Entrevista a Andrew Selee, experto en migración: “La crisis venezolana es comparable a la de Siria”

Andrew Selee, presidente del Migration Policy Institute de Estados Unidos.

Para el presidente del Migration Policy Institute de Estados Unidos, la región “llegó tarde al tema migratorio” y hoy se está pareciendo más al resto del mundo. Las personas que abandonan sus países ya no ven a Europa o Estados Unidos como la única opción, porque hay países de América Latina con economías que también “atraen a los migrantes”. Pero, al margen de ello, insiste en que hay un factor que “cambió todo” en la región: el colapso de Venezuela.




“Una región que por largo tiempo ha sido fuente de emigración, de pronto se enfrenta a movimientos masivos de personas (...) que ponen a prueba las capacidades de otros países latinoamericanos y del Caribe”, escriben Jessica Bolter y Andrew Selee en un reciente estudio del Migration Policy Institute (MPI), donde abordan el actual panorama migratorio regional. Hasta hace poco, los flujos de personas que ingresaban ilegalmente a otro país eran más propios de Estados Unidos o de Europa que de América Latina. Pero, en los últimos años, como dice el estudio, el panorama cambió.

Selee, actual presidente del MPI, lo tiene claro. El autor de Vanishing Frontiers –un alabado libro sobre los procesos migratorios entre Estados Unidos y México- lleva casi dos décadas analizando el tema, primero desde el Wilson Center, donde llegó a ser vicepresidente ejecutivo, y luego a la cabeza del MPI. Según él, “las Américas se están pareciendo cada vez más al resto del mundo” en el tema migratorio, lo que coincide “con una serie de crisis graves”. Sin embargo, para Selee fue el caso venezolano el que “lo cambió todo”.

¿Cómo evalúa la situación migratoria en la región? ¿Es la más grave crisis que ha enfrentado América en las últimas décadas?

El tema es que las Américas llegaron tarde al tema de la migración, porque la gente antes se iba de América Latina. Sin embargo, ahora hay suficiente crecimiento en algunos países que hace que los migrantes también se puedan refugiar en América Latina. Algunas economías de América Latina empiezan a ser economías medias altas, con mucha pobreza, sí, pero con empleo, con oportunidades y eso atrae la migración. Chile, Brasil, México hasta República Dominicana al lado de Haití pueden absorber migración, no todo el mundo tiene que ir a Europa, Estados Unidos o Canadá.

Venezolanos cruzan un puente del río Táchira, para llegar a Colombia en abril de 2019. foto: © UNHCR/Vincent Tremeau

Y ¿en qué medida el caso venezolano lo cambió todo?

Venezuela cambia todo, porque hasta ahora los bolivianos, los dominicanos habían sido flujos más acotados. Lo que cambia el escenario es Venezuela, es el colapso de Venezuela, esa implosión de una de las economías más grandes de Sudamérica que genera un flujo masivo de gente buscando refugio en otras partes de la región. Y el caso de Chile es interesante. Colombia y Brasil se entienden, son dos países vecinos, y generalmente te vas a vivir adonde te queda más cerca. Pero Chile empieza a ser una opción por la capacidad de su economía. Yo sé que para los chilenos la situación está complicada, pero comparado con otras partes del mundo, Chile está muy bien. Lo que ha cambiado es que las aspiraciones hoy en Chile son mayores, las aspiraciones de igualdad, de tener una economía más incluyente, etc. Pero comparado con otros países, Chile se vuelve una fuente de atracción para los venezolanos que tienen los medios para llegar hasta ahí o los lazos familiares. Es un grupo selecto de venezolanos los que llegan hasta Chile. Según las cifras que tenemos, casi la mitad tiene nivel universitario, por ejemplo. Lo cual no quiere decir que no haya de todo, pero tiende a ser un grupo con un poquito más de recursos. No es el grupo masivo que llega a Colombia, es un grupo que tiene los medios para cruzar cuatro países.

Usted plantea en su libro los beneficios de los inmigrantes para los países, pero cuando llegan en cantidades importantes, en un primer momento las economías se resienten. ¿Cómo se logra encontrar un equilibrio?

Eso pasa sobre todo cuando es un shock muy fuerte. A largo plazo las migraciones ayudan a la fuerza laboral y sobre todo si son más altamente calificadas, como la venezolana, generan más recursos de los que quitan, generan desarrollo. Pero a corto plazo es un shock para el mercado laboral, hay gente dispuesta a trabajar por menos que los nativos. Es un shock cultural y es un shock de todo tipo. Es verdad que hay países que no tienen opción. Si eres Colombia al lado de Venezuela o Turquía a lado de Siria, tienes que adaptarte. Tienes que ver cómo lo manejas de la mejor manera, como integras a las personas, porque van a llegar sí o sí. Si eres Chile, o Alemania o Estados Unidos, en cambio, sí tienes opción. Tendemos a pensar en extremos. Tendemos a pensar en abrir las fronteras a todos o en tratar de cerrar las fronteras. Ninguno de los dos caminos funciona. Si abres las fronteras completamente y hay un flujo muy grande, la política no lo soporta y tiende a haber un rebote político en contra. Pero si tratas de cerrar demasiado, la demanda sobrepasa la voluntad política y la gente llega igual, pero de forma irregular. Entonces tienes que ser más sensato. Yo creo que la opción es el punto medio.

¿Cuál es ese punto medio?

No hay receta. Chile fue de una postura de máxima apertura a una de cierre excesivo. Estados Unidos tiende a hacer lo mismo. Los países tienden a hacer eso, van de un extremo a otro. Lo que hay que hacer es construir canales legales. Si no quieres que la gente llegue de forma irregular y sabiendo que hay una gran demanda, la única alternativa es construir canales legales reales y controlar el flujo. En el caso de Chile, por ejemplo, la visa de responsabilidad democrática es la forma correcta, excepto que es demasiado burocrática. Se pide algo que la gente no puede dar. Se crea un canal legal, pero uno que no es para la gente que está llegando, es para otro tipo de gente, la misma gente que probablemente va a ir a Estados Unidos o a España. Hay que ver cómo crear canales legales para algunas de las personas. Esto no quiere decir que hay que dejar entrar a todo el mundo. Esa es mi crítica con Estados Unidos. Fuimos de Trump, que quería cerrar todo, y estamos con Biden, que está dejando pasar a la gente en la frontera. Los haitianos de Chile están llegando porque pueden, porque sus amigos y familiares lograron pasar. La idea es cómo ir creando canales para que algunos puedan llegar a un ritmo que pueda ser absorbido por la política y la economía.

Manifestantes queman pertenencias de migrantes en Iquique. REUTERS

¿Qué ejemplos son interesantes de ver? Se habla del caso colombiano y su Estatuto Temporal de Protección. ¿Es una alternativa?

Todos amamos Colombia y lo que han hecho, porque fueron generosos, pero también inteligentes por su situación. Pero su situación es única. Chile no es Colombia, Chile no está al lado de Venezuela, entonces Chile tiene otras opciones. Colombia no tenía otras opciones. Ahí hasta los caminos irregulares entre Venezuela y Colombia tienen nombre. Un día un oficial de migración en Cúcuta me empezó a nombrar todos los cruces. Le pregunté que me dijera por dónde pasaba la gente y me empezó a dar los nombres. Son históricos. Es por donde la gente se ha movido desde hace 200 años. Chile es distinto. Pero creo que hay principios y desde esos principios hay que ir construyendo la práctica. Un principio es que no es sano para un país tener una población indocumentada grande. Todo país tiene algún nivel de población indocumentada, pero dejar que exista una población indocumentada, sin acceso a derechos, no ayuda a la economía, no ayuda a la democracia y genera una serie de incentivos perversos. Ese es un principio. Todo país puede controlar su frontera, también es un principio, pero si la gente está llegando tienes que abrir algunas puertas. Tienes que crear algunos canales legales. Pero esto es dinámico, tampoco es que puedes fijar un número y decir vamos a dejar entrar 20 mil venezolanos y dos mil haitianos y mil dominicanos, porque de pronto colapsa más Venezuela y tienes que recibir más o de pronto no colapsa Venezuela y no necesitas 20 mil. Tienes que ser un poco más astuto, un poco más dinámico, un poco más adaptable a la realidad. Por ejemplo, en Estados Unidos fijamos todas las cuotas en la ley y no se pueden cambiar. Y parte del sistema tan raro que tenemos se debe a eso. La tentación es poner reglas absolutamente firmes, pero los gobiernos necesitan tener margen para ajustarse a los cambios reales. La migración es muy sana para los países, pero si se genera un nivel de migración que va más allá de lo que la mayoría está dispuesta a aceptar, terminas generando sentimientos antiinmigrantes.

¿Cómo cree que se puede lograr ese equilibrio?

Los gobiernos juegan un papel clave en poner algunas ideas sobre la mesa. No estuve ahí, pero por lo que tengo entendido, lo que alimentó las protestos en Chile fue la percepción de que los migrantes estaban metidos en el crimen. Yo he mirado las estadísticas y la verdad es que los migrantes cometen muy pocos crímenes en Chile, lo cual no quiere decir que haya migrantes que roben para sobrevivir, puede ser, pero en general las estadísticas en Chile muestran que los migrantes son menos propensos al crimen que la población en general, lo que no es cierto, por ejemplo, en Colombia. Es cierto en Chile y Perú, pero no es una ley. Es cierto en Estados Unidos, no es cierto en Inglaterra, en Italia. Depende de los contextos. Yo tengo una teoría sobre eso. Creo que es por la flexibilidad del mercado laboral. En Europa llegas como migrante o refugiado y es muy difícil meterte en el mercado laboral, porque está muy regulado y controlado, pero en América Latina te metes en algún hueco del mercado informal, igual que en Estados Unidos. Aunque presumimos de ser un país de leyes, la verdad es que tenemos un mercado informal enorme. Pregúntale a cualquier jardinero en la ciudad de Washington si tiene un negocio formal. Hay muchas posibilidades para los migrantes de meterse a trabajar. Pero creo que el gobierno sí juega un papel en comunicar que la migración no es peligrosa y que ellos tienen una forma de controlar quién está entrando al país. Cuando se percibe que la gente está entrando ilegalmente se genera una percepción de ilegalidad, de criminalidad, de quebrar la ley, aunque no es realmente cierto. Es cierto en el tema de la entrada al país, pero no el comportamiento de la gente.

Usted habló de la crisis venezolana. ¿Es la mayor crisis migratoria que ha vivido la región?

Sí, es la crisis más grande que hemos vivido en la región, sin duda. Es comparable en tamaño a Siria, aunque las causas son diferentes. Las causas en Venezuela son una mezcla entre persecución política, hambre y caída del nivel de vida. Es de los pocos casos en el mundo moderno de una sociedad más o menos desarrollada que colapsó a la vista de los vecinos, a plena vista del mundo. Es diferente, por ejemplo, del caso de Guatemala. Ahí están igual o un poco mejor que hace 20 años, lo que pasa es que tienen más acceso a la migración. Tienen las redes hechas para poder aspirar a llegar a EE.UU.

La migración genera entonces más migración...

Sí, la migración va generando más migración. El caso chileno es prueba de ello en especial en el caso venezolano. La gente llega donde tiene algún contacto, donde tiene alguien que les va a ayudar. Sí, la migración genera más migración y eso es importante entenderlo, porque no se va a parar. El asunto es cómo la vas encauzando.

La mayoría de los migrantes venezolanos afectados con la orden de expulsión ya había sido deportada el pasado 10 de febrero.

¿Se justifica que en el caso de los venezolanos los migrantes gocen de la condición de refugiados, como algunos han propuesto?

En México y Brasil ya se reconoce a todo venezolano que aplica para el asilo como refugiado y se hace porque hay un quiebre del orden del país y una violencia generalizada. No se requiere que un venezolano pruebe que fue objeto de persecución individual. Muchos lo son, muchos se van por persecución directa, pero para la mayoría su situación es derivada del conflicto político, no hay un ataque directo, pero algunos países por su legislación permiten que cualquier venezolano sea considerado refugiado. Otros países, como Colombia, Ecuador y Perú no ha hecho eso, sí han hecho regularizaciones masivas de venezolanos. Hay muchos países que han regularizado a los venezolanos, pero no por la vía del refugio. Yo creo que hay un argumento claro en la Declaración de Cartagena, que ha sido el estándar del refugio en algunos países de América Latina, pero obviamente lo que importa es la legislación de cada país. Se puede argumentar que los venezolanos son objeto de una violencia generalizada por un régimen corrupto que arremete contra los que se oponen al sistema, pero no todos los países han tomado ese camino. Creo que hay miedo en muchos países de asumir que cualquier venezolano puede ser refugiado, porque podría implicar en algún momento la llegada de cientos de miles de personas.

Pero ¿cree que es un mejor camino o no?

Yo soy un poco contrario a mucha gente en este campo. Muchos analistas y académicos han argumentado que sería mejor que todos fueran declarados refugiados. Tiene una ventaja que es que no pueden ser regresados a su país, lo cual es una gran ventaja, te da un poco de seguridad. Yo soy un poco contrario, porque el hecho que los países en América Latina hayan acogido a los venezolanos como migrantes y no como refugiados les da más dignidad. Hay una noción asociada a los refugiados que es la idea de que son casos de caridad. No debería ser así, pero tiende a haber esa connotación. Entrar como migrantes les permite integrarse a la sociedad de forma más orgánica

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