Marcelo Cicali, dueño del Bar Liguria: “Esto ha sido devastador, inconmensurable, pero a la vez un gran motor”

Foto: Juan Farías/ La Tercera

El empresario gastronómico y presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Providencia, es optimista del futuro de su rubro tras la pandemia y los cambios en el comportamiento de la sociedad que puede dejar. Pero también es realista y cree que, sin la ayuda de los bancos, muchas empresas van directo a la quiebra.




Colaboración y entendimiento. Ese mantra, es repetido por Marcelo Cicali, dueño del Bar Liguria, varias veces a lo largo de esta entrevista. Y lo hace para demostrar su optimismo ante el futuro que pueda deparar la emergencia sanitaria desatada por la propagación del coronavirus. Todo esto, a pesar de que cree que la situación actual -derivada de la crisis social de fines del año pasado y de la sanitaria de 2020- es “devastadora”.

Cicali también es presidente de la Cámara de Comercio y Turismo de Providencia, comuna donde están tres de sus restoranes. El cuarto, el Liguria de Lastarria, está cerrado desde el 18 de octubre y no ha podido reabrir sus puertas, ahora, por la pandemia.

Por eso, el empresario gastronómico habla por primera vez tras el estallido social, que ha repercutido fuerte a los restaurantes ubicados en el eje Alameda-Providencia. Y hace un llamado a los bancos, a que den créditos a las empresas del rubro para que puedan pagar sus gastos básicos y las imposiciones de los trabajadores.

¿Cómo vive el encierro alguien que se ha dedicado a reunir gente en su vida profesional?

Este año espero que cumplamos 30 años trabajando y son 30 años trabajando en bares. Y los bares, los restaurantes, las barras de esos lugares, las mesas, los comedores y todo el mundo que habita ahí, es la primera red social. Las primeras conversaciones de una pareja, el primer Tinder, el primer cambio de luces, el hacer amigos. Al calor de una copa -o de varias- poder conversar, conocer, viajar, aprender idiomas, aprender de culturas, etc. Y esto ha sido devastador. Creo que es la palabra correcta de algo que es inconmensurable, de algo que no tenemos la medición de hasta cuándo y hasta dónde nos va a pegar. Pero, a la vez, es un gran motor, una gran energía que se mete dentro de nuestros equipos, de nuestras personas, de nuestras familias porque parece que el mantra que vamos a tener, de ahora en adelante, es colaboración y entendimiento. Colaboración y entendimiento. Para generar todos los cambios posibles, para seguir trabajando en lo que hacemos.

El tema ya venía mal incluso antes del 18 de octubre, fue un mal verano y ahora esto. ¿Cuál es la situación actual de los Liguria?

Nosotros, durante más de seis años, preparamos un nuevo restaurant, en una casa patrimonial preciosa, en un barrio que emergía y que se consolidaba como un barrio con características patrimoniales, turísticas, con arte, con cultura, con un cine, con un teatro, con calles todavía con adoquines sacados de la ladera del cerro San Cristóbal. Un barrio con características especiales. Y bueno, nos vimos sumergidos, un poco ahogados también. No solo nosotros los que trabajábamos ahí si no que también los vecinos que residen con todo lo que pasó el 18 de octubre. Y por la seguridad de nuestros trabajadores, de las instalaciones, por la seguridad de nuestros vecinos y clientes, casi desde el primer momento decidimos cerrar esa operación y concentrarnos solo en Providencia.

¿Y eso qué significó en términos económicos?

Fue un cambio radical: bajamos nuestros volúmenes de ventas, tratamos de mantener, a como diera lugar, a la mayor cantidad de trabajadores, siempre con la esperanza de que volvíamos a operar rápidamente. Entonces tuvimos que armar turnos, repartir funciones, convencer a nuestros equipos de que esto iba a pasar y que iba a ser para mejor porque era lo que Chile en el fondo está reclamando, que es lo mismo que ahora se necesita: proteger el trabajo, la salud y la educación. Las mismas demandas por las que la gente salió a la calle. Repito el mantra: entendimiento y colaboración.

Y no volvió a abrir el de Lastarria...

Con ese mantra pudimos pasar octubre, noviembre, diciembre y enero. No pudimos recuperarnos como estábamos antes pero veíamos rayitos de luz a comienzos de este año tanto en el comercio como en nuestra empresa en lo particular.

Y vino la pandemia. ¿Qué tanto les ha pegado?

Claro, pero esto ya no se trata de la economía o de algo que tenga que ver con lo financiero, se trata de la salud de las personas. Y el principal activo de cualquier empresa son las personas, por lo tanto, es lo primero que tenemos que cuidar: los vecinos, nuestros proveedores, nuestros trabajadores, nuestros clientes. El comercio empujó, junto a la municipalidad de Providencia, para cerrar nuestros locales. Ahí vino la polémica porque el gobierno decía que los alcaldes no tenían las facultades para cerrar, pero nosotros lo hicimos antes que el gobierno decretara estado de excepción.

¿Se coordinaron como Cámara de Comercio y Turismo con la municipalidad?

Lo hicimos en conjunto con la municipalidad porque nosotros necesitábamos una orden de alguien que nos obligara a cerrar. No podíamos estar cerrando unos y otros no.

¿Qué tanto te afecta lo que ha ocurrido con el Liguria de Lastarria? Fue una gran inversión la que hicieron ahí...

Muy alta porque, como algo personal, me la quise jugar. Y pusimos todas las fichas ahí y no me arrepiento. Hicimos un negocio bello, armónico, en convivencia con el barrio. Estuve en la primera junta de vecinos del barrio, en marzo, para escucharlos y para disculparme por no tener abierto el local. Pero no puedo operar, es muy complicado, peligroso para los trabajadores, para los clientes, para los vecinos.

¿Hay una nueva fecha para una posible apertura?

Eso escapa de nuestras manos y proyecciones porque acá tienen que hablar los expertos en sanidad. Cuando cerramos los otros locales, el 18 de marzo, justo el día de mi cumpleaños, pensamos que iban a ser dos semanas y ahora serán dos o tres meses. Estamos viviendo una realidad muy dinámica, hay que estar viendo las informaciones, los cambios. Lo que la incertidumbre nos tiene que provocar, es entregarle a las personas que trabajan en nuestros comercios, la certidumbre de que vamos a volver, incluso mejores y que no se perderán las fuentes laborales.

Lamentablemente, varias empresas han tenido que realizar despidos. ¿Han tenido que hacerlo?

Nosotros, todavía no. En todas las empresas que tienen muchos trabajadores siempre hay un delta que gente está ingresando y saliendo, por distintos motivos, pero en el grueso nos hemos mantenido con la misma cantidad de gente, solo que los redistribuimos e hicimos nuevos turnos. En nuestra planificación, íbamos a abrir Lastarria el martes pasado, antes de ayer. Y para eso, estábamos entrevistando y necesitábamos entrevistar 50 personas más y por eso podíamos operar los cuatro restoranes. Lamentablemente, pasó esto y tuvimos que postergarlo.

¿Y se ha pensando en hacer delivery en el Liguria? Varios restaurantes lo han hecho...

El delivery es una de las nuevas herramientas de cambio que van a tener que usar las pequeñas y grandes empresas del mundo gastronómico. No creo, y esto lo digo de manera particular, que sea el momento de hacer venir a los trabajadores, ponernos a trabajar, y a repartir comida en un momento en que los contagios están subiendo. En lo particular, para el Liguria, no lo veo como opción. Pero es indudable que son plataformas que van a ayudar de manera asistencial a todas las empresas. Y tenemos que modernizarnos.

“A nadie le sirve que las empresas empiecen a quebrar”

Y con esta realidad, ¿eres optimista o pesimista del futuro?

Tengo una mirada optimista respecto al comercio, a Providencia. Creo que vamos a salir de ésta. Están naciendo y emergiendo liderazgos bastante interesantes como la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches; el ministro de Hacienda, Ignacio Briones; el ministro de Economía, Lucas Palacios; la subsecretaria de Salud, Paula Daza. Gente que está teniendo una sintonía más emocional con las personas y las características que tiene esta pandemia y sus efectos. Personas que llaman al entendimiento y la colaboración. No lo veo tan así en el mundo político, ahí sí que no hay. Y esa parece ser la piedra de tope para, una vez que salgamos de este momento gris y amargo, podamos volver a pedalear como país.

Pero en estos tiempos también impera la realidad...

Vamos a salir de esta pero también necesitamos ser realistas. No podemos seguir transmitiendo incertidumbre, o sea, si la incertidumbre la tengo yo cómo será la incertidumbre de un trabajador del comercio respecto a su propio trabajo. Cómo le transmite eso a su familia, cómo vive el día, ya no solo con poco dinero sino que con la incertidumbre de si va a volver a trabajar o no. Lo que tenemos que sacar en limpio es que necesitamos liderazgos efectivos en el gobierno, en el parlamento, para poder retomar y formar una República. Este es un momento de cambios y tenemos que prestigiar nuestra acción.

¿Qué has podido recoger de parte de los empresarios agrupados en la Cámara de Comercio y Turismo de Providencia?

Lo que escucho y me dicen es que estamos en una situación crítica. No tienen dinero para pagar imposiciones, para pagar sus arriendos, sus gastos básicos. Con ausencia de ventas, es imposible de asumir. Por eso la única alternativa es cesar los pagos y eso es el primer pestañeo de una quiebra. La salud es lo primero, pero la economía también hay que cuidarla porque queremos que vuelva. A nadie le sirve que las empresas empiecen a quebrar. A esta sensación de infierno que estamos viviendo, por el encierro, no podemos agregarle la incertidumbre de perder tu fuente laboral. Por el contrario, tenemos que trabajar positivamente esa incertidumbre y verla como un motor de cambio, con optimismo, realismo, y entendimiento y cooperación. Pero también hago un mea culpa.

¿Cuál?

No nos hemos preparado para las crisis porque siempre hemos bailado con la bonita. No somos expertos en crisis y ahí debería nacer el liderazgo de los bancos, que en vez de cerrarnos las puertas en las narices, y de estrujarnos cada vez que pueden, deberían salir a liderar, a orientar el cómo pasamos este momento.

“Cómo vamos a resistir, si los dueños del capital nos niegan el oxígeno”

¿Y qué se puede hacer para la supervivencia del comercio y los restaurantes?

Tenemos un problema ahí. Y es que los bancos nos están pegando un portazo en la cara. A todos. Y en general, el gran reclamo que tenemos hoy día en la Cámara de Comercio de Providencia, pero también lo escucho en Santiago Centro en la Asociación de Empresarios Gastronómicos de Lastarria, es que no nos están dando liquidez, no nos están dando oxígeno. Y una empresa también es un organismo vivo que, aunque entre en un paréntesis o hibernación, como dice el ministro Briones, necesita un mínimo de oxígeno para vivir. Y al tener ausencia de ventas, cero, tenemos que cumplir con ciertas obligaciones como son los pagos de imposiciones, los pagos de arriendo, los gastos básicos. Aquí ya no tiene que ver con que seamos, micro o mediana empresa: tenemos ausencia de ventas.

¿Y los bancos qué respuesta dan?

Hasta hace seis meses, éramos sujetos de crédito. El comportamiento de pago que ha tenido el comercio, los restaurantes y la hotelería, ha sido siempre ejemplar. Pero ahora, al subir el riesgo, nos tiran al sacrificio, a todos nosotros. Después que los bancos han sido socios nuestros, cobrándonos unas tasas abusivas, a través de Transbank, ahí el monito bailaba súper bien, cuando te cobraban incluso hasta el 3% de comisión, de las ventas.

¿Pediste un crédito y no te lo dieron?

Los bancos no están creyendo en el comercio. Así de simple. Independiente de que a algunos nos ayuden, y a otros un poco menos o más. Pero como Cámara de Comercio vemos que los bancos nos están cerrando las puertas. Nuestros asociados están teniendo grandes problemas de liquidez. No dan créditos porque ven tu carpeta tributaria y las ventas desde octubre en adelante, en todo el mundo gastronómico y hotelero, con la caída de todas los encuentros internacionales que se iban a hacer acá, estaban todos vendidos, con los toques de queda, con los viernes de marchas, todas las ventas se nos fueron a pique. El banco te pide tu carpeta tributaria, de ventas y claro, las ventas han bajado, pero nosotros tenemos la esperanza de que esto pase.

Y que inviertan a largo plazo...

Y cómo vamos a resistir, si los dueños del capital nos niegan el oxígeno.

“La paradoja es que necesitamos una catástrofe para entender el sufrimiento del otro”

Hace pocos días JP Morgan publicó un informe describiendo cuánto puede sobrevivir un negocio sin ingresos. Dio un promedio de 27 días y a los restoranes les dio una media de 16 días aguantando sin flujo de caja. Está basado en EE.UU., pero ¿cuánto aguanta ininterrumpidamente el Liguria sin ingresos?

Somos empresas ordenadas, limpias. No solo el Liguria, el sector nuestro ha sido eficaz, sólido, ha crecido, ha tenido un comportamiento de pago excelente, pero por razones ajenas a nuestro accionar, hemos tenido bajas en el comercio. ¿Y qué vemos en este momento? Que el banco te niega todo. Nadie está pidiendo plata que no se vaya a devolver, como comercio no queremos que se pongan la mano en el bolsillo, queremos que se pongan la mano en el corazón y ayuden a esta industria. Porque lo que no queremos es que el boliche del barrio de la esquina, el bar, el almacén, en seis meses más cierre, quiebre, y aparezca el Ok Market o la cadena de farmacias o la cadena de comida rápida. Contra eso estamos peleando nosotros. Es mantener nuestra historia, nuestra memoria. Necesitamos, entonces, que el gobierno interceda, que haga algo.

¿Y qué puede hacer el gobierno?

A mí no me gustan los subsidios. Nosotros en la Cámara de Comercio de Providencia estimamos que para aguantar entre tres y cuatro meses, pagando los gastos básicos, pagando las imposiciones, si podemos acceder a créditos cercanos al 80% de la venta de un mes, con eso podemos hibernar cuatro meses. Más o menos.

Es difícil ser optimista en este escenario...

La paradoja acá es que parece que necesitamos una catástrofe para entender el sufrimiento del otro a través de nuestro propio sufrimiento. Lo otro, es que unos pocos vamos a tener que ceder mucho, para que muchos tengan más que un poco.

¿A qué te refieres con ceder?

Dejar de tener los privilegios que la elite, o los empresarios más ricos, han tenido durante tanto tiempo. Felipe Lamarca, hace mucho tiempo, dio en el clavo: hay que soltar la teta. Lo dijo y lo escondieron, lo transformaron en paria.

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