Por Cristóbal BleyDistrito Vicuña: las oportunidades para Chile del megaproyecto fronterizo que une Atacama con San Juan
En 2030 comenzarían las operaciones en esta zona cordillerana podría convertirse en una de las mayores productoras de cobre, oro y plata del mundo. Aunque las mayores faenas estarán del lado trasandino, la industria minera nacional tiene mucho que aportar en ingeniería, tecnología, desalación y capital humano especializado.

En la alta cordillera de la Región de Atacama, a 170 kilómetros de Copiapó y a casi de cinco mil metros de altura, donde no parece haber más que rocas, nieve y mucho cielo, se encuentra el denominado Distrito Vicuña, una zona hostil pero que esconde una de las mayores riquezas minerales del mundo.
Justo en la frontera entre Chile y Argentina, son 150 kilómetros cuadrados que podrían generar, según las últimas estimaciones, 400 mil toneladas de cobre anuales, con reservas de 38 millones de toneladas en total. Para hacerse una idea, Chile produce 5,5 millones en un año. También destacan las 81 millones de onzas de oro y más de mil millones de onzas de plata.
Los principales activos, eso sí, se encuentran en la provincia argentina de San Juan. Se trata de los futuros yacimientos Josemaría y Filo del Sol, aún en etapa de preconstrucción, que se explotarán como minas a rajo abierto. “La entrada en operación de Josemaría está prevista, como mínimo, para el 2030”, dice Martín Muñoz, analista del mercado de minerales de la consultora Plusmining.

Los controladores del Distrito Vicuña son BHP y Lundin Mining, cada una con una participación del 50%. Lundin ya está presente en la zona con la mina Caserones, que forma parte del distrito y la única que ya está siendo explotada: en 2023 produjo 120 mil toneladas de cobre concentrado.
Aunque la mayor parte de las riquezas están del lado argentino, este inmenso proyecto también representa una gran oportunidad para la industria minera chilena, incluyendo el gran ecosistema de proveedores, tecnología y capital humano especializado.
Transporte, agua y logística
El know-how chileno enciende las aspiraciones de diversas empresas nacionales para convertirse en socios estratégicos del proyecto. No solo por las eventuales faenas que puedan explotarse en suelo chileno —como Ángela, muy cerca de Caserones, y Los Helados, 17 kms al sur, que contaría con más de 8 millones de toneladas de cobre—, sino también por la logística e infraestructura que puede ofrecer nuestro país.
38 millones de toneladas de cobre tiene de reserva el Distrito Vicuña
La distancia entre el Distrito Vicuña, incluso desde el lado trasandino, y los puertos chilenos, como Caldera, es seis veces menor que la existente hacia el puerto de Rosario, el terminal argentino más cercano. Y los caminos chilenos ya están construidos hasta Caserones, donde además existe la infraestructura de tuberías que permiten trasladar los concentrados. Todo eso reduce costos, impacto ambiental y riesgos operacionales.
“El proyecto, dadas sus magnitudes, necesitará movilizar muchas toneladas de mineral, además de grandes cantidades de agua y energía. Para que pueda ver la luz, esa logística tendrá que ser a través de Chile”, explica Dominique Viera, presidenta de la Asociación de Proveedores Industriales de la Minería (Aprimin).
El agua desalada, justamente, esencial para la sostenibilidad de los proyectos mineros, es otro aporte estratégico que puede entregar Chile al Distrito Vicuña. Cinco de estas plantas están en Atacama y otras cuatro en proceso de construcción. “En sus fases iniciales, debido a su menor escala, Josemaría podría operar de manera independiente, utilizando agua continental y transportando concentrados en camiones”, explica el analista de Plusmining. Pero cuando llegue el momento de Filo del Sol, de mayor escala, la infraestructura y logística chilenas serán cruciales.

¿Y qué oportunidades se presentan para los profesionales de la minería en Chile? Desde Argentina se busca que la mayor parte de los contratistas provengan de ese país. Para la Aprimin, lo ideal es tener una estrategia conjunta con los proveedores argentinos, “hacer asociaciones, capacitar a las personas. Porque no van a dar abasto sin los trabajadores ni los proveedores chilenos para abordar ambos mercados”. El ánimo, dice Viera, no es competitivo sino colaborativo.
Los perfiles requeridos serán variados, como ingenieros de procesos y expertos en plantas concentradoras, así como ingenieros civiles con experiencia en infraestructura de ductos y sistemas hídricos. Cuando llegue el momento de explotar los óxidos superficiales en Filo del Sol se necesitarán especialistas en hidrometalurgia y lixiviación, que en Chile hay y de muy alta capacidad.
Lo mismo ocurre con los proveedores. “Nosotros tenemos players de nivel mundial”, agrega Viera. “Todos los proveedores chilenos tienen oportunidad. Pero como estamos hablando a nivel proyecto, quienes primero tendrán que apoyar serán las empresas de ingeniería y construcción de gran escala (las llamadas epecistas), así como las que entreguen la maquinaria y la tecnología para llevar a cabo esos proyectos”.
También serán esenciales las proveedoras de soluciones de desalación y operación de plantas, y en especial “los operadores portuarios y de transporte terrestre, indispensables para la exportación de concentrados”, agrega Muñoz.
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