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El regreso en gloria y majestad del cotelé

Esta tela propia del invierno, que estuvo en retirada en temporadas anteriores, volvió a aparecer en pasarelas, vitrinas y por supuesto, en el street style. Su regreso, sin embargo, no responde a razones sólo utilitarias o estéticas. Para la diseñadora Gabriela Beaumont, académica del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello, tiene que ver con que “la moda está pasando por una vuelta a lo tradicional”.

Foto: Dion Martins / UNSPLASH.

Funcionalidad, memoria y textura son tres conceptos que han asegurado la permanencia del cotelé en los guardarropas sin importar la época. Es resistente y abriga, pero, sobre todo, evoca una nostalgia que cada generación puede resignificar.

Esa es una de las razones por la cual hoy tenemos esta tela de vuelta, de la mano de las fashionistas y las influencers de redes sociales, cuenta Gabriela Beaumont, diseñadora y académica de Diseño de Vestuario y Textil, del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello (UNAB).

“Es una tela que los chicos más jóvenes no conocían tanto”, explica Beaumont. “Fue muy popular en los setenta, después tuvo un revival en los noventa y dos mil, y ahora se empezó a ver de nuevo, sobre todo en TikTok”.

la sensación es: si nos vestimos bien, proyectamos que somos personas más serias, más seguras y más confiables”, explica Gabriela Beaumont, académica de Diseño y Vestuario de la UNAB.

El fenómeno, añade, está estrechamente ligado al auge de la ropa usada y de los mercados de segunda mano. “Hay mucha prenda de cotelé, incluso de grandes diseñadores, que empezó a reaparecer en estos espacios, y los jóvenes la encontraron novedosa”.

Sin embargo, su revival no se explica sólo por el algoritmo. “En épocas donde ganan las políticas más tradicionales, donde la sensación de inseguridad es algo que se está hablando en los medios de comunicación, la gente se pone un poco más temerosa y se empieza a acercar a lo tradicional. Por eso aparecen estas modas más clásicas, porque la sensación es: si nos vestimos bien, proyectamos que somos personas más serias, más seguras y más confiables”, explica Gabriela Beaumont.

“Estamos en época de incertidumbre. Nos vamos a sentir más seguros, más empaquetados, más cubiertos y psicológicamente más controlados”, dice.

¿Cómo se manifiesta esto? Con el surgimiento de modas y estéticas como el old money, que es parecer un millonario clásico. La diseñadora precisa: “Cuando tú ves a la persona, está vestida de una manera en que ostenta un estatus social”.

Chaqueta a cuadros, pantalones con pinzas, pañuelos y telas nobles forman parte de la tendencia. “Es como la gente que va al polo o al golf. Se ven evidentemente ricos, pero no de modo ostentoso como las Kardashians, que andan con mucho escote, muy apretadas, con la mini muy corta”, aclara. Al calzar con ese imaginario clásico, el cotelé está en pleno revival.

Un textil con historia

El cotelé es fácil de reconocer por su acanalado. Estas líneas, originadas por la forma en que se construye el tejido, le dan su textura característica y la hacen muy abrigadora, ideal para otoño o invierno.

“El cotelé fue una tela creada para la clase trabajadora, porque es pesada, duradera, abrigadora. En el fondo es una tela súper fiel”, afirma Gabriela Beaumont, quien lo compara con el denim o mezclilla en durabilidad.

“Pasan los años a través de ella y no se daña porque es muy resistente. Tiene muy buena vida”, resalta la académica. Eso explica que perdure en tiendas de ropa de segunda mano. “Cuando uno encuentra pantalones o chaquetas de cotelé en la ropa usada, en general están casi intactos”.

Pero el cotelé que usaron nuestros padres o abuelos no es el mismo que se comercializa hoy. “Ese probablemente haya venido de algodón orgánico y natural; sin embargo, en los últimos 20 años la industria textil ha estado muy intervenida genéticamente con productos químicos que hacen que el algodón crezca rápido”, dice la académica UNAB.

El cotelé es fácil de reconocer por su acanalado. Estas líneas, originadas por la forma en que se construye el tejido, le dan su textura característica y la hacen muy abrigadora, ideal para otoño o invierno. Foto: David Todd McCarty, UNSPLASH.

“Claramente en las telas actuales, sobre todo en la industria del fast fashion, que es todo lo que vende Zara o H&M, no podemos esperar que la calidad sea alta, que tengan certificación orgánica y que vengan de una confección amigable con el medio ambiente. Eso es imposible. En textura o look pueden parecer igual, pero su calidad orgánica de composición sin duda es diferente”, sentencia Beaumont.

Trajes de cotelé

La tendencia que llega de la mano del retail está marcada por colores terracota, rojos, tierra y tonos oscuros. “En cuanto a los cortes, están muy de moda los ternos femeninos, sobre todo. Es decir, combinar el pantalón de cotelé con la chaqueta de cotelé del mismo tono”, indica Gabriela.

“Eso se está viendo mucho, sobre todo en esos looks más semi formales por los que la gente joven está optando. Tú ves chicas súper jóvenes, de 20 años, con ese peinado con partidura al medio, un tomate atrás con mucho gel, con una chaqueta y un pantalón a tono y una blusa blanca. Algo que a los 20 años en nuestras generaciones era absolutamente imposible, impensado”, afirma la académica UNAB.

Diseño de Christopher Esber para la temporada invierno 2025-2026 en Europa.

“Hoy en día las generaciones jóvenes se están vistiendo como adultas. Eso se puede ver también en Zara, por ejemplo. Las colecciones, los estilos… en otra época los habríamos llamado ‘aseñorados’. El traje que parezca sastre, el pantalón que sea como de terno”.

Esta moda también se acomoda al regreso del cotelé. Gabriela Beaumont profundiza: “En el caso del cotelé reutilizado, vintage, me parece muy bien que se recuperen productos que por mucho tiempo nadie miró y ahora se vuelven un producto apreciado”.

La académica y diseñadora es impulsora del upcycling, que permite que las prendas tengan una segunda vida a través de su transformación. “Se está usando mucho revivir las prendas, sacar las prendas antiguas. Hoy en día es muy sustentable”.

Hay que reusar, comprar de segunda mano, o revisar el clóset de nuestros padres o abuelos. Gabriela Beaumont recomienda: “Si encuentras un pantalón de cotelé con pinzas que era de tu abuela o de tu mamá y ya no se usan las pinzas, te puedes gastar entre $5 mil o $10 mil en una costurera de barrio y vas a recuperar un pantalón con una pequeña inversión, de una tela de buena calidad”.

Sustentabilidad versus lanzamientos semanales

Tanto el cotelé vintage como el del retail dan cuenta de los dos polos que tensionan la industria textil, la segunda más contaminante después del petróleo.

“Tenemos la moda sustentable, que es marcas y diseñadores emergentes, marcas de lujo, gente que tiene un poco más de pensamiento a futuro y más cultura. Que se ha dado cuenta de la problemática y de que hay gente más joven que sí se está preocupando de dónde vienen los productos. En la universidad hago clases de vestuario y transversalmente hablamos de sustentabilidad durante toda la carrera”, explica la académica de Diseño UNAB.

"El retail de fast fashion, que hoy en día tiene más de 56 lanzamientos al año. Eso significa que hay un estreno aproximado por semana. ¿Dónde queda esa ropa cuando se deja de usar? En algún vertedero en el desierto de Atacama", dice Gabriela Beaumont. Foto: REUTERS.

“También está el retail de fast fashion, que hoy en día tiene más de 56 lanzamientos al año. Eso significa que hay un estreno aproximado por semana. Entonces, es fantástico que el cotelé haya vuelto; es una tela que tiene estilo, buena caída, ondas durables”, sentencia.

“Pero probablemente en uno o dos meses más, cuando en Chile pase la temporada de invierno, va a ser una tela olvidada. La verdad es que las tendencias están pasando muy rápidamente”, comenta.

Como hay tantas colecciones, se produce el fenómeno de las fashion victims, que alimentan las tendencias durante su breve ciclo vital. La gente ve en redes sociales el cotelé y salen todas a comprárselo. Después, lo dejan botado”, dice Gabriela Beaumont.

¿Qué pasa con esa ropa? “Vemos lo que está pasando en el desierto de Atacama, donde hay cerros de ropa abandonada. Porque independiente de cómo llegaron ahí, una persona la compró, lo que significa que la gente está comprando más ropa de la que realmente necesita”, señala.

“Y estamos comprando ropa de muy mala calidad por la misma razón ¿Para qué voy a hacer un cotelé de mejor algodón. No vale la pena porque en dos meses, ya nadie lo va a querer”, agrega.

“El mensaje es comprar ropa de buena calidad que vaya más allá de las tendencias. Si ahora me compro algo de cotelé, ojalá que sea algo de buena calidad y lo compre pensando que lo voy a usar hasta que ya lo dé de baja. O sea, porque está antiguo, porque ya lo usé mucho, no porque ya no es la moda del momento”, concluye.

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