La paz del Nacional: la historia y el verdadero valor del simple choque de manos entre Vidal y Bravo

Claudio Bravo y Arturo Vidal chocan las palmas tras una soberbia atajada del portero al final del primer tiempo ante Perú. (Foto: Captura)

En todo partido de fútbol, un gesto común y corriente. Sin embargo, para la Roja, la unión entre el volante y el arquero marca mucho más. No solo por el contexto de triunfo, sino por el simbolismo para sus compañeros.




Claudio Bravo, soberbio ante el remate a quemarropa de Raúl Ruidíaz. La pelota sale al córner y el marcador para Chile sigue sin goles en contra. Los hinchas desde sus casas celebran, los jugadores y cuerpo técnico en el estadio, también. Los peruanos no pueden creer su mala suerte y se van golpeados al descanso. Muchas señales de victoria, pero ninguna más importante y simbólica que el simple choque de manos de Arturo Vidal y Claudio Bravo al finalizar la secuencia. Un gesto común de cualquier partido de fútbol, pero que en este caso y por sus protagonistas entregó mucho más que eso. Y con una historia detrás que también le da relevancia en Juan Pinto Durán.

El mismo Reinaldo Rueda le dio un valor fundamental tras la victoria por 2-0 ante los del Rímac. “Ese es el fútbol, es la nobleza de Arturo, la madurez y profesionalismo de Claudio, que por encima de las diferencias que en algún momento han existido, está la camiseta, la bandera de Chile, su pasión por la selección”, comentó el colombiano. Y cómo no, si el DT había anticipado la necesidad e importancia de que los dos grandes líderes espirituales de la Roja se volvieran a unir.

En ese sentido, más allá de los futbolístico, que para Rueda es importante, la explicación del regreso de Beausejour a la Selección también apunta a este apretón de manos. La obsesión del seleccionador por tenerlo de vuelta también tenía que ver con contar con ese nexo “pensante en el camarín", como lo describen desde Juan Pinto Durán. Una voz aliada que le permitiese controlar daños si los bloques no se fusionaban, como sí pasó. Rueda no dejó de destacar esa labor de liderazgo de Palmatoria. Y lo remató con su visión del simbolismo del gesto entre Bravo y Vidal. “Es la importancia de dos liderazgos diferentes, pero vitales en la Selección, por todo lo que han logrado en el camino. Tienen respeto por la bandera de Chile. Eso creo que se ha demostrado después de casi un año, cuando Claudio se reintegró a la Selección”, dijo el entrenador colombiano, este martes, en conferencia de prensa. "Ya han compartido en algunos juegos. Ahora es muy positivo, porque Bravo transmite seguridad, confianza y estrategia. Ojalá todos contribuyamos para que ese ambiente, ese entorno social y salud, sea la mejor”, insistió.

Horas después de la imagen en la paz en el Nacional, vino otra señal potente. Desde la casa de Bravo, como ocurrió aquel 10 de octubre de 2017 (tras la derrota en Brasil que dejó a Chile fuera de Rusia), la esposa del capitán histórico de la Selección, Carla Pardo, volvió a expresarse en redes sociales. En otra dirección, eso sí: “Cuando uno tiene rabia, pena y pasa por cosas personales, pucha, decimos cosas sin pensar y debí haberlo pensado un poco más. Y no haberlo escrito porque si iba a perjudicar a Claudio no debí haber escrito nada. Ya está hecho y nada. A dar vuelta la página porque ha pasado bastante tiempo”, expuso la pareja del futbolista en un live de su Instagram. Y agregó: “Nunca más escribo algo así, de los errores se aprende”.

No es que ahora Bravo y Vidal volvieron a ser grandes cómplices en la Roja. Ya lo dijo el Rey Arturo: “Amigos no seremos nunca más”. Pero sí hay respeto profesional. Desde el círculo del propio arquero del Betis lo describen con claridad: “Es algo del partido. Y una señal para el resto. Hay diferencias profundas en la forma de ser. Es para dar tranquilidad a la gente. Sin ellos dos no hay nada. Los jugadores de campo se dieron cuenta de que juegan mejor con Claudio atrás. Lo hacen por Chile. Porque es la única forma de ganar los partidos. Nada más que eso”, resume un cercano al jugador.

Alexi Ponce, sicólogo deportivo, reconocido por su trabajo en deportes colectivos y en el Team Chile, también le otorga un valor como señal para el resto de los jugadores, los viejos y especialmente los nuevos, que se encontraron con el conflicto en este proceso: “Para los compañeros, simbólicamente, es aquietar aguas. Ellos (Bravo y Vidal) son los polos. Funciona como amalgama. ‘Si ellos se ponen en la buena, nosotros no tenemos por qué estar en mala’, dicen. Desaparecen los bandos. Los pone a todos en el plano de la colaboración, de la cooperación. Es un ‘se acabó’”, sentencia el profesional. Ponce destaca que al final debe primar lo profesional o los objetivos se escaparán: “Un equipo no necesita que todos sean amigos, sino que estén comprometidos con un mismo objetivo. La amistad es un ámbito mucho más personal. No es un objetivo de la Selección que todos sean amigos. De repente sobrevaloramos la amistad en un grupo de trabajo. En lo que tienen que hacer, están funcionando. La amistad es un plus, pero no es una necesidad”.

Un excapitán de la selección, Jorge Aravena, entrega una visión similar: “Evidentemente se genera más tranquilidad. Lo otro era un despelote absoluto y seguro que nada iba a salir bien. Si todos se dan cuenta de que suena el silbato y todos van para el mismo lado, hay más posibilidades de éxito. Yo tenía un compañero con el que con suerte nos saludábamos, pero en la cancha iba a muerte con él. Y terminaba el partido y cada uno para su lado”.

Por último, está la visión de Juvenal Olmos, el entrenador de la Roja, quien su experiencia intenta llevar el gesto del Nacional mucho más allá que ese simple apretón: “El beneficio para el equipo es una interpretación que le damos desde afuera, porque no entendemos. Este tema no lo resolvieron ese día, en el partido, con ese choque de manos. Lo hicieron antes, con Rueda, entre ellos, con Beausejour, con Isla. Lo que pasa es que nosotros responsabilizamos a esa disputa de dejarnos fuera de Mundial. Y los tipos se tomaron su tiempo y resolvieron el conflicto”.

El DT y comentarista de radio y televisión, complementa: “Los dos se pusieron en el rol que tuvo Elías Figueroa al final de su carrera. Están por arriba sin sobrarse. Haciendo pesar su presencia dentro de la cancha. Eso hizo que Perú estuviera fuera de sintonía. Este es otro Vidal. Entendió que no servían los grupos, las disputas. Que sirve más ser un grupo unido. Me atrevería a decir que era lo que le faltaba para definir la disputa con Figueroa como mejor jugador de la historia chilena”.

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