La voz de la comuna: el alza de las consultas ciudadanas

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El cómo queremos vivir dejó ser un acuerdo cerrado que involucra exclusivamente a ingenieros, arquitectos, políticos y otras personalidades. Consultas y plebiscitos parecen guiar cada vez más la ruta de las ciudades. Pero ¿Cuál es la mejor forma de implementarlos?




Cada vez son más las plataformas que permiten la libre expresión. Redes sociales como Twitter, Facebook, Instagram y tantas otras, ocupan un importante lugar en la vida de las personas que tienen interés por ser parte de diversos debates. Dicha motivación por participar se ha extrapolado con fuerza a la vida cotidiana, por ejemplo, a través de las consultas ciudadanas que le permiten a cada residente ser parte de las decisiones que afectan directamente a su entorno.

Carlos Aguirre, director de la Escuela de Construcción Civil de la Universidad de Las Américas, expresa que “si bien el orden jurídico histórico siempre ha permitido la participación mediante grupos organizados desde el territorio, como juntas de vecinos, gremios locales o grupos de representación política, como partidos, representantes y agrupaciones profesionales, debido al impacto de estos procesos, siempre se han generado cuestionamientos sobre su resolución”.

En respuesta a dicho problema, expresa el académico, llegan las consultas ciudadanas cuya clave es que sean “muy bien explicadas, en especial por las complejidades de los impactos que tienen algunos proyectos urbanos o territoriales”. Esto implica que cada participante entienda los pro y los contra por los que se vota.

Diseño participativo

Actualmente existen dos instancias principales bajo las cuales los miembros de una ciudad pueden involucrarse de manera directa en las decisiones que buscan cambiar el plano de una ciudad: las consultas y los plebiscitos.

Iván Poduje, socio de la oficina de estudios urbanos Atisba señala que estos procesos de recolección de ideas son claves para poder definir el rumbo hacia donde necesita ir una comuna. “Las reuniones de Diseño Participativo no son solo para aprobar o rechazar algo, sino que sirven para consultar alternativas, incorporar ideas y llegar a consensos, que es lo verdaderamente importante”.

Por supuesto, estas reuniones hasta antes de la pandemia, se realizaban de manera presencial por varios motivos: primero, para facilitar el diálogo entre todos los involucrados -organizaciones públicas, privadas y la ciudadanía-, para ver con mapas y maquetas que es lo que se propone y finalmente para llegar a un consenso. Algo que en la coyuntura actual claramente no es posible de hacer por lo que cabe pensar que la solución final será la de realizar estas reuniones por Internet, lo que divide a los especialistas.

En esa lógica, dice Aguirre, la digitalización de estas decisiones puede ser un aporte significativo para tener una democracia más representativa y rápida, “sin embargo, para que sea una opción vinculante, se requiere de un diseño muy cuidado y de un proceso de decisión donde se valore lo colectivo y no lo individual.

En esto concuerda Patricio Ibáñez, gerente de Outsourcing de Aplicaciones (AO) de Adexus, quien detalla que la habilitación de plataformas digitales son un incentivo para la participación de la ciudadanía, pero eso no es suficiente. Según comenta, “se requiere que las respuestas hacia los usuarios que hacen uso de estas herramientas sean claras, oportunas, fidedignas y transparentes. Para ello, se necesita que las instituciones tengan procesos y operaciones capaces de satisfacer esta nueva forma de interacción y desarrollar cultura tanto interna como hacia los ciudadanos basado en un modelo de e-Estado”.

Poduje, en cambio, es más escéptico con la llegada de lo digital, ya que, en su experiencia, los diálogos presenciales son mucho más ricos que la participación digital, que al expresarse en formatos de encuestas tienden a ser más polarizantes.

Además, considera que digitalizar todo el proceso de las consultas ciudadanas podría ir en contra de su propia riqueza de experiencias. “Se generan barreras socioeconómicas, sobre todo hoy, cuando las personas más afectadas por la pandemia no son las que tienen acceso a tecnologías para participar en estos procesos digitales”, explica.

Patricio Ibañez señala que el aporte digital es mucho más efectivo en acciones simples, como denuncias online de un hoyo en la calle, un semáforo no funcionando, un vehículo mal estacionado, o también para la realización de plebiscitos.

Participación polarizante

Por supuesto, son los plebiscitos o consultas vinculantes las que finalmente generan mayor atención en la ciudadanía ya que suelen estar vinculadas a una toma de decisiones, además de generar grandes eventos noticiosos alrededor de ellas

El año pasado, por ejemplo, se realizó una consulta ciudadana online y presencial que duró aproximadamente nueve horas. En ella participaron los vecinos de Las Condes, La Reina y Providencia, quienes determinaron con el 72,5% de los votos rechazar la construcción de una laguna cristalina en el Parque Padre Hurtado. En el proceso participaron 77.812 personas, de las cuales 56.420 prefirieron mejorar el parque con una inversión de 3.200 millones de pesos los cuales son utilizados para reforestarlo y mantenerlo como el segundo pulmón verde más grande de Santiago.

Una experiencia similar se vivió en Viña del Mar, cuando a través de una consulta ciudadanatotalmente electrónica organizada por 29 municipios, la cual fue aprovechada por las autoridades viñamarinas para preguntar sobre el futuro de uno de los emblemas de la ciudad: las victorias. Finalmente fueron 52.893 vecinos quienes optaron por rechazar la circulación de los coches victoria, lo que finalmente se concretó en el mes de marzo.

Una ruta que según Iván Poduje, debiese ser utilizada solo como último recurso. “El problema de los plebiscitos es que siempre preguntan si se quiere hacer algo o no, y la primera reacción de la gente es que no, que no es necesario el cambio”. Esta mentalidad de encuesta impide que se incorporen ideas, que a su juicio es la mayor riqueza de estos procesos participativos, que en su definición debiesen ser amplios, oportunos e informados.

¿Qué queda por corregir?

El desafío, en este caso, parece ser mucho más grande de lo que se piensa. La digitalización de las consultas ciudadanas parecieran ser el camino a seguir, sobre todo en contexto de pandemia, pero vincularlas solo a votaciones específicas significaría un retroceso en la calidad de la participación ciudadana.

En este sentido, pareciera ser que el desafío de incentivar la participación ciudadana a través de plataformas digitales es más sencillo en el entorno de los privados que en el sector público, ya que este último debe someterse a cambios a nivel legislativo para modernizar sus procesos y apoyarse en nuevas herramientas tecnológicas.

Es por ello, que a pesar de que hace varios años el Estado viene desarrollando un proceso de modernización y tiene iniciativas concretas dentro de su agenda digital, estas, según Ibáñez, “no han mostrado los avances esperados tanto en tiempo como en proyectos concretos. En los últimos años han proliferados las oficinas virtuales para trámites sencillos como la emisión de certificados, pero aún, por ejemplo, no se puede renovar una cédula de identidad a pesar de que la tecnología disponible puede suplir el acto de huella digital en forma física”.

Otra de las implementaciones que aún no ha hecho su paso al mundo digital es el de la Dirección de Obras Municipales, cuyo proyecto de DOM en línea se viene trabajando desde el año 2017. Los trámites de la Dirección de Obras siguen siendo exclusivamente de tramitación presencial, lo cual genera una gran carga de trabajo para los municipios.

Desde el año pasado se están comenzando a implementar las primeras marchas blancas del sistema en comunas como Casablanca, San Antonio, Los Angeles y Coronel, pero aún no está disponible de forma masiva, lo que se ha notado sobre todo durante la pandemia. Se espera que el DOM En Línea reduzca en un 86% el tiempo de espera de estos trámites, ventajas que son las que finalmente logran que se termine optando por sistemas digitales por sobre los presenciales.

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