a pasar, pueden subir a un auto con otra persona y conducir a exceso de velocidad; toman muchos más riesgos”.

¿Por qué? “Porque ven las consecuencias a más corto plazo, y por su escasa experiencia de vida. Un joven que ya ha vivido experiencias que le han enseñado sobre las consecuencias de sus actos, es distinto a alguien que nunca ha pasado por frustraciones”. O decepciones. O dolor.

Además, añade, a esa edad comienza a producirse “la poda neuronal, que significa que hay neuronas que ya no van a estar, y eso permite que el pensamiento vaya siendo a más largo plazo, más abstracto, aparece la empatía, todo eso en desarrollo”.

El factor madurez sicosocial

Hay más. Catalina Droppelmann, directora ejecutiva del Centro de Estudios Justicia y Sociedad de la Universidad Católica, desgrana que acá tiene que ver “la madurez sicosocial, que se usa para definir el proceso de toma de decisiones, de pensamiento dirigido a metas, y de aprendizaje ante desafíos. Y estos procesos no alcanzan su madurez hasta los 21 años, están en pleno desarrollo”.

Agrega que por lo anterior, “cualquier intervención desde el punto de vista punitivo no necesariamente tendría el mismo efecto que en los adultos, sino efectos peores porque profundizarían procesos de formación de identidad asociadas a lo delictual. Y existe evidencia que a mayor contacto policial y con el sistema de justicia, mayor es la futura reincidencia de los jóvenes”.

La doctora comparte un dato adicional: “En Inglaterra se hizo un estudio de cuál era el efecto en adultos de estos controles preventivos reiterados y se vio que era perjudicial. Si te detienen reiteradamente o para registrarte, eso también significa que de alguna manera la persona siente que la están controlando, que tiene con su apariencia física, y eso afecta a su imagen, a su legitimidad respecto a las policías”.

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