Larroulet, el sobreviviente al ajuste ministerial

Cristián Larroulet

Dos de las opciones que no llegaron a Interior tenían reparos profundos con el jefe del Segundo Piso; algunos leyeron que ponían como condición su salida. El requisito de Teodoro Ribera era que dejara de ser el foco del poder a través de un nuevo diseño. Evelyn Matthei no pidió que se fuera, pero en octubre ya le había dicho a Piñera que le sería difícil trabajar con él; tuvieron serios problemas en el primer gobierno. Al final, no ocurrió nada de eso.


“Se cerró el tema”. Con esa seguridad afirmaban hoy en el corazón de La Moneda que la posibilidad de que el jefe de asesores del Segundo Piso, Cristián Larroulet, saliera de su cargo quedó en el olvido tras el cambio de gabinete que se concretó ayer y que dejó como ministro del Interior al UDI Víctor Pérez.

¿Por cuánto tiempo? No se sabe. El economista había sido el objetivo de duras críticas entre las filas de Chile Vamos, sobre todo del exjefe de Renovación Nacional, Mario Desbordes, desde el 18 de octubre (y antes). Estas se agudizaron en las últimas semanas por el rol que entre parlamentarios le atribuyeron en las negociaciones para establecer las medidas económicas ante la crisis derivada de la pandemia, cuya lentitud -acusaron- fue la causa de que parte importante de ellos terminaran aprobando la ley que permite el retiro de 10% de los ahorros previsionales.

Por ello, los días anteriores al cambio de gabinete se especuló con que también pudiera salir el exministro Segpres. Ese era un escenario que, además, estaba entre los diseños que el Presidente Piñera manejó en las últimas semanas y que eran vox populi en las filas oficialistas. “Si sacan a Larroulet, es una señal mayor a cambiar el comité político”, decía un dirigente UDI.

Así, el nombre de Larroulet generaba distancia no sólo en RN. Al menos dos de las personas que se consideraron o mencionaron para el Ministerio del Interior tenían reparos con la permanencia de éste como jefe del Segundo Piso. Uno de ellos planteó un esquema que le hacía perder una tajada importante de poder.

El recién salido canciller Teodoro Ribera puso como condición para llegar a Interior, según un cercano suyo, que las decisiones (y por ende el poder) las coordinara el Presidente Piñera en conjunto con un “triunvirato” de ministros políticos, con él como jefe de gabinete.

Como él ya había llegado a un ministerio de RR.EE. que consideraba intervenido a través del asesor presidencial Benjamín Salas, esa vez negoció personalmente con Piñera su autonomía y 60 días para tomar el control de la cartera.

En esta vuelta, el diseño que Ribera planteó pasaba porque Larroulet dejara de ser el foco del poder y no se superpusiera a los ministros. Aunque el excanciller era de la idea que la única forma que esto se concretara era que él saliera del Segundo Piso, no se lo planteó a Piñera como condición expresa. Lo hizo como sus reparos sobre el impacto que tenía la óptica del asesor presidencial porque estimaba -dicen las mismas fuentes- que no estaba leyendo correctamente a la clase media.

Por eso es que el canciller -abogado constitucionalista- invocó como argumento formal el tercer párrafo del artículo 33 de la Constitución: “El Presidente de la República podrá encomendar a uno o más ministros la coordinación de la labor que corresponde a los Secretarios de Estado y las relaciones del Gobierno con el Congreso Nacional”.

Era eso o nada. Como le dijeron que no, él también.

Los reparos de Matthei

Evelyn Matthei -a quien Piñera llamó el lunes en la mañana para sondear su disponibilidad para asumir Interior- también tenía sus reparos con el jefe de asesores del Presidente. En su equipo aseveran que la continuidad de Larroulet no fue una de las condiciones para que ella asumiera -según decían las versiones que circularon profusamente entre la semana pasada y ésta- ni estuvo presente en la conversación con el Mandatario, como sí lo estuvo para el cambio de gabinete de octubre.

Aquella vez, la alcaldesa de Providencia -recuerdan sus cercanos- le manifestó a Piñera que le “costaría mucho” trabajar con Larroulet, a lo que Piñera le habría respondido que si se iba a La Moneda, tenían que trabajar entre todos. La exministra planteó, eso sí, como principal argumento el hecho de ver que la llegada con alguien con su apellido podía encender aún más la calle en plena crisis social.

Nueve meses después, en las tratativas previas al cambio de gabinete de ayer, Matthei le dio argumentos personales y electorales -quiere ir a la reelección por Providencia- para su segunda negativa. Pero no ocultó sus reparos con el extitular de Libertad y Desarrollo. Al menos así lo dio a entender en el programa Estado Nacional de TVN, el domingo, al hablar de por qué a su juicio las ayudas del gobierno están llegando tarde.

-Si uno tiene un diagnóstico: quiénes fueron los que fallaron, quiénes están con una mentalidad de trabar o mezquindades. ¿Qué sentido tiene cambiar caras? Porque si ese mecanismo sigue funcionando de la misma manera, tendrán que volver a cambiar caras en un mes más. Monckeberg tiene trayectoria. Alvarado también. Pueden conversar. El tema es: ¿Les están dando suficiente espacio para conversar? Blumel es un hombre encantador. Se puede llevar con mucha gente, Briones también. ¿Son ellos los que están fallando o no les han dado la autonomía?

A la pregunta de a quién se refería, la alcaldesa contestó: “El Presidente. El segundo piso. Tampoco puedo estar acá diciendo quién, porque yo no lo conozco. Estoy en la municipalidad. Lo único que digo es: cuidado, que de repente uno cambia todo y en realidad no cambia nada”.

Cercanos a Matthei y Larroulet recuerdan como el mejor ejemplo de su distancia los duros roces que tuvieron entre 2012 y 2013 -ella como ministra del Trabajo, él, de la Segpres- a propósito de la ley de salas cunas, que se empujaba entonces en el gobierno de Piñera I. Las diferencias se daban, afirman las mismas fuentes, por los distintos enfoques de políticas públicas entre ambos, cuestión que se mantendría hasta hoy. “Era un tema doctrinario”, dicen.

Mientras la exsenadora empujaba que hubiera un acceso universal a las salas cunas, tanto el ministerio de Educación como Larroulet apoyaban que fuera con copago. En una bilateral del verano del 2012/2013 con Piñera, en el que participaron los dos junto con asesores de Educación, Sernam, Trabajo y Hacienda, el mandatario se decidió por la opción empujada por Larroulet, cuestión que molestó a Matthei a tal punto, que terminó presentando su renuncia al cargo.

“Fue una bilateral larga. Ella insistió mucho, yo nunca había visto que el Presidente dejara a alguien insistir tanto. La bilateral se puso tensa. Después salimos y ella quedó a solas con Piñera. Salió muy enojada”, recuerda uno de los asistentes.

Entre las filas oficialistas plantean que Matthei también es crítica de la influencia que Larroulet tiene en el nombramiento de subsecretarios y jefes de servicios, donde se repetiría su visión económica “restrictiva”, como aseguran entre los cercanos a la alcaldesa.

En La Moneda, en tanto, asumen que el momento para un cambio en el segundo Piso ya pasó (por ahora). Sin entregar detalles, afirman que ninguno de los postulantes a Interior pidió la salida de Larroulet como requisito. Eso sí, a él le habría gustado que Gonzalo Blumel, su discípulo, recalara en el Segundo Piso, cosa que no ocurrió. De haberse concretado, podría haber sido una salida cederle su puesto.

Pero el punto de fondo es que hasta donde se sabe, para el jefe de asesores de Piñera, con lo acaecido ayer “se cerró el tema” de una eventual partida suya. Y que a pesar de todo lo anterior y de los roces de su equipo con la jefa de gabinete presidencial Magdalena Díaz, el Presidente no duda que sigue. Otra cosa es que tenga por seguro que lo van a seguir criticando y acechando.

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